08/30/2026
:::::;mayan:syncrony::: ::by:: ::::mayan::os:::: alfonso https://x.com/alfonso/status/2094199085276508174 August 30, 2026 at 04:02PM
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🇻🇪🛢️ LOS 65 MIL MILLONES DE BARRILES DE VENEZUELA: UNA COSA ES TENER PETRÓLEO BAJO TIERRA Y OTRA MUY DISTINTA PODER SACARLO
El acuerdo petrolero anunciado entre Estados Unidos y Venezuela está siendo presentado como una operación energética monumental: más de 65 mil millones de barriles de reservas, 17 campos petroleros, decenas de miles de millones de dólares de inversión y la posibilidad de convertir nuevamente a Venezuela en una gran potencia productora.
Los números impresionan.
Pero hay un pequeño detalle que cambia prácticamente toda la historia:
ese petróleo no está esperando en un tanque para que alguien llegue con un barco y se lo lleve.
Está bajo tierra.
Y buena parte de él está precisamente en una de las provincias petroleras técnicamente más complicadas y deterioradas del planeta.
Venezuela posee alrededor de 303 mil millones de barriles de reservas probadas, las mayores del mundo. Sin embargo, actualmente produce aproximadamente 1.25 millones de barriles diarios.
Ahí está la primera paradoja.
Estados Unidos produce del orden de 13 millones de barriles diarios. Venezuela, sentada sobre las mayores reservas probadas del planeta, produce menos de una décima parte.
¿Por qué?
Porque reservas no significa capacidad de producción.
Durante décadas Venezuela llegó a producir más de 3 millones de barriles diarios. Después vinieron años de desinversión, pérdida de personal especializado, deterioro de PDVSA, problemas eléctricos, instalaciones abandonadas, falta de mantenimiento, sanciones, expropiaciones y enormes dificultades para atraer capital internacional.
El resultado es una infraestructura petrolera profundamente deteriorada.
Y esto no es simplemente una opinión política.
Es un problema industrial.
Gran parte de las reservas venezolanas se encuentra en la Faja Petrolífera del Orinoco, donde predomina petróleo pesado y extrapesado.
Ese petróleo no se comporta como un crudo ligero convencional.
Por su elevada viscosidad necesita infraestructura especializada y, normalmente, diluyentes para poder transportarse y comercializarse. Para obtener un producto de mayor valor pueden utilizarse enormes instalaciones conocidas como upgraders, capaces de transformar ese crudo extrapesado en petróleo sintético más ligero.
Y ahí aparece otro dato importante:
de los cuatro grandes upgraders construidos originalmente en la Faja del Orinoco, hacia finales de 2025 solamente uno continuaba operando, y a niveles reducidos.
Por eso anunciar decenas de miles de millones de barriles de “reservas controladas” puede producir una impresión completamente equivocada.
No estamos hablando de descubrir Arabia Saudita debajo de Venezuela.
Los yacimientos venezolanos se conocen desde hace décadas.
Lo que falta no es encontrar el petróleo.
Lo que falta es reconstruir la máquina industrial capaz de producirlo competitivamente.
Y ahí entra ExxonMobil.
Cuando Donald Trump reunió en enero a los grandes ejecutivos petroleros estadounidenses y los invitó a invertir masivamente en Venezuela —hablando de aproximadamente 100 mil millones de dólares— la respuesta del CEO de ExxonMobil, Darren Woods, fue extraordinariamente clara:
Venezuela, bajo las condiciones existentes, era “uninvestable”.
No dijo que Venezuela no tuviera petróleo.
Todo lo contrario.
El problema era que una petrolera que piensa invertir miles de millones durante décadas necesita algo más que reservas geológicas.
Necesita:
seguridad jurídica;
protección durable de las inversiones;
contratos ejecutables;
estabilidad fiscal;
reglas claras sobre hidrocarburos;
seguridad operacional;
infraestructura eléctrica;
oleoductos;
terminales;
puertos;
diluyentes;
capacidad de procesamiento;
y garantías de que después de invertir miles de millones el Estado no cambiará nuevamente las reglas o expropiará los activos.
Exxon sabe perfectamente de qué está hablando.
La compañía ha tenido activos confiscados dos veces en Venezuela.
Posteriormente envió equipos técnicos para evaluar la posibilidad de regresar al proyecto Cerro Negro, en la Faja del Orinoco.
¿Y qué encontraron?
Infraestructura severamente deteriorada, pozos dañados y un upgrader que requería reparaciones importantes.
Las estimaciones conocidas hablaban de hasta 5 mil millones de dólares solamente para rehabilitar Cerro Negro, mientras desarrollar proyectos nuevos podía requerir alrededor de 10 mil millones por proyecto.
Eso permite poner el anuncio actual en perspectiva.
El problema venezolano nunca ha sido simplemente:
“tenemos petróleo, vamos a sacarlo”.
El problema es transformar reservas geológicas gigantescas en producción comercial sostenida.
Y eso requiere capital gigantesco, tecnología, años de trabajo y estabilidad política y jurídica.
El propio acuerdo anunciado reconoce implícitamente esa realidad.
El objetivo inicial planteado por Venezuela es llevar la producción vinculada al acuerdo hasta aproximadamente 1.5 millones de barriles diarios mediante 17 campos estratégicos, además de desarrollar posteriormente ocho bloques adicionales.
