Llamada Final Richland

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Llamada Final Richland “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,”
‭‭2 TIMOTEO‬ ‭3‬:‭16‬ ‭RVR1960‬‬

10/26/2026

LA PAZ SOLO LLEGA CON EL PERDÓN

Texto base: Efesios 4:31-32

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”

Introducción

¿Cuántas personas viven amargadas, frustradas y cansadas de pelear y batallar, buscando una paz que nunca consiguen encontrar?

Hay hogares donde se perdió la tranquilidad; matrimonios donde las palabras se convirtieron en armas; familias donde los resentimientos han levantado muros, y corazones que, aunque sonríen por fuera, por dentro siguen sufriendo por las heridas del pasado.

Hay personas que llevan años luchando por tener paz en su casa, paz en sus relaciones y paz en su propio corazón. Sin embargo, cuanto más pelean, más se desgastan; cuanto más discuten, más se lastiman, y cuanto más intentan demostrar quién tiene la razón, más lejos parecen estar de la tranquilidad que tanto desean.

Pero ¿será posible encontrar paz cuando todavía estamos abrazando aquello que nos lastimó?

Muchas veces queremos que cambien las personas que nos hirieron, que reconozcan sus errores, que nos pidan perdón y que nos den una explicación. Y mientras esperamos que eso suceda, dejamos nuestra paz en manos de quienes nos hicieron daño.

Sin darnos cuenta, seguimos viviendo atados a una ofensa que ocurrió ayer, permitiendo que continúe afectando nuestro presente.

Pero Dios nos muestra otro camino: el camino del perdón.

El perdón no significa que lo que nos hicieron estuvo bien. Tampoco significa que debamos negar nuestro dolor o permitir que alguien siga haciéndonos daño. Perdonar significa dejar de alimentar el resentimiento y entregar a Dios aquello que ya no queremos seguir cargando.

Porque mientras la herida siga gobernando nuestro corazón, será difícil disfrutar plenamente de la paz que Dios quiere producir en nosotros.

Quizás hoy necesitamos dejar de preguntarnos solamente: “¿Por qué me hicieron esto?”, y comenzar a preguntarnos: “Señor, ¿qué necesitas sanar en mi corazón para que yo pueda volver a vivir en paz?”

Porque hay batallas que no se ganan consiguiendo que el otro pierda, sino permitiendo que Dios sane nuestro corazón.

Y hay cargas que no se sueltan peleando más, sino aprendiendo a perdonar.

10/25/2026

La justificación

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Corazón encaminada

10/18/2026
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10/13/2026

Sáname, Señor: el valor de reconocer nuestra necesidad

“Sáname, oh SEÑOR, y seré sanado; sálvame y seré salvo, porque tú eres mi alabanza.”
Jeremías 17:14 (LBLA)

Hay algo muy interesante en esta oración: quien pide sanidad es Jeremías, un profeta de Dios. Esto nos recuerda que ser hombres y mujeres de fe no significa que nunca necesitaremos ser restaurados. Aun quienes sirven al Señor, oran y conocen su palabra, atraviesan momentos en los que necesitan acudir a Él y reconocer su propia necesidad.

Sin embargo, vivimos en una sociedad donde muchas veces admitir que estamos heridos, que necesitamos ayuda o que no podemos solos se considera una señal de debilidad. Pero ¿desde cuándo reconocer nuestra necesidad se convirtió en motivo de vergüenza?

A veces sonreímos por fuera, mientras por dentro cargamos heridas, tristezas y necesidades que nos impiden sonreír verdaderamente. Y en lugar de reconocerlas, las escondemos detrás del orgullo, la prepotencia o una apariencia de fortaleza.

Pero el orgullo no sana las heridas, la prepotencia no restaura el corazón y aparentar fortaleza no significa estar sanos. No podemos comenzar a tratar una herida que nos empeñamos en negar.

Dios mismo sabe hacer a de esta necesidad por lo cual envió a Jesús para que seamos sanados (Lucas 4:18). “EL ESPÍRITU DEL SEÑOR ESTÁ SOBRE MÍ, PORQUE ME HA UNGIDO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES. ME HA ENVIADO PARA PROCLAMAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, Y LA RECUPERACIÓN DE LA VISTA A LOS CIEGOS; PARA PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS;”
‭‭Lucas‬ ‭4‬:‭18‬ ‭LBLA‬‬

Por eso, reconocer que necesitamos sanidad no nos hace menos valiosos ni significa que nos falte fe. Al contrario, puede ser el primer paso para acercarnos humildemente a Dios y permitir que Él trabaje en nuestro interior.

Jeremías no escondió su necesidad; la convirtió en una oración. Y nosotros también podemos hacerlo: «Señor, necesito que me sanes, no solamente por fuera, sino también por dentro. Sana lo que me duele, transforma lo que necesita cambiar y ayúdame a reconocer aquello que mi orgullo no me ha permitido enfrentar».

Porque la verdadera fortaleza no consiste en demostrar que nunca necesitamos ayuda, sino en tener la humildad de reconocer cuándo la necesitamos.

Hoy no tengamos miedo de decir: «Sáname, Señor». Porque Dios puede restaurar tanto lo que se ve por fuera como lo que está quebrantado en lo más profundo del corazón.

Amén.

10/11/2026

Jeremías

10/04/2026
“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás...
09/23/2026

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.”
‭‭SAN JUAN‬ ‭6‬:‭35‬ ‭

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