Los comienzos
Hace unos años atrás, en un cruel invierno donde la gente moría de frío en las calles, sentimos la necesidad de hacer algo al respecto. Comenzamos a entregar un plato de comida caliente a aquellas personas que pernoctaban en la ciudad. Movilizamos a la Iglesia que integramos, y con sus aportes logramos elaborar una comida rica y bien presentada, la misma que comíamos nosotros pero c
on mayor dedicación. Queríamos que sintieran que aunque para muchos, ellos eran una molestia que querían evitar, a nosotros si nos importaban como personas. Junto con un grupo de miembros que aportaron sus coches, salimos a repartir la comida los domingos en la noche. Detectamos que ese día no había ningún otro tipo de distribución. Obviamente, no nos remitimos solo a suministrar un plato de comida, sino que se logró una interacción que nos llevó a conocerlos más profundamente e involucrarnos con sus problemáticas personales. Domingo a domingo les llevábamos alimento, abrigo, así como también una palabra de ánimo, y por sobre todas las cosas: amor. Ellos sentían que no estaban solos, y que habían quienes se preocupaban e interesaban en ayudarles a superar, aunque sea en parte, sus mas básicas necesidades. Fue esa interacción la que nos llevó a darnos cuenta que un plato de comida era solo la excusa para conocer sus necesidades, y llegar a esa población de uruguayos, y uruguayas olvidados, y marginados por el sistema. Sin embargo, también nos abrió los ojos acerca de la falta de recursos que teníamos nosotros para ayudarlos a salir de esa situación. Fue así, como poco a poco, comenzamos a sumar recurso tras recurso para ayudarles, y de esa manera fue tomando forma a lo que hoy es nuestro centro de rehabilitación “Odres Nuevos”