Eso es significativo.
Pero tampoco significa que mañana aparecerán millones de barriles adicionales en el mercado mundial.
Incluso Reuters señala que reconstruir la infraestructura necesaria para producir, transportar y procesar el crudo pesado venezolano puede tomar años.
Hay además otro problema conceptual con la manera en que se está comunicando el acuerdo.
Decir que Estados Unidos obtuvo control mayoritario sobre 65 mil millones de barriles suena como si alguien hubiera adquirido 65 mil millones de barriles físicamente disponibles.
No.
Lo adquirido —según los términos conocidos hasta ahora— son derechos económicos y operativos relacionados con reservas que todavía tienen que ser desarrolladas y producidas.
Es una diferencia gigantesca.
Un barril de reserva bajo tierra no vale lo mismo que un barril producido, transportado y colocado en una refinería.
Entre ambos existen miles de pozos, electricidad, bombas, tuberías, mejoradores, diluyentes, terminales, barcos, trabajadores especializados, seguros, financiamiento, contratos y miles de millones de dólares.
Y además existe el riesgo político.
El anuncio tampoco ha aclarado completamente todavía la arquitectura jurídica y financiera mediante la cual Estados Unidos ejercerá ese control, ni hasta qué punto futuros gobiernos venezolanos reconocerán compromisos extraordinariamente largos adoptados por la actual administración.
Ese riesgo tiene precio.
Las petroleras lo saben perfectamente.
Por eso resulta particularmente revelador que Washington pueda anunciar una operación gigantesca mientras ExxonMobil —la mayor petrolera estadounidense— haya sido mucho más cautelosa a la hora de poner su propio dinero sobre la mesa.
Hay, además, una ironía económica.
Para aumentar rápidamente la producción venezolana se necesitan inversiones enormes.
Pero para atraer esas inversiones las compañías necesitan expectativas de rentabilidad suficientemente altas.
Al mismo tiempo, Washington presenta el incremento de producción como mecanismo para reducir el precio del petróleo y de la gasolina.
Ambos objetivos no necesariamente caminan en la misma dirección.
Cuanto menor sea el precio esperado del petróleo, menos atractivos resultan precisamente los proyectos marginales más costosos.
Y el crudo extrapesado venezolano no pertenece precisamente a la categoría de petróleo más sencillo y barato de desarrollar.
Entonces, ¿el acuerdo carece de importancia?
No.
Puede ser extraordinariamente importante.
Venezuela posee una cantidad descomunal de hidrocarburos y recuperar parte de su capacidad productiva podría modificar durante décadas el mapa energético del hemisferio occidental.
Además, las refinerías estadounidenses de la Costa del Golfo tienen una ventaja importante: muchas fueron diseñadas precisamente para procesar crudos pesados.
Pero una cosa es reconocer el potencial estratégico del acuerdo y otra muy distinta vender la impresión de que Estados Unidos acaba de encontrar 65 mil millones de barriles listos para resolver inmediatamente sus problemas energéticos.
Eso simplemente no describe la realidad industrial.
La realidad es mucho menos espectacular y mucho más complicada:
Venezuela tiene muchísimo petróleo.
Pero tiene una industria petrolera profundamente deteriorada.
Produce alrededor de 1.25 millones de barriles diarios pese a poseer las mayores reservas probadas del planeta.
Gran parte de esas reservas son crudos pesados y extrapesados que requieren tratamiento especializado.
Necesita decenas de miles de millones de dólares —posiblemente mucho más a lo largo de décadas— para recuperar y ampliar infraestructura.
Necesita reconstruir confianza jurídica después de décadas de expropiaciones y cambios regulatorios.
Y necesita convencer precisamente a las compañías que poseen el capital, la ingeniería y la tecnología necesarias de que invertir ahí no significa volver a perderlo todo.
El petróleo existe.
Eso nunca estuvo realmente en discusión.
Lo que todavía falta demostrar es que existe el sistema económico, jurídico, tecnológico e industrial capaz de convertir esas gigantescas reservas subterráneas en millones de barriles diarios de producción rentable.
Y esa diferencia —entre petróleo bajo tierra y petróleo producido— vale literalmente cientos de miles de millones de dólares.
Facta non ficta.
FUENTES:
Reuters — Trump says US is taking partial control of Venezuela’s vast oil reserves
https://t.co/QjKgD8rw46
Reuters — Venezuela’s interim president says US energy deal will last 25 years
https://t.co/dKsmX1BPuX
U.S. Energy Information Administration — Venezuela: Country Analysis
https://t.co/9uxLkSaJ9w
ExxonMobil — Our perspective regarding the situation in Venezuela as shared with President Trump
https://t.co/M46FnAeJqz
Financial Times — US oil giant ExxonMobil tells Donald Trump Venezuela is “uninvestable”
https://t.co/9uDZK2G86m
The Wall Street Journal — Inside Exxon’s Dilemma Over Returning to Venezuela
https://t.co/pjGhPqOBev
The Brattle Group — Venezuela’s Hydrocarbons Sector: Resource Potential, Structural Constraints, and Emerging Opportunities
https://t.co/KeUobBdwKp
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Aug 30, 2026