14/10/2026
EL TRÁGICO FINAL DE LOS MARINEROS DEL CABO SAN AGUSTÍN EN LOS GULAGS RUSOS
Somos Mar
Han pasado casi 90 años desde que se puso fin a la Guerra Civil española, pero a pesar del tiempo transcurrido todavía quedan muchas sombras sobre lo que sucedió a partir entonces con numerosos vecinos de la comarca de Barbanza. Uno de los capítulos incompletos tiene relación con los tripulantes del Cabo San Agustín, un mercante que fue enviado a Odesa por el Gobierno republicano español para recoger un cargamento de material bélico y víveres procedentes de la antigua Unión Soviética y estando allí les pilló el final del conflicto militar español. Ese viaje sería el último para algunos de ellos, que fueron encerrados en campos de concentraciones rusos — conocidos como gulags— y acabaron falleciendo.
Ricardo Pérez Fernández fue uno de esos marineros de A Pobra que nunca pudo regresar con su familia. Su bisnieto Brais Pérez (Gondomar, 2010) ha querido sacar ahora a la luz su historia y la de muchos otros de sus compañeros, «porque no existe mucha información de lo sucedido. Hay algunos reportajes sobre los supervivientes, pero los datos son contradictorios, y me costó bastante conseguir información veraz».
La idea de ponerse a rebuscar en el pasado familiar surgió cuando tuvo que presentar un trabajo en el instituto —cursa cuarto curso de la ESO— para la materia de Proxecto Competencial. La profesora desconocía la historia de estos tripulantes del Cabo San Agustín y animó a Brais a investigar qué ocurrió, «e incluso me dijo que era un tema muy interesante para hacer una tesis algún día», apunta el joven, que logró la máxima calificación con su trabajo.
Tras varias semanas buscando datos, Brais Pérez descubrió que una vez que los marineros republicanos llegaron a Rusia, Stalin les dio la opción de elegir: o volver a la España de Franco donde seguramente serían encarcelados o algo peor, o quedarse allí. Aunque la mayoría optó por arriesgarse y quiso volver a Galicia, «lo que pasó realmente fue que los encerraron en los gulags y durante más de una década estuvieron trabajando como esclavos en los campos dispersos por la estepa rusa»
Entre ellos estaba su bisabuelo, pero también había vecinos de Ribeira, Ferrol, Viveiro, Pontedeume, Pontevedra, A Coruña, Bueu, Mugardos, Catoira o Vilagarcía; «y, por ironías del destino, estos republicanos acabaron compartiendo barracones, piojos, enfermedades, hambre y mucho frío con los soldados de la División Azul. Allí no había ni fascistas ni comunistas, solo españoles intentando sobrevivir», recuerda Brais.
Quince años de calvario
No fue hasta 1954 cuando después de muchas negociaciones entre los gobiernos español y ruso 286 supervivientes regresaron al puerto de Barcelona a bordo del Semíramis. El 12 % de ellos eran gallegos «y tras desembarcar en España y realizar los primeros reconocimientos médicos, tuvieron que sufrir los interrogatorios de la policía franquista, que desconfiaban de que los hubiesen adoctrinado».
Entre estos vecinos repatriados no se encontraba su bisabuelo Ricardo Pérez, que desgraciadamente había fallecido en 1949, «de hambre y de las palizas de los soldados rusos». Durante toda la etapa de cautiverio, su bisabuela solo recibió en A Pobra dos cartas oficiales: en la primera le pedían información sobre su marido y los compañeros apresados en Rusia, y en la segunda le comunicaban el triste desenlace.
Brais Pérez confiesa que fue gracias a un amigo de Ricardo Pérez cómo se enteraron de lo que realmente le ocurrió: «Un día al entrar un soldado mi bisabuelo no se puso en pie de la litera. Lo tiraron y le dieron una paliza de la que no pudo recuperarse bien. Otro día, cuando aún no se había recuperado, encontró una patata y la fue a coger, y un soldado le dio con la culata de su arma y lo mató».
Fue enterrado en una fosa común sin poder regresar a su casa y dejando desolada a su familia. Para su bisnieto esta historia trágica debe servir "para tomarlo como un aprendizaje, como un ejemplo para los gobiernos de lo que no tiene que volver a ocurrir nunca más"