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TACA Y SUS PRIMEROS SERVICIOS                           INCLUIDO SERVIR SANDUCHES      No obstante las limitaciones, ant...
27/05/2024

TACA Y SUS PRIMEROS SERVICIOS

INCLUIDO SERVIR SANDUCHES



No obstante las limitaciones, antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en Venezuela se constituyeron dos aerolíneas comerciales particulares: AVENSA (mayo de 1943) y TACA de Venezuela (agosto de 1944), ambas particulares.

En 1946, un avión de la nueva empresa Compañía Anónima de Viajes Aéreos (CAVE) así como otros de TACA y AVENSA, reciben las primeras YV-C otorgadas por el Ministerio de Comunicaciones a transportistas privados venezolanas. No obstante, los aviones con los cuales contarían, cuando llegaron al país, los identificaron apenas con las siglas YV.

Alfredo Machado Hernández y Pedro Vallenilla Echeverría, detentando la concesión que les permitió establecer la Línea Aérea TACA de Venezuela, comenzaron a operar un Beech 18 matrículado YV-AZB.

El capitoán Charles Vaugan, de los pilotos estadounidenses de TACA de Venezuela, acumulaba entre sus aneclotas cuan numeroso era el grupo de extranjeros que vino a trabajar en este país. Vaugan fue un personaje por demás interesante.

Llega desde el Norte sin traer papeles que lo acrediten como aviador, aunque solo se trató de una cadena de la cual colgaba la placa metálica identificaba como piloto del Cuerpo Aéreo de Combate de los Estados Unidos (USAF).

Para que ingresara en la TACA, el jefe de operaciones de la compañía, su amigo el capitán Lee Croucher, lo apoyó ante la División de Aeronáutica Civil con el fin de chequearlo para que pudiese obtener la correspondiente licencia venezolana. Fue comisionado el inspector Salazar de la Dirección de Aeronáutica, planificando el uso de uno de los DC-3.

Baughan fue autorizado para que explorara y celebrar vuelos sobre la Gran Sabana. El mismo año 1948 hizo abrir una pica cerca de las minas en producción, con apenas dos o tres ranchos alrededor, Aterrizo con un DC-3 de TACA, transportando mineros que refundaran con gran brío el nuevo poblado conocido como Icabarú.

Al poco tiempo otro piloto de TACA baja con regular frecuencia en las minas de San Salvador de Paúl, localidad que tomaba su nombre del gerente de TACA, Luis Paúl, quien permitía que la empresa comenzara a contribuir a la formación de pueblos, dar apoyo a la minería gracias a vuelos a lugares distantes, inhóspitos y desconectados del mundo salvo semanas de navegación por los ríos y lagos y andar entre la selva o sobre las inmensas sabanas,

El apoyo provenía de los abastecimientos y conexiones ofrecidos por el puente aéreo de TACA a partir de Ciudad Bolívar o la base de operaciones creada en Upata, donde varios pilotos permanecían semanas a la orden de la programación de viajes en los DC-3 y C-47 disponibles.

Al norte del país, en aquella Venezuela desunida ante la falta de buenos caminos que la enlazaran, por ejemplo em Güiria, quienes no podian pagar 40 bolívares por media hora de vuelo para llegar a Carúpano salvando bosques e intrincadas montañas de la península de Paria, invertía diez horas e incluso completaba la semana cuando el invierno era demasiado lluvioso, haciendo el recorrido el cual, incluso a veces, hasta seis veces cada día, cubrian, ida y vuelta, los servicios de Avensa, Línea Aeropostal o TACA.

TACA fue la primera de nuestras aerolíneas nacionales que matricula un Douglas DC-3: el YV-C-AZA. Además, previamente empleo tres Douglas DC-2 como también lo haría AVENSA con cinco unidades en la versión DC-2 1/2, reemplazos de sus tres trimotores Ford trimotores todo metalicos con los cuales a finales de 1943 los Boulton fundan su compañía e inician vuelos de cabotaje.

Tal vez no todos los viajeros de aquel entonces, menos en las regiones remotas e inhóspitas, podían aprovechar la iniciativa de los dirigentes de TACA de Venezuela de ofrecer sanduches frescos a sus pasajeros, seguro que servidos con el ofrecimiento de algo para beber; agua o jugo de naranjas.

Pero lo cierto es que en las rutas troncales entre Maiquetia y Maracaibo, algunas capitales de estados o poblaciones importantes como las servidas entre las nuevas ciudades ligadas a la expansión de la actividad petrolera, TACA comenzó a servir sanduches.

---"Mi mamá, Silvia Olo, me cuenta que mi abuela estoniana Leida Olo de Olo, teniendo poco tiempo de llegada a Venezuela en 1947, por medio de su paisano Alberto Tattar, propietario de la agencia de ventas de automóviles 4x4 Jeep Willys, consiguió un trabajo para la línea aérea TACA" --- refiere Susana Gil Olo, quien precisa que consistía en elaborar los sánduches de jamón y queso que comenzaron a servir en los vuelos de tal aerolínea.

