10/10/2026
Génesis presenta un movimiento deliberado: de lo desordenado a lo ordenado, de lo inhabitable a lo habitable, de la ausencia de función a un mundo donde cada elemento recibe lugar, propósito y responsabilidad. Dios no combate contra el caos para conquistar su trono; Él habla como Rey soberano, y por medio de su palabra establece límites, funciones y vida.
Pero la narrativa no termina con la creación. Su punto culminante es el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios y colocado dentro de ese mundo ordenado para representarlo. Por eso, Beresh*t también es una invitación: Dios establece el orden, pero llama al ser humano a participar en él.
Desde esta perspectiva, el pecado puede entenderse como algo más profundo que quebrantar una regla: es una rebelión contra el orden divino. Cuando el ser humano abandona su función, el caos vuelve a penetrar el espacio que Dios había ordenado. Esta dinámica orden, rebelión, caos y restauración se convertirá en uno de los grandes patrones que recorrerán toda la narrativa bíblica.
Parashat Beresh*t nos confronta entonces con una pregunta:
Si fuimos creados para representar a Dios dentro de su creación, ¿estamos contribuyendo al orden que Él estableció o reproduciendo el caos del que Él nos llamó a salir?
Beresh*t no es solamente la historia del principio. Es una invitación a ocupar nuestro lugar dentro del orden de Dios.
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