04/02/2026
Sindicatos de cartón en la tierra del silencio obrero
Hay viajes que llaman la atención por su p***a, otros por su costo, y algunos ¡como este! por sus contradicciones obscenas.
Que una delegación encabezada por Yamandú Orsi haya desembarcado en China no es novedad en sí misma.
Lo verdaderamente llamativo, casi grotesco, es quiénes se subieron al ómnibus.
Entre empresarios, funcionarios y burócratas de siempre, aparece el PIT-CNT, ese mismo que en Uruguay se proclama paladín de la lucha obrera, defensor irrestricto de la huelga, la protesta y la autonomía sindical.
El mismo que corta calles, paraliza servicios y marca la agenda política interna con discurso encendido.
Ese PIT-CNT… visitando China.
Conviene recordarlo, porque parece que a algunos se les borran los datos incómodos: en China no existe sindicalismo libre.
Hay un solo sindicato permitido, estatal, vertical, obediente al Partido Comunista.
No hay sindicatos independientes. No hay derecho real a huelga.
No hay negociación colectiva genuina. El obrero chino no elige, acata.
El que se organiza por fuera, desaparece del mapa laboral… o algo peor.
Entonces la pregunta cae sola, pesada como yunque:
¿qué fue a hacer el PIT-CNT a un país donde el sindicalismo que dicen defender está prohibido?
¿A aprender cómo domesticar trabajadores?
¿A observar un modelo donde el conflicto se silencia por decreto?
¿O simplemente a garronear un viaje de lujo, con viáticos y fotos, mientras en Uruguay el discurso sigue siendo combativo puertas adentro y dócil puertas afuera?
Porque si hay algo que este viaje deja al desnudo es la doble moral sindical.
En Montevideo, barricada.
En Beijing, reverencia.
En casa, megáfono; afuera, silencio diplomático.
Mucha épica obrera para la tribuna local, pero cero valentía para denunciar un régimen donde el trabajador no tiene voz.
Y no es ingenuidad.
Es conveniencia.
El sindicalismo que se dice “clasista” no tuvo empacho en sentarse a la mesa de un sistema que haría ilegal su propia existencia si aplicara esas reglas en Uruguay.
Eso no es solidaridad internacional. Es turismo ideológico.
Es polizón de lujo.
Mientras tanto, el obrero uruguayo, el real, el que madruga, el que paga impuestos, el que ve licuarse el salario, mira cómo sus supuestos representantes viajan, sonríen y callan.
Y el silencio, cuando es selectivo, también es una forma de traición.
Porque al final, la pregunta no es qué hace China con sus sindicatos.
La pregunta es qué hace el PIT-CNT mirándose en ese espejo… y aplaudiendo.