---"Uno de los dueños de TACA poseía un local en lo que hoy es en Caracas la Avenida México, cerca de los museos, a dónde mi abuela Leida iba en las tardes a eso de las cuatro, a veces hasta la media noche, casi siempre acompañada por mi mamá pues vivian relativamente cerca, en la esquina de Desamparados... Y que en tal empleo estuvo cerca de un par de años".

Valga lo referido por la señora Silvia Olo para asociarlo a las primeras iniciativas de catering o servicio de comidas a bordo de aviones comerciales venezolanos en vuelos domésticos.

La semana que concluye, la señora Silva Olo cumplió 84 años de edad. Durante, mucho tiempo fue funcionaria de Fundarte, bastante más tarde de haber presenciado los inicios del catering en Venezuela en función de los pasajeros de los viajes en los aviones de TACA. Alfredo Schael



En las fotografias: Silvia Olo.

DC’3 de TACA que se salió de la pista al aterrizar en Merida.

EMBAJADOR CANDIDATOY RECORDAR A DIOGENES ESCALANTE                 Maria Margarita Terán viuda de psiquiatra y escritor ...
21/04/2024

EMBAJADOR CANDIDATO
Y RECORDAR A DIOGENES ESCALANTE

Maria Margarita Terán viuda de psiquiatra y escritor Francisco Herrera Luque, la noche de este sábado 20 de abril me comenta desde Miami: “Ya leí el artículo Se ve la luz (1), firmado por el escritor y analista político Armando Duran. No sé por qué me recuerda el caso de Escalante, era diplomático y salvador de la patria pero, Venezuela, no tiene suerte. Esperemos no sea así!”
Añade Maria Margarita: “El médico psiquiatra fue Francisco Herrera Guerrero, papa de Pancho Pepe (Herrera Luque).”.

El doctor Diógenes Escalante, nuestro Embajador ante la Casa Blanca durante la II Guerra Mundial, llega a Maiquetía el 8 de agosto de 1945. Conversado y convenido estaba que sería el candidato del gobierno para suceder al general Medina Angarita en la primera magistratura nacional.
Registros periodísticos subrayaron que en más de mil automóviles, bajaron al aeropuerto decenas de personas deseosas de darle la bienvenida al casi seguro sustituto de Medina mediante el voto directo y secreto.
En Caracas, a Escalante lo hospedan en el Hotel Ávila, recién estrenado en San Bernardino. Comienza a recibir visitas de personalidades. Ofrece atender a periodistas, entre quienes conto a Ramón J. Velásquez, quien también se desempeñará como su secretario.
El doctor Velásquez me refería su sorpresa cuando en la suite percibe algo extraño en el comportamiento de su paisano tachirense. Al conversar se evidenciaba la dispersión del Embajador y su remarcado empeño por “encontrar camisas que tengo extraviadas”.
Sin la menor duda, algo extraño ocurría en la cabeza del precandidato del oficialismo y buena parte del país político y social.
Un mes después, Medina Angarita resuelve que su candidato será el doctor Ángel Biaggini, ministro de Agricultura, muy involucrado en la factura de la Ley de Reforma Agraria.
En libro de reciente aparición, producto de amplia investigación incluso en documentos inéditos, el académico de la historia Edgardo Mondolfi Gudat, aborda en profundidad y amplio respaldo documental, el distanciamiento entre Medina y el López Contreras, aspirante a regresar a Miraflores en 1946.
---- “López entró en una confrontación con Medina, sino con el medinismo, y luego lo que significó su deseo de aspirar a la presidencia en 1946 y también lo que significó su dinámica conspirativa. Entonces, fue ver a López, de alguna manera, metido en el lodo”.
Tal distanciamiento fue carburante de la fractura constitucional del 18 de octubre de 1945. Y, no dudar que el caso psiquiátrico del embajador Escalante se confunde entre las causales del golpe que da paso a la primera presidencia de Romulo Betancourt.
La salud de Escalante provoco cambios de parecer radicales en el manejo de lo politico.

Ante la sorpresiva candidatura presidencial de Edmundo González Urrutia, convenida y proclamada por las fuerzas opositoras concertadas la noche de este 19 de abril por la unidad opositora, de cara a las elecciones generales pautadas para dentro de 100 días, retorna a mí memoria que cierto domingo de 1968, estuve en el aeropuerto londines Heathrow, con el doctor Miguel Ángel Burelli Rivas, a propósito del recibimiento del primer vuelo Caracas-Londres efectuado por un avión DC-8 de VIASA.
A los pocos días, Burelli deja la Embajada y regresa a Caracas para negociar su proclamación como candidato presidencial de la perdedora --- ante Caldera--- coalición de partidos encabezados por URD: Frente de la Victoria. No fue diplomático de carrera pero si Canciller luego de representarnos ante el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte así como en Washington y Bogotá.

