07/10/2026
Este FAKE SYSTEM en el que vivimos proclama derechos universales, pero reparte de forma profundamente desigual la posibilidad de ejercerlos.
En el Fake System la vivienda es un derecho siempre que puedas pagarla. Las ciudades construyen casas para quienes no viven en ellas, expulsan a quienes las habitan y multan a quien duerme en la calle porque no tiene casa.
Los pisos vacíos descansan tranquilos mientras miles buscamos techo. Y cuanto más imposible resulta alquilar, mejor le va al mercado.
Quien trabaja para vivir termina viviendo para pagar el alquiler.
La inmobiliaria pide nómina, contrato, ahorros, avales y casi el árbol genealógico. Y aun así, no todos llamamos a la misma puerta.
Hay nombres que reciben una cita para una visita y nombres que recibimos silencio. Hay acentos para los que el piso, misteriosamente, acaba de alquilarse.
El racismo inmobiliario no acostumbra a gritar. Dice “otro perfil” o “muchos interesados”.
“¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazada, nuestra única libertad posible?
El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla. Pero no hay escuela que no encuentre su contraescuela”, decía el maestro.
Que estos días todas las plazas se conviertan en escuelas de solidaridad radical que lo desborden todo✊🏿