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La Asociación Civil Científica Venezolana para el Desarrollo Integral Humano y de las Organizaciones Sociales, es una ONG privada, sin fines de lucro, formada por un grupo de profesionales sensibilizados por la problemática de ls violencia. Está dirigido al diseño de proyectos, programas y estrategias que promuevan la construcción de condiciones para el desarrollo de factores de protección media

nte la aplicación de diferentes enfoques de las ciencias humanas y sociales. Nuestras áreas de atención son:
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21/02/2026

"Bitácora de Soberanía interior"
te invito a leerme...

20/02/2026

Autora: Psic. María Antonieta Alvarado

¿Cómo se puede perdonar sin olvidar? una reflexión desde el dolor y el sufrimiento.

El dolor que ha vivido una sociedad oprimida por la intimidación, el miedo y la violencia sistemática no es un dolor simbólico ni abstracto.

Es un dolor que estremece en cuerpos violentados por la ambición, el resentimiento y el poder, en familias destruidas, por el peso del horror de una estructura criminal, integrada por nacionales que anulan con mecanismos crueles y deshumanizados a otros nacionales hasta dejarlos reducidos a la indefensión, en niños que crecieron en el abandono con hambre, sin educación, en enfermos que padecen una agonía a corto o mediano plazo o que murieron sin asistencia, en madres que enterraron a sus hijos sin justicia mientras despedían a otros sumergidas en el duelo y la lejanía, ante el destierro obligado por la miseria o la persecución. Consciente de que este dolor ni se borra, no se relativiza y no debe ser silenciado. Pretender que pueda olvidarse sería una forma más de violencia. En este contexto, hablar de perdón puede parecer ofensivo, prematuro o incluso inmoral. Y, sin
embargo, el verdadero dilema no es si se perdona o no, sino qué hacemos con el dolor cuando no hay reparación, ni justicia, y mucho menos responsabilidad ni arrepentimiento por parte de quienes causaron el daño. Porque cuando el sufrimiento es prolongado, sistemático y ejercido desde el poder, el riesgo psicológico mayor no es solo el trauma, sino la pérdida de humanidad interior.

Sección I: El Perdón como Soberanía. (El concepto de negarle al agresor el control de tu vida psíquica).
Desde la psicología del trauma y la violencia política, sabemos que el dolor no elaborado puede transformarse en endurecimiento emocional, odio crónico o despersonalización, los
hemos visto de cerca. Estas reacciones no son fallas morales: son respuestas defensivas ante el horror. Sin embargo, cuando se vuelven permanentes, terminan atando a la víctima a sus victimarios por un lazo invisible pero devastador: el daño continúa gobernando la vida psíquica.

Por eso, cuando decimos: “Que yo pueda tomarme el tiempo necesario para perdonar sin que el dolor endurezca mi corazón”, No estamos hablando de absolver crímenes ni de renunciar a la memoria histórica de lo vivido. Estamos hablando de preservar la dignidad psíquica y reconstruir el tejido social frente a la barbarie.

Perdonar, en este escenario, no es un acto jurídico ni político, y mucho menos una exigencia espiritual. Es, en todo caso, un proceso íntimo, largo, incompleto y profundamente asimétrico. Puede tomar años. Puede no llegar nunca en su forma plena. Y aun así, puede comenzar con un gesto mínimo pero trascendental: negarle al agresor el derecho a destruir.lo que no pudo matar.

Sección II: La Autocompasión Radical. (Aceptarse herido como forma de cuidado).