Al embajador, diplomático de carrera que se ve muy cuerdo y circunspecto, egresado ucevista, estudios de relaciones internacionales en Norteamérica, desempeños como jefe de misión, lo conocí siendo funcionario de carrera inicialmente adscrito a la Direcciones de Protocolo antes luego servir en el Despacho del Vicecanciller y como director de Política Internacional. Le toco trabajaren en las exigentes jornadas de la Conferencia del Mar celebrada en Caracas.
La crónica periodística inserta por el diario español El País, suscrita en Caracas por Florantonia Singer, puntualiza: “El diplomático González Urrutia (La Victoria, 1949) comenzó su carrera como primer secretario del embajador de Venezuela en Estados Unidos a finales de la década de los años setenta. Luego fue embajador de Venezuela en Argelia, entre 1991 y 1993, y en Argentina, durante los primeros años de Gobierno de Hugo Chávez, a quien acompañó en 1999 en uno de sus primeros viajes como presidente.
En su gestión trabajó por la incorporación de Venezuela a Mercosur, que se concretó años después. González Urrutia estuvo activo en el servicio diplomático hasta 2002, un año de quiebre para el chavismo, que enfrentó entonces un intento de golpe de Estado y el paro petrolero. A la par, ha construido una carrera académica respaldada por varios títulos publicados sobre las relaciones internacionales de Venezuela como Brasil: cercano y lejano, El control parlamentario de la política exterior y Estados Unidos: diez miradas, entre otros, y la biografía del historiador Carracciolo Parra Pérez.
En los últimos años, González Urrutia desempeñó un papel de articulador de la oposición, siempre en el bajo perfil de las formas diplomáticas. Entre 2013 y 2015, fue el representante internacional de la Mesa de la Unidad Democrática, la fuerza más votada en la historia electoral reciente, cuando la oposición logró arrebatarle al chavismo la mayoría en el Parlamento.
La cara que figurará en esa casilla de la MUD, si no cambian las cosas antes del 28 de julio, será la suya. González Urrutia fue el último candidato que se inscribió en la agónica jornada de postulaciones de finales de marzo y lo hizo con las intenciones de ser sustituido luego. Semanas después, la historia ha cambiado y este mismo viernes, tras días de forcejeo entre los distintos sectores de la oposición en busca de una candidatura unitaria, comenzaron a correr encuestas en redes sociales que lo ha puesto como primero, con el apoyo de Machado, y ganando por mucho frente a Maduro y las otras opciones y también los stickers y memes con su foto y el mensaje “Todo el mundo con Edmundo”.

¿Como insinúa Maria Margarita, el diplomático Edmundo González Urrutia será quien si permitirá ver la luz salvadora de la patria?

Alfredo Schael

(1) Armando Durán / Laberintos: ¿Una luz al final del túnel político venezolano? https://americanuestra.com/?p=60112
(2) Fotografia de Luis Felipe Toro tomada en Maiquetia a la llegada del embajador Escalante listo para ser el candidato a suceder al general Medina Angarita en Miraflores. Fondo de Cultura Urbana.

“Eso lo leí en Herrera Luque”. La frase, repetida con mucha frecuencia, generaba espanto entre los historiadores. Alguno...
21/04/2024

