08/28/2026
ORGULLO Y POBREZA
Por: Luis Palau
¿Sabe usted cuál es el secreto de una familia feliz y próspera?
Estoy convencido de que el secreto radica en cada uno de los individuos dentro de esa familia. Demasiadas personas creen hoy en día que la familia feliz y próspera es aquella que tiene mucho dinero, una casa quinta con un jardín y una piscina.
Todo eso es deseable y hasta saludable, por cierto y algunos tienen estos privilegios pero otros no.
El secreto y el requisito esencial para una familia feliz y próspera que sea cristiana, es una maduración espiritual. En 1 Juan 2:12-14, en la Biblia, se nos habla de tres tipos de cristianos: niños, jóvenes y padres. Para que pueda haber verdadera madura felicidad y prosperidad en el hogar debe haber madurez. Tiene que haber padres y madres maduros en el contexto espiritual del hogar.
En algunas ocasiones he contado cómo tuve que pedir perdón a mis dos hijos por causa de promesas que yo había hecho que no había cumplido. En el caso del segundo hijo mío, aconteció que le di un castigo que él no merecía y él llevaba esa carga encima por tres años. Esa carga la merecía yo.
¿Cómo tener una familia feliz y próspera? Por medio de una maduración espiritual y personal nuestra. ¿Cómo conseguir una personalidad transparente? ¿Cómo vivir una vida de libertad espiritual y moral? ¿Cómo vivir una vida de libertad en el hogar? Analicemos lo que dicen las bienaventuranzas del Sermón del Monte en San Mateo capítulo 5. En este pasaje encontraremos el secreto para madurar espiritualmente y así tener una familia feliz y prospera. Dice así: «Viendo la multitud, subió Jesús al Monte y sentándose vinieron a él sus discípulos y abriendo su boca les enseñaba diciendo: “bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”»; otra versión dice: “felices los que reconocen su necesidad espiritual pues el reino de los cielos pertenece a ellos”. El obstáculo más grande para ser una persona madura y que lleguemos a ser verdaderos hombres y mujeres como Dios diseñó que fuésemos, es el orgullo. El orgullo que se revela por medio del egoísmo. El enemigo número uno de la raza humana es el egoísmo.
¿Qué significado tiene esta palabra? La palabra «ego» se traduce «yo»; el ego es la exaltación del «yo». Esto nos hace arrogantes, egocéntricos, esto nos hace rebelar contra Dios, negar su Palabra, violar sus mandamientos y ser rebeldes de corazón.
Aun las personas aparentemente más piadosas en lo externo, en lo íntimo de su alma tienen un corazón hasta cierto punto rebelde porque la raza humana es una raza egoísta.
En el libro de 1 Pedro capítulo 5 se nos dice: «“Dios se opone a los orgullosos
pero da gracia a los humildes”. Así que humíllense ante el gran poder de Dios y, a su debido tiempo, él los levantará con honor» (1 Pedro 5:4-5 NTV).
Dios está buscando a los que son pobres y humildes de espíritu y que tiemblan ante su palabra. Dichosos, los que reconocen humildemente sus necesidades espirituales, porque de ellos es el reino de los cielos. Dijo el Señor Jesús que debemos contrarrestar el orgullo y el egoísmo que es lo que arruina la persona, a las familias y a las naciones.
Si usted desea llegar a ser una persona madura, lo cual yo personalmente también deseo, tenemos que, de alguna manera, encontrar una solución para este enorme problema destructivo que es el orgullo y el egoísmo porque Dios se opone a los orgullosos. ¿Qué nos dice Jesús acerca de cómo podemos contrarrestar o destruir el orgullo y el egoísmo? En Mateo 5:3: «felices, dichosos, los que reconocen su necesidad espiritual» o sea los pobres en espíritu.
¿Qué significa pobreza de espíritu? ¿Qué implica reconocer su necesidad espiritual?
Ser pobre en espíritu significa que reconocemos ante todo que tenemos orgullo, vanidad y tenemos necesidades espirituales. Reconocemos nuestro pecado, que somos pobres y que hemos pecado contra Dios.
Reconociendo todas nuestras falencias podemos pedir a Dios que tome señorío de nuestro espíritu y de nuestro ser.
El alma humana tiene un trono y depende de quién esté sentado en ese trono que se provoca el tipo de personalidad que tenemos. Si el ego o el «yo» está sentado en el trono habrá falta de armonía y toda clase de pecado, pero si Dios por medio de Jesucristo está controlando el trono de nuestro corazón, entonces habrá pobreza de espíritu y, como resultado, podemos subyugar el orgullo y honrar a Dios.
Pobreza de espíritu significa que se manifiestan la gracia del Espíritu Santo y las evidencias de la salvación: amor, gozo, paz, paciencia, mansedumbre.
Cuando una persona es pobre de espíritu se acepta a sí mismo. Reconoce que es orgulloso, confiesa que es arrogante, pero también da gracias a Dios porque Él nos acepta así como somos ya que Cristo murió en la cruz y dice «yo te amo».
A pesar de tanta injusticia y tantos defectos Dios nos ama; Dios nos ha aceptado por medio de Cristo. Ser pobre en espíritu significa que discernimos nuestro orgullo y conquistamos nuestra arrogancia, pero no nosotros sino Cristo en nosotros.
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí dice San Pablo en Gálatas 2:20.
Ese es el secreto de la pobreza de espíritu. Practiquémoslo en nuestras vidas.
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