07/12/2026
A team of seven missionary veterinarians and veterinary technicians came together with one shared purpose: to make a difference in the lives of others.
Most of us had never met before, and that is what made the entire trip so unique and incredible. Our team included a worship leader, an evangelist, veterinarians, and a veterinary specialists from Texas and Oregon in the United States, as well as Aguascalientes, Puebla, and Morelos in Mexico. We came from different backgrounds and walks of life, yet we were united by one mission: to make an impact in a way that only God could orchestrate during an unforgettable week in Cuernavaca, Morelos.
At the beginning, there was a great deal of uncertainty. Many of us didn't know each other or how everything would come together. But little by little, we witnessed God taking control and shaping every detail. Prayer became the foundation of every step we took from preparing the clinic to meeting our host, Saori, and her incredible team. We are deeply grateful to Saori and her family for allowing us to temporarily transform their home and business into a fully functioning spay and neuter clinic for three and a half days. Before the first day of surgeries, we gathered to worship in the very room that would soon become our operating room. It was an unexpected and powerful moment as God's presence filled the entire place. Each clinic day began with prayer, planning, and teamwork. One of our biggest challenges was training a new group of local volunteers who had never worked with Saori or participated in a spay/neuter clinic before. Despite the learning curve, every volunteer quickly embraced the opportunity, and together we successfully trained each one of them.
We also met AB, a young art student who came eager to learn with a camera in hand. It was inspiring to watch him serve in so many ways. He photographed the surgeries, helped prepare animals for surgery, tattooed them after their procedures, and captured beautiful moments throughout the clinic.
On the final day, Mariana joined us as a volunteer. She will begin veterinary school this fall, and her passion and willingness to learn immediately stood out. She quickly became an essential part of the sterilization area, washing and preparing surgical instruments. Even more importantly, she received prayer and gave her life to Christ. Glory to God!
Our mission extends far beyond performing surgeries. Spaying and neutering help address the problem of animal overpopulation within the community, but our purpose is also to train local volunteers so they can continue serving their own communities, bring hope to pet owners, and share the Gospel with those who need it the most. The fellowship we experience and the relationships we build within each community go far beyond the operating table. Sharing what God has done in our own lives is what leaves a lasting impact wherever we serve.
Thank you to everyone who made this trip so meaningful. Without your prayers, encouragement, and generous support, none of this would have been possible. We continue to pray for God's guidance and wisdom as these clinics continue to grow and reach more communities throughout Mexico.
They devoted themselves to the apostles’ teaching and to fellowship, to the breaking of bread and to prayer. Everyone was filled with awe at the many wonders and signs performed by the apostles. All the believers were together and had everything in common. They sold property and possessions to give to anyone who had need. Every day they continued to meet together in the temple courts. They broke bread in their homes and ate together with glad and sincere hearts, praising God and enjoying the favor of all the people. And the Lord added to their number daily those who were being saved. —Act 2:42-47 (NIV)
Un equipo de siete veterinarios y técnicos veterinarios misioneros se unió con un propósito común: marcar una diferencia en la vida de los demás.
La mayoría de nosotros no nos conocíamos previamente, y eso fue precisamente lo que hizo que el viaje fuera tan único e increíble. Nuestro equipo incluía líderes de alabanza, un evangelista, veterinarios y especialistas veterinarios provenientes de Texas y Oregón (Estados Unidos), así como de Aguascalientes, Puebla y Morelos (México). Aunque veníamos de entornos y trayectorias de vida muy diversos, nos unía una misma misión: generar un impacto de una manera que solo Dios podía orquestar durante una semana inolvidable en Cuernavaca, Morelos.
Al principio, había mucha incertidumbre. Muchos no nos conocíamos ni sabíamos cómo encajarían todas las piezas. Pero, poco a poco, fuimos testigos de cómo Dios tomaba el control y daba forma a cada detalle. La oración se convirtió en el fundamento de cada paso que dimos, desde la preparación de la clínica hasta el encuentro con nuestra anfitriona, Saori, y su increíble equipo. Estamos profundamente agradecidos con Saori y su familia por permitirnos transformar temporalmente su hogar y negocio en una clínica de esterilización plenamente operativa durante tres días y medio. Antes del primer día de cirugía, nos reunimos para adorar en la misma habitación que pronto se convertiría en nuestro quirófano. Fue un momento inesperado y poderoso en el que la presencia de Dios llenó todo el lugar. Cada jornada de clínica comenzaba con oración, planificación y trabajo en equipo. Uno de nuestros mayores desafíos fue capacitar a un nuevo grupo de voluntarios locales que nunca habían trabajado con Saori ni participado antes en una clínica de esterilización. A pesar de la curva de aprendizaje, todos los voluntarios aprovecharon rápidamente la oportunidad y, juntos, logramos capacitarlos a cada uno de ellos.
También conocimos a AB, un joven estudiante de arte que llegó con muchas ganas de aprender y con cámara en mano. Fue inspirador verlo servir de tantas maneras: fotografió las cirugías, ayudó a preparar a los animales para la intervención, los tatuó tras los procedimientos y capturó momentos hermosos a lo largo de la clínica.
El último día, Mariana se unió a nosotros como voluntaria. Ella comenzará la carrera de veterinaria este otoño, y su pasión y disposición para aprender destacaron de inmediato. Rápidamente se convirtió en una pieza clave del área de esterilización, encargándose de lavar y preparar el instrumental quirúrgico. Y lo que es aún más importante: recibió oración y entregó su vida a Cristo. ¡Gloria a Dios!
Nuestra misión va mucho más allá de realizar cirugías. La esterilización y castración ayudan a abordar el problema de la sobrepoblación animal en la comunidad, pero nuestro propósito también es capacitar a voluntarios locales para que puedan seguir sirviendo a sus propias comunidades, llevar esperanza a los dueños de mascotas y compartir el Evangelio con quienes más lo necesitan. La comunión que experimentamos y los vínculos que creamos en cada comunidad trascienden la mesa de operaciones. Compartir lo que Dios ha hecho en nuestras propias vidas es lo que deja una huella duradera allí donde servimos.
Gracias a todos los que hicieron que este viaje fuera tan significativo. Sin sus oraciones, su ánimo y su generoso apoyo, nada de esto habría sido posible. Seguimos orando para recibir la guía y la sabiduría de Dios a medida que estas clínicas continúan creciendo y llegando a más comunidades en todo México.
Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse unánimes en el Templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos. —Hechos 2:42-47 (NVI)