“Eso lo leí en Herrera Luque”. La frase, repetida con mucha frecuencia, generaba espanto entre los historiadores. Algunos tramontaban en furia, otros apenas dejaban asomar un gesto de displicencia, pero a todos, o a casi todos, disgustaba. Y no eran los únicos. Otro tanto pasaba con los escritores, críticos y académicos del mundo de la literatura. Si lo del escritor muy popular menospreciado por el establishment cultural es casi un cliché, el caso de Francisco Herrera Luque (1927-1991) se muestra especialmente certero. No obstante, como suele suceder, a treinta años de la muerte de quien fue considerado una especie de intruso en la literatura y la historiografía, es tan venerado y leído más que nunca. Incluso la academia poco a poco empieza a hacer las paces con él. Es, por lo tanto, propicio el momento para revisitar su obra.
¿qué dijo, o cómo lo dijo, para entusiasmar a tantos venezolanos? ¿por qué eso generó tantas prevenciones en los especialistas? Como en la trama de una biónica, ¿carecieron de razones quienes daban un paso atrás de susto cuando oían aquello de “Lo leí en Herrera Luque”?
El presente ensayo espera ofrecer algunas hipótesis al respecto. La idea de base es que el impacto, a favor y en contra, que generó herrera Luque fue un síntoma del universo de las ideas venezolanas en el último tercio del siglo pasado.
A la larga, como indica el título, el intruso parece haber ganado la batalla, pero eso no significa que los motivos de quienes lo rechazaron siempre estuvieron desencaminados, sobre todo de cara a las formas de ver las cosas en la época; nique la victoria represente un aval a todas sus ideas vistas el día de hoy. El texto tiene tres partes. En la primera trataremos de entender de qué era un outsider, defuera de qué fronteras estaba y, por lo tanto, a cuáles penetró, tal vez sin proponérselo, para conquistar un pedazo muy importante del territorio que otros consideraban su coto. Es decir, el contexto. La segunda ya se refiere a lo específicamente historiográfico (una de las fronteras que traspasó), donde el problema adquiere una complejidad que probablemente la mayor parte de los no especialistas, e incluso alguno de ellos, no se imaginan. La tercera se centra enlas ideas específicas que sostuvo sobre la historia venezolana. En alguna medida, esto fue lo más importante para la mayor parte de sus lectores, después del placer en sí mismo que hallaron leyéndolo. Cuando alguien señala como fuente de un dato o de una interpretación que “lo leí en herrera Luque”, generalmente lo hace
en referencia a la historia de Venezuela. ¿Outsider de qué?
Un outsider es un extraño, un forastero, incluso, sí, un intruso. Y, por lo general, uno que no sólo llega para quedarse, sino también para hacerse notar. La definición de ese territorio en el que incursionó Herrera Luque en 1972, cuando apareció Boves, el urogallo, la hallamos en el panorama de la lectura en Venezuela durante las décadas de 1970 y 1980. Decimos la lectura, que no la literatura y la historiografía, porque no todo lo que e leía en el país estaba definido por estas dos disciplinas. Más bien al contrario. Se leía bastante más delo que suele pensarse y, de hecho, era un momento dorado de la industria editorial. Pero no era dominado por los escritores ni por los historiadores (aunque en Venezuela siempre le ha ido mejor a la historia que a la literatura en las ventas). Es esa combinación de un mercado ansioso de lectores, de escritores que no escribían lo que ellos buscaban y de editores dispuestos a invertir en un outsider, lo que explica una parte muy grande del fenómeno de herrera Luque.
Cuando salió a luz el Boves… nada auguraba que Herrera Luque se convertiría en un novelista exitoso. No había publicado relatos ni ganado algún concurso importante o participado en alguna tertulia o grupo literario. Se le conocía como un importante psiquiatra, profesor de la escuela de medicina de la Universidad Central de Venezuela, así como autor de trabajos de su especialidad, como Viajeros de indias (1961) La huella perenne (1969). Ahora, es probable que justamente por haber sido un outsider, por llevar años escribiendo al margen delos círculos literarios (sabemos que de adolescente ya había redactado una novela que circuló entre sus compañeros del colegio), pudo pensar sus trabajos con la libertad de quien no se sentía comprometido con la comunidad literaria del país.
Como a las claras lo demuestran sus novelas, poco o nada lo había impresionado las grandes innovaciones que desde la década de 1960 venían experimentándose en la literatura venezolana. “son narrativas donde no se narra nada”, dijo una vez.
Y como lo indica el éxito que obtuvo (y que le fue tan esquivo a los otros más apegados a las tendencias de la hora), la mayoría de los lectores pensaban igual.
Naturalmente, en lo inmediato la reacción del mundo literario fue adversa. Ser muy leído no es garantía de calidad, como lo demuestra una larga lista de bestsellers, por lo que fue fácil descalificar a Herrera Luque: si gusta tanto, fue la conclusión, es porque algo malo tendrá. Por otro lado, sin embargo, las buenas ventas tampoco significan que un trabajo sea necesariamente malo. Los autores referenciales del momento, los del boom, vendían enormes cantidades de tirajes y nadie ponía en duda por eso que Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa fueran escritores de calidad. En la actualidad, como siempre pasa cuando los años ponen distancia a las pasiones, vemos las cosas distintas.
La reconciliación con la academia la llevan adelante investigadores como Carlos Sandoval y Carmen Verde, y en gran medida lo que en 1972 se veía como un defecto en herrera Luque, hoy es considerado un mérito. Entonces se produjeron demasiados textos de estructuras audaces, algunos experimentos con verdaderos logros, pero intraficables para quien no estuviera dispuesto a hacer un análisis estructural. El resultado fue que a demasiados lectores los libros se les escurrían de las manos, en medio de bostezos. Es algo que definitivamente no ocurre con una novela de herrera Luque y que cualquier autor del siglo XXI aspira alcanzar.
