10/23/2026
La condena que estaba dictada para nosotros, Jesucristo la enfrentó en la cruz. Él llevó sobre sí nuestro pecado y pagó el precio que nosotros no podíamos pagar.
Ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1), porque su sacrificio nos abrió el camino a la reconciliación con el Padre.
Pero aunque la condena fue vencida en la cruz, nuestro sacerdocio todavía no ha terminado. Ahora somos llamados a vivir para Él, a interceder, a servir, a permanecer en santidad y a presentar nuestras vidas como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (Romanos 12:1).
Jesús consumó la obra de la redención, pero nosotros seguimos teniendo una asignación: ser luz en medio de las tinieblas, anunciar sus virtudes y vivir como un pueblo apartado para Él.❤️