06/11/2026
Todos exigimos justicia por Nathaly. Buscamos desesperadamente a un monstruo al cual culpar... pero, ¿quieres verle la cara al verdadero cómplice de esta tragedia? Mírate al espejo.
¡Sí, el cómplice eres tú! Y soy yo.
Nuestra gran enfermedad es esa maldita costumbre de apartar la mirada y murmurar: "no es mi problema". Vemos a una joven de 20 años sola, desorientada, tragada por la noche de una ciudad inmensa, y apretamos el paso creyendo que "alguien más la ayudará". ¡Y nadie se detiene! Esa apatía miserable hoy ha dejado a una familia en Tulcán rota para siempre.
Te hablo como padre y te pido que hagas este ejercicio mental: Imagina por un segundo que esa chica es tu hija. Es tu hermana. Es tu sangre. ¿No rogarías de rodillas que un completo extraño tuviera la decencia de detenerse un minuto y preguntarle "¿Estás bien? ¿Te ayudo a llamar a alguien?"?
No sabemos cómo terminó en el fondo de esa quebrada, pero lo que sí sé, es que un solo gesto de humanidad pudo haber cambiado la historia.
Dejemos de ser cobardes disfrazados de gente ocupada. La empatía salva vidas, y negarla nos hace asesinos silenciosos. Ayudar a quien está perdido no te cuesta nada, pero para esa persona... lo es absolutamente todo.
Toda mi solidaridad para la familia de Nathaly Mafla. Y que a nosotros, como sociedad, esta culpa no nos deje dormir en paz hasta que aprendamos, de una maldita vez, a cuidarnos los unos a los otros.
— Alexander Chamorro