La dimensión del problema la podemos apreciar mejor si retomamos lo que en términos más amplios pasaba en la región. Eran, como se señaló, los días del boom. Venezuela jugaba un papel de primera línea en todo lo referente al fenómeno, menos en lo de crear obras emblemáticas. En el país habían vivido un par de décadas antes Gabriel García Márquez y Alejo Carpentier; muy pronto se establecerían Tomás Eloy Martínez e Isabel Allende; Arturo Uslar Pietri había sido el inventor de la categoría Realismo mágico; el estado otorgaba muy buenas subvenciones a los artistas a través del Instituto de Cultura y Bellas Artes(INCIBA), y tenía editoriales de fama continental -como Monte Ávila Editores- que los publicaba; los académicos gozaban de sueldos y apoyos para la investigación cercanos a los del primer mundo; y el premio Rómulo gallegos otorgaba las aguas lustrales de la consagración, como hizo con Mario Vargas Llosa, García Márquez, Carlos Fuentes, Fernando del Paso… y, sin embargo, los venezolanos no lograban entrar al star system del boom. Se puede hablar de casos, como el célebre de Adriano González León o el de Miguel Otero Silva cuando decidió montarse en la ola renovadora con su Cuando quiero llorar no lloro (1970) o el de Francisco Massiani, cuya entrañable piedra de mar (1968) ha convencido tanto a los lectores, agotando muchísimos tirajes, como a la crítica. Lo mismo puede decirse de Eduardo Liendo con su El mago de la cara de vidrio (1973). Pero la verdad es que, en conjunto, al pináculo del star system no entró ninguno. Uslar Pietri seguía siendo por mucho el autor vivo más conocido en el exterior y en el país, pero era anterior al boom y no mostraba intenciones de adaptarse a sus modelos. Por algo podía competir con Herrera Luque en lo que a receptor de encono se refería.
Pero ésta es sólo una de las caras del asunto. La otra es que esos libros que no se leían estaban apareciendo justo cuando en el país se vivía un momento de oro de la industria editorial, se publicaban libros de grandes tirajes para los estándares venezolanos y había autores que se hicieron francamente populares. Pero todos eran más o menos outsiders como Herrera Luque. De hecho, sin esta variable, les imposible de comprender, porque fue justo esa industria editorial, al margen de las grandes instituciones públicas y privadas, la que postó a su manuscrito de Boves, el urogallo. Textos como Cuatro crímenes, cuatro poderes, de Fermín Mármol León (1979), los libros periodísticos e históricos de Alfredo Tarre Murzi -que firmaba con el seudónimo de Sanín-, trabajos de políticos como domingo
Alberto Rangel, Pedro Duno, Juan Pablo Pérez Alfonzo y José Vicente Rangel, las novelas históricas de José León Tapia, textos a medio camino entre la historia y el reportaje -como La caída del Liberalismo Amarillo (1973) Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez (1980) de Ramón J. Velásquez- demuestran
que había un público ávido de leer libros, que tenía dinero para comprarlos (¡era la gran Venezuela!), pero que era atendido por editores sagaces como José Agustín Catalá, Manuel Vadell, Jorge Barros, José Luis García y Domingo Fuentes, y no por Monte Ávila Editores.
Esta industria parecía sufrir lo que todas las industrias venezolanas en la época: una enorme dificultad para exportar. Ninguna pudo convertirse en algo como la editorial losada o las editoriales españolas, probablemente por los enormes costos que el fortísimo (y ya, en realidad, algo sobrevaluado) bolívar le imponía a cualquier cosa. Por ejemplo, era muy común que para ahorrar costos las impresiones se hicieran en España. También es probable que la seguridad y abundancia del mercado venezolano no incentivaron el riesgo de colocar a un autor en el exterior, lo cual requiere de inversión. Pero sí tomaban algunos más acotados. Por ejemplo, un psiquiatra que casi a los cincuenta años decidiera escribir su primera novela parece la combinación perfecta para el fracaso.
Cualquier editor sabe que la segunda cosa que da más miedo después del poemario de un novato de mediana edad es el anuncio de su novela.
Pero todo editor también sabe que hay que, al menos, echarle un vistazo, porque uno de cada tantos resultan ser un tesoro oculto. Eso fue lo que debió pensar domingo fuentes cuando Herrera Luque le entregó las cuartillas de su manuscrito, o le advirtió que su próximo libro sería una novela. Pero también hay muchos casos en los que se encuentran sorpresas o se descubren a autores que, no por carecer de publicaciones, carezcan de oficio. Fuentes conocía, y bien, su negocio. Desconocemos cómo fue su contacto con herrera Luque, pero de algo no debe caber duda: desde la primera cuartilla, fuentes, quien sabía reconocer un éxito cuando lo veía, debió convencerse de que tenía un tiquete ganador. En un año vendió cinco ediciones de Boves, el Urogallo. Y ya en 1974 fue llevada a la pantalla en una miniserie producida por Radio Caracas Televisión, con guion de José Ignacio Cabrujas. Los casos anteriores, como los días de Cipriano Castro -de Mariano Picón-Salas (1953)-, que probablemente tiene el récord de ser el único libro de historia en el mundo que ha vendido todo su tiraje en un solo día, y Mensaje sin destino -de Mario Briceño-Iragorry (1951)- respondieron en buena medida a coyunturas políticas específicas (y demuestran la preferencia de los lectores venezolanos con la historia y la política). Y ninguno tuvo algo que se le pareciera a una exitosa serie en la televisión.
El triunfo del outsider había sido completo, por nocaut, y uno que se repetiría casi anualmente: en la casa del pez que escupe agua (1975), Los Amos Del Valle (1979), La historia fabulada (1981), la luna de fausto (1983), Manuel Piar, el caudillo de dos colores (1987) y Los cuatros reyes de la baraja (1991). Los
lectores no sólo habían ovacionado al recién llegado, y le habían dado carta de ciudad en la república de las letras, sino que parecía con intenciones de ponerlo a su cabeza. El outsider pudo incluso más: vendió tanto que logró el prodigio de dedicarse por entero a la escritura. Con sus novelas también habría pintado el arco de la historia venezolana desde la conquista hasta la segunda mitad del siglo XX. Y los lectores, fascinados, comenzaron a llenar las lagunas que la escuela había dejado en su memoria histórica con estos libros. Fue entonces cuando comenzó la frase temible entre los historiadores: “eso lo leí en Herrera Luque”.