La tortura, el hambre inducida, la enfermedad desatendida, el aislamiento y el juego psicológico de manipulación perversa junto a la amenaza constante con la muerte real o recreada buscando algo más que controlar cuerpos: buscan quebrar la subjetividad, endurecer el alma, sembrar desesperanza y herir mortalmente la mente. Resistir ese objetivo es ya un acto de soberanía interior. Cuando la frase continúa diciendo: “me acepto”, se afirma algo radicalmente sanador. La víctima deja de exigirse fortaleza, perdón inmediato o espiritualidad forzada. Se permite sentir rabia, tristeza, duelo, cansancio. Se reconoce
herida, partida en mil pedazos. La autocompasión aquí no es lástima ni debilidad, es una forma de acompañamiento y de autocuidado amoroso libre de todo juicio e interpretación. Y cuando se añade: “te acepto”, no se está diciendo “te justifico” ni “te absuelvo”. Se está diciendo algo mucho más profundo y peligroso para el poder abusivo: “este hecho no define quién soy”. Aceptar al otro como autor del daño es reconocer el hecho sin permitir que ese evento representa un algo fortuito y no una consecuencia de eventos que en algún momento comprometieron el presente y futuro emocional propio. Es reconocer que aunque no esté de acuerdo puedo aceptar que existe y es real.

Viktor Frankl, sobreviviente de campos de concentración, lo expresó con claridad: "incluso cuando todo ha sido arrebatado, queda la libertad última de decidir qué tipo de ser humano se elige ser frente al sufrimiento. No para negar la atrocidad, sino para no reproducirla dentro de uno mismo."

En sociedades heridas como la nuestra, el perdón no puede ser colectivo, impuesto ni apresurado. Pero la preservación del corazón humano sí es una tarea urgente. Porque sin ella, la violencia triunfa dos veces: primero en el cuerpo, luego en el alma.
De esta manera, mi frase no invita al olvido. Invita a la resistencia más difícil y más profunda: recordar sin deshumanizarse, sentir sin endurecerse, vivir sin parecerse a aquello que nos hizo tanto daño.

Y eso, lejos de ser ingenuo, es un acto de profunda valentía psicológica, ética y espiritual.

Sección III: Justicia y Reconciliación. (La claridad de que no hay paz sin verdad y reparación).

¿Cómo puede hablarse de reconciliación con quienes lideraron años de represión, dolor y sufrimiento?

Desde la psicología, la reconciliación auténtica no busca aliviar la conciencia de los perpetradores, sino proteger la vida psíquica y moral de la sociedad. Implica aceptar que el daño ocurrió, que dejó marcas irreversibles y que no todos los vínculos pueden ni deben restaurarse. En muchos casos, reconciliar supondrá que quienes participaron directa o indirectamente desaparezcan del espacio de poder y decisión, porque su permanencia obstaculiza la reparación y perpetúa el trauma colectivo.

La ciencia política coincide en este punto. Hannah Arendt, fue clara al advertir que no todo puede ser perdonado, especialmente cuando el crimen destruye la condición humana misma. Para Arendt, la reconciliación sólo es posible cuando hay asunción de responsabilidad y restitución del orden moral, de lo contrario, el perdón se convierte en complicidad y la reconciliación en una forma de negación política.

En la misma línea, el politólogo y experto en construcción de paz John Paul Lederach, define la reconciliación no como un acuerdo emocional, sino como un proceso estructural que integra cuatro pilares inseparables: verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Sin estos elementos, afirma, cualquier intento de reconciliación es frágil, injusto y destinado al colapso.

Por eso es necesario decirlo sin ambigüedades: no puede haber reconciliación sin justicia. La justicia no es venganza; es reconocimiento del daño, dignificación de las víctimas y delimitación clara de responsabilidades. Solo cuando la justicia comienza a operar —aunque sea de forma gradual e imperfecta— el miedo se disipa retornando la confianza y el corazón y la mente sana las heridas. Es así como la reconciliación deja de ser una imposición moral y puede convertirse en una decisión de libertad, íntima y socialmente reparadora.

Sección IV. Parte Práctica: Ejercicios de Contención (Lo nuevo)

1. Ejercicio de Grounding (Anclaje): "Cuando el entorno sea hostil, busca 5 cosas que puedas ver, 4 que puedas tocar, 3 que puedas oír..." (Ideal para crisis de ansiedad dentro del país).

2. La Pregunta de Frankl: Te dejo un espacio en blanco para que escribas: "A pesar de lo que me han quitado, ¿qué tipo de ser humano decido ser hoy?"
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3. Afirmación de Dignidad: "Este hecho dolió, pero este hecho no define quién soy".

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