21/10/2026
El pasado 18 de octubre se celebró el Día Mundial de la Menopausia.
Durante generaciones, la menopausia fue un tabú. Algo de lo que apenas se hablaba, que muchas mujeres vivían en silencio, entre síntomas incomprendidos, vergüenza y resignación.
Hoy, afortunadamente, las cosas están cambiando. La menopausia está en boca de todas. Se habla de ella en los medios, en las redes sociales, en congresos y en conversaciones cotidianas. Y celebramos que por fin se hable. Pero nos preocupa cómo se está hablando.
Porque entre la información rigurosa también proliferan los mensajes sin fundamento científico, las soluciones milagrosas y un mercado creciente que parece haber descubierto un nuevo negocio en esta etapa de la vida de las mujeres.
La menopausia no es una enfermedad. Tampoco todas las mujeres la vivimos igual. Pero sus síntomas pueden afectar profundamente a la salud, al descanso, al trabajo, a las relaciones y a nuestra calidad de vida.
Y mientras hablamos de visibilidad y bienestar, en España muchas mujeres están recorriendo farmacias buscando medicamentos que necesitan y que no encuentran.
Los problemas de suministro de tratamientos hormonales son una realidad reconocida oficialmente. Y algunas alternativas disponibles no están financiadas por el sistema público, obligando a asumir costes que no todas las mujeres pueden permitirse.
Desde la Asociación Consuelo Berges reivindicamos una atención sanitaria con perspectiva de género, profesionales formados, información científica accesible, tratamientos disponibles y una financiación pública que no deje a ninguna mujer atrás.
No todas necesitamos medicación. Pero quienes la necesitan deben poder acceder a ella.
Hemos tardado demasiado en romper el silencio. No permitamos ahora que la menopausia se convierta en otro espacio de desigualdad.
Porque hablar de menopausia está bien. Escuchar a las mujeres, atender sus necesidades y garantizar sus derechos está mucho mejor.
Nuestra salud no es un lujo. Ni un negocio. Es un derecho.