LOS PERSONAJES FEMENINOS EN LA OBRA DE FRANCISCO HERRERA LUQUEPor Ana Teresa TorresHomenaje a PanchoLa obra de Francisco...
19/04/2024

LOS PERSONAJES FEMENINOS

EN LA OBRA DE FRANCISCO HERRERA LUQUE

Por Ana Teresa Torres

Homenaje a Pancho

La obra de Francisco Herrera Luque es conocida sobre todo por la escenificación histórica de sus personajes y la recreación de episodios de gran significación en la epopeya nacional. Sin embargo, es muy representativo de su obra el catálogo de personajes secundarios, pertenecientes a diferentes clases sociales y políticas, populares o encumbrados, y de alguna manera típicos o emblemáticos del carácter venezolano, lo que da a sus obras el alcance de frescos sociales que sobrepasan el aspecto puntual del estudio de héroes o antihéroes de la historia oficial. Dentro de esa galería de personajes de ficción que se entrelazan con los personajes históricos, es interesante resaltar el espacio concedido por el novelista a los personajes femeninos, de los que intentaré una aproximación preliminar desde el punto de vista de una novelista que, en este caso, coincide en ser doble colega del escritor.

Por la brevedad indispensable de esta presentación, me limitaré a considerar su primera novela, Boves, el urogallo,[1] que tiene para mí un recuerdo muy especial ya que fui testigo de su escritura. Cuando Herrera Luque la escribió entre 1971 y 1972, su propósito original era elaborar una biopatografía de José Tomás Boves. De hecho, el Apéndice incluye un “Análisis socio-psiquiátrico de la personalidad de José Tomás Boves”, como parte de este propósito de trazar una biografía que fuera, a la vez, explicación, si no justificación, de uno de los antihéroes más connotados de la historia de Venezuela. Sin embargo, el objetivo inicial fue sufriendo cambios, el género se fue transgrediendo, y terminó siendo una novela histórica o una historia novelada. Como el autor mismo lo explica en una Advertencia introductoria:

En un comienzo me asomé a él con la metódica del sistematizador, pero me encontré de pronto impedido de hablar, por eso puse de lado lo que me enseñaron y dejé que las ideas y las palabras, por ellas mismas, encontraran su forma (9)

Herrera Luque, necesitado de interlocutores en la soledad del oficio del psicoterapeuta, con frecuencia me comunicaba detalles del proceso de escritura, me daba a leer capítulos, y como parte de ese diálogo, me comentaba que para explicar al personaje, la historia no le alcanzaba. Buscaba un límite más amplio, y la ficción le abrió esas paredes que la historia de los hechos puede hacer estrechas. Sea como fuere, Boves se transformó en un personaje de ficción, y no puedo dejar de aludir al entusiasmo que Herrera Luque iba sintiendo en la medida en que la ficción crecía a través no sólo del protagonista sino de los personajes secundarios necesarios para la construcción de la trama.

Entre estos personajes creo que los que más entusiasmo le despertaban eran los femeninos. Doñana, Inés Corrales, Eugenia, Juana la Poncha, comenzaron a ser parte de nuestras conversaciones, además de otras mujeres que si bien aparecen y desaparecen con rapidez en el texto, no dejan de ser portadoras de una importancia dramática, como es el caso de la negra Teresa o de María Trinidad Bolívar, personaje histórico que existió con otro nombre.

Esta galería de mujeres, concebida en contrapunto, representa, por una parte, contradicciones sociales, y por otra, contradicciones dentro del perfil psicológico con el que han sido trazadas. Sin embargo, todas ellas, independientemente de su origen social, están sometidas a la misma violencia que impone el estado de guerra, y el sistema patriarcal imperante en la cultura de la época. Es muy clara la intención del autor en demostrar la extrema vulnerabilidad de las mujeres que se encuentran en el estrato inferior de las castas sociales establecidas por el sistema colonial. El ejemplo más claro y duro es el cobarde as*****to de Teresa, una negra esclava que ha intentado huir con otro esclavo, Juan Palacios, y que al ser apresado, deja a ésta en una situación de abandono que la obliga a regresar a la hacienda. Sin embargo, el castigo se impone sin consideración a su embarazo, y la mujer muere a latigazos, extrayéndosele del útero el fruto preciado de un hijo que engrosará el capital humano del propietario. Su muerte es recibida por la esposa del amo, Doñana, con las mismas características que el narrador le otorga para definirla como personaje: con “indiferencia, soberbia y piedad”.

Otro personaje que muere bajo la violencia de la guerra y del dominio masculino, es María Trinidad Bolívar, concubina de un ventero, descrita como “mulata ágil y concitante”, a quien, en su encuentro con José Tomás Boves, “los ojos le centellean de deseo y los labios se entreabren como pomarrosa quemada. No hubo necesidad de más.” Mujer libre que no quiere el matrimonio, ni acepta uniones que la subyuguen, es asesinada por las turbas, que bajo el insulto de ser la querida de Boves, vejan su cadáver. De esta muerte se vengará Boves años después, mandando a empalar a uno de los asesinos:

Así sabrás, gran carajo -le gritó Boves- lo que siente una mujer cuando le brincan cuatro (228)

Otra dupla de caracteres femeninos que, en este caso, resulta esencial para la trama, es la constituida por Doñana y su esclava, que es a la vez aya y amiga de confianza, Juana la Poncha. Se trata de un personaje que resume varias características. Es, por un lado, un ser dominado que no tiene voluntad propia, y que depende de Doñana en forma absoluta, pero es a la vez un miembro de la familia, la única capaz de traspasar la frialdad de Doñana, y que permanece siempre atenta a la vida íntima de la familia y a los secretos que se producen en ella. No sólo los conoce sino que actúa decididamente para impedir aquello que considere fuera del orden establecido, como por ejemplo, vigilar los amores de Eugenia, sobrina de Doñana, con el yerno de ésta. Juana la Poncha asume así una identidad alienada en la cual se coloca a sí misma como miembro de la clase dominante, lo que es tratado por el narrador en forma humorística. Por ejemplo, cuando le cierra la puerta en las narices a las que considera imprudentes visitas por pertenecer a un estrato social inferior a sus amos, las hermanas Bejarano, quienes van a darle el pésame a Doñana por la muerte de su marido:

Al quinto día de visita Juana la Poncha decidió pararles el trote por su cuenta. Con su cara de morrocoy les dijo a las muchachas en el entreportón:

-No recibimos más visitas…

– ¡Ay! -dijo Virginia en tono incrédulo-, ¿cómo es posible? ¿Cerrar el duelo al quinto día? ¿Y el novenario?

-Nosotros los mantuanos somos así -contestó la negra-. Hacemos lo que nos da la gana. (225) y habla con los señores de la casa de tú a tú, como, por ejemplo, con el marqués de Casa León, con quien discute asuntos de política.

La contrapartida de Juana la Poncha es Doñana, personaje central de la historia, que asume las características de arquetipo matriarcal, de mujer representante de una estirpe y una clase social, los mantuanos caraqueños, y a la que se le atribuye una posición política que la acerca a la hermana del Libertador. Doñana es la mujer cuya vida es la vida de los otros, y más aún, la vida de la familia, por la que está dispuesta a cualquier sacrificio personal. Después de ocurrida la Emigración a Oriente, en la que ha perdido a muchos miembros queridos -hijas, nietos- y planteada ya la situación de que Boves entra en Caracas, el narrador la coloca en la disyuntiva de recibir o no al asesino de su familia:

Ella no es Ana Clemencia de Blanco y Herrera, un ser libre, que puede hacer con su vida lo le dé la gana, ella es un símbolo del poder de una familia, es el eslabón, un simple eslabón que une el pasado con el futuro. ¿Qué importa la suerte de un eslabón si ha de seguir viva la cadena? Si Boves se le acerca, ella lo acogerá como al triunfador. Estar cerca del poder, y administrarlo, es el destino de la familia. (248)

Sin embargo, tomada la decisión de recibirlo, muere. Esta contradicción de sus sentimientos, de acuerdo con los que, por una parte, es la mujer fuerte de la biblia, y por otra, un ser sensible, constituye probablemente la marca más precisa con la que el personaje está construido. De ello hay varios ejemplos, del que cito el siguiente:

Nada de besos, abrazos ni amapuches -ha dicho Doñana- eso es para gente de orilla. Que no te vean llorar tus negros, porque se te alzan -le ha dicho la anciana a su nieto. Nosotros podemos hacer de todo, menos llorar…

Doñana desaparece tras el portal y se desploma en el sillón de terciopelo rojo donde habla con sus antepasados…Unas ganas incontenibles de llorar la sacuden. Cuando abre los ojos, el retrato de don Feliciano, con aire de reproche, casi le dice:

¡Pero Ana Clemencia! ¡No parecen cosas tuyas! (210-11)

Otra característica importante del personaje, es que a pesar del pensamiento racional y roussoniano, propio de la clase a la que pertenece, comparte con Juana la Poncha una visión mágica del mundo. Así tiene visiones de una mujer con manto que anuncia la muerte, y también habla con sus antepasados, como puede observarse en el anterior fragmento.

Doñana, a pesar de la escondida ternura que en algunos momentos pueda sentir hacia sus seres queridos, tiene como norma fundamental el mantenimiento del honor familiar, y así sacrifica a su sobrina Eugenia. Cuando percibe, a través del espionaje de Juana la Poncha, que entre Eugenia y su yerno Vicente Berroterán puede existir una unión erótica, envía sin piedad a Eugenia a un convento, del que sólo vuelve tres años más tarde, cuando ya el peligro ha desaparecido, pues ha mu**to Vicente Berroterán. Doñana es un personaje trazado con rigor, en el que está ausente el concepto de placer o de erotismo concedido por el narrador a otras mujeres de la historia.

Jamás pudo pensar en otro hombre que no fuera él, aunque a decir verdad, ni siquiera pensó en él, ni en nadie como hombre. Doñana era un ser congénitamente casto, de esos que creen que la voluptuosidad es descomposición del cuerpo o enfermedad del alma. Para ella el matrimonio era una alianza entre dos familias destinadas a prevalecer sobre el mundo que los rodea (53)

Eugenia, es por el contrario, un emblema de la seducción y del placer. Ante la sociedad pacata y moralista en la que vive, se desenvuelve como una joven sin prejuicios, sin demasiadas cortapisas, ni interrogantes morales. Casada con un hombre que le ha elegido su tía Doñana, es una esposa complaciente, pero su deseo se dirige hacia hombres prohibidos, como son el mulato Andrés Machado, mayordomo de la hacienda, y luego hacia Simeón, también mayordomo con quien, en plena Emigración a Oriente, tiene una relación

Esa noche Simeón y Eugenia se desquitaron de ocho años de fantasía en una cama copetona de la mejor caoba de la región. (237)

Es un personaje trazado dentro de la libertad sexual, que no pareciera ser demasiado cónsona con el espíritu de la época, de modo que puede muy bien pasar de un amante a otro sin mirar de quién se trate, como es el caso de que, paralelamente a la fugaz relación con Simeón, mantiene también un episodio erótico nada menos que con Simón Bolívar. Hay en ella un desenfado, una irreverencia, que la coloca como un personaje adelantado a su época.

Por último, es significativa Inés Corrales, amante de Boves de quien concibe un hijo. Inés Corrales es también una joven mantuana, en este caso de Calabozo, y el narrador la sitúa como un personaje ambiguo. “Muchacha extraña, que carece de inhibiciones y hace lo que le da la real gana.” Puede ser “compasiva o despiadada”, “con cara de virgen o de bruja enferma.” Dotada de una sexualidad si no perversa, al menos poco convencional: “A Inés, el dolor ajeno y el propio la excitaban” …La guerra la excitaba como todo lo que fuese muerte y destrucción”(185). El contraste entre lo que se suponía el tímido erotismo de una joven de su época y la sexualidad atribuida al personaje, se resalta en el siguiente párrafo:

Un beso casto en la mejilla se dieron los novios el día de la partida. Un beso casto en un violador de doncellas. Un beso casto en una muchacha que soñaba con una nueva Salomé… (186)

Inés Corrales, como Eugenia, como la mulata María Trinidad Bolívar, son mujeres más interesadas en el amor o el s**o que en la institucionalidad del matrimonio que tanto defiende Doñana. Cuando por fin Boves regresa a Calabozo después de sus campañas y está dispuesto a cumplir con su promesa de matrimonio, Inés Corrales lo obliga a que se acueste con ella frente a la tropa, con el propósito de concebir un hijo, para luego despedirse de él con una carta que Boves interpreta como desprecio.

Esta galería de mujeres es, sin duda, una retratística en la que el novelista dibuja con realismo los rasgos de cada una, de acuerdo a las características sociales que le son propias. En cierta forma, representan estereotipos, actrices que desempeñan su papel dentro del estrecho marco que la mujer tenía entonces. En ese sentido, Eugenia vs Doñana representa la anti-heroína, la mujer reivindicada a pesar de transgredir las prohibiciones sexuales de la clase a la que pertenece. Es la única que, a pesar de ello, encuentra un cierto final feliz, mientras que el resto de las mujeres de la historia: Doñana, Inés Corrales, María Trinidad, Teresa, son castigadas por el desenlace de los acontecimientos.

La visión desde la cual están construidos los personajes femeninos corresponde a la marca de género del autor, es decir, una óptica androcéntrica que observa el sufrimiento de la mujer en su sometimiento o rebeldía a los patrones discursivos que la moldean, pero eso mismo concede interés a la exploración de los personajes secundarios en ésta y otras obras de Herrera Luque ya que en conjunto su novelística representa un cuadro histórico visto desde una perspectiva heterodoxa en la cual son siempre los anti-héroes los personajes que encuentran su reivindicación.

[1] Herrera Luque, Francisco (1972) Boves, el urogallo. Editorial Pomaire, Barcelona 1980.

Texto presentado en el

###I Congreso Internacional de Literatura Iberoamericana. Caracas, 24-29 de junio.

En Revista Cultural del Banco Central de Venezuela. Año I, No. 1: 53-57. 1999.

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