Festival Luis Palau

Festival Luis Palau QUÉ ES UN FESTIVAL? El Festival -Conferencia es un concepto moderno de gran convocatoria popular en grandes ciudades.

Enmarcado con el eslogan de "Buena Música y Buenas noticias" se presenta un espectáculo digno de competir con la puesta en escena de las grandes presentaciones más taquilleras del mundo. Grupos musicales de varios ritmos desfilan uno tras otro deleitando a miles que se acercan al lugar del evento motivados por una fuerte campaña publicitaria y la invitación de miles de personas que deseosas de tra

nsmitir las buenas noticias del evangelio, invitan a sus amigos y conocidos. Luego de unas tres horas de música, Luis Palau entrega un mensaje de aliento y esperanza que impacta la vida de las personas y desafía a encolumnarse en una contra-cultura que eleve el concepto de familia. Expone sobre temas sociales que afectan al ser humano, la autoestima, la superación, la felicidad, la paz y el amor. La libertad que provee el hecho de realizar estos Festivales en parques, calles o plazas publicas, sumado a que no se cobra entrada, genera un ambiente familiar, festivo y distendido que se extiende por largas horas y que le ha valido el nombre de Festival. En el año 1999, la Asociación Luis Palau desarrolló exitosamente este nuevo concepto, adoptado luego por otras organizaciones. Como pionero en este tipo de presentaciones, se granjeó el respaldo de los medios masivos de comunicación social de distintas latitudes.

06/05/2026

LOS LÍMITES DE DIOS PARA LA LIBERTAD

Tomado del libro de Luis Palau “De la mano de Jesús”
PASO 33

¿Son los mandamientos de Dios motivo de ánimo y aliento para usted? ¿Disfruta usted estudiándolos y obedeciéndolos? Por ejemplo, ¿cuándo fue la última vez que meditó seriamente en los Diez Mandamientos?

—Pero Luis— dice usted—, ¿quién puede hoy día entusiasmarse con los Diez Mandamientos?

Cuando yo era niño, los mandamientos de Dios —en especial los Diez Mandamientos— eran enseñados de manera tan legalista que evité todo estudio serio sobre ellos hasta cuando terminé mis estudios en una escuela bíblica. Entonces descubrí qué tan poco se ha escrito sobre los Diez Mandamientos.

Nuestra naturaleza pecaminosa hace que corrompamos lo hermoso. La ley moral de Dios —a la que el Apóstol Pablo llamó santa, justa y buena (Romanos 7:12)— la convertimos en un legalismo opresivo. Tal vez por eso fruncimos el ceño ante la simple mención de los Diez Mandamientos.

«Me hacen acordar a mi abuela, que se molestaba sobremanera cuando yo quería salir a jugar los días domingos» dirá alguno.

«El pensar en los mandamientos me recuerda a mi padre, que se negaba a leer el diario del domingo» dirá otro.

Las palabras de Dios no debieran provocar tales reacciones. Volvamos a la ley moral de Dios y sacudamos las cadenas que hemos creado los seres humanos, tal vez sinceros y bien intencionados pero pecadores al fin, que hemos torcido la belleza de los mandamientos de Dios.

Cuando el Señor le dio a Israel los Diez Mandamientos, dijo: «Escuchen ustedes, pueblo de Israel, los saqué de la esclavitud no para crear otra esclavitud sino para liberarlos. Si permanecen dentro de los límites que les daré entonces serán libres. Tendrán libertad de acción. De manera que disfruten de todo lo que les he dado».

Pero la declaración de Dios también incluye una advertencia: «Mientras permanezcan dentro de mis límites, serán libres; pero si tratan de cruzar ese límite, nuevamente estarán en esclavitud».

Estoy convencido de que esta es la forma en que Dios quiere que consideremos sus mandamientos. El Apóstol Juan nos recuerda: «Sus mandamientos no son una carga difícil de llevar» (1 Juan 5:3 NTV). Sus mandamientos son vida.

Ahora bien, es evidente que no debemos tratar de guardar los Diez Mandamientos para alcanzar la salvación. Todos somos pecadores (Romanos 3:23) y necesitamos a un Salvador, Jesucristo (Romanos 5:8). Tanto la Biblia como la experiencia nos enseñan que aunque lo intentáramos, no podríamos guardar los Diez Mandamientos en su totalidad (Romanos 7:1-8:4).

El propósito de los mandamientos de Dios no es proporcionar salvación sino poner un fundamento, un fundamento sobre el cual podamos ir agregando en nuestras vidas las características de Jesucristo, que vive en nosotros desde que le recibimos en el corazón (Gálatas 2:20; 3:19-29).

Le aconsejo que pase tiempo meditando en las enseñanzas de Dios. Comience con los Diez Mandamientos en Éxodo 20:1-17. Al tiempo que estudia y ora, conteste las siguientes preguntas: En primer lugar, ¿qué revela cada mandamiento en cuanto al carácter de Dios? En segundo lugar, ¿de qué me libera cada mandamiento? Tercero, ¿de qué forma me protege cada mandamiento? Finalmente, si el amor es el cumplimiento de la ley (Gálatas 5:14), entonces ¿qué es lo que cada mandamiento revela en cuanto al amor?

Creo que una vez que usted responda estas cuatro preguntas, ya nunca mirará los mandamientos de Dios con una actitud negativa. Si usted los considera desde la perspectiva apropiada, descubrirá principios que aumentarán su entendimiento de su Padre celestial, infinitamente sabio y amante.

¿Por qué no hace la prueba?

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05/29/2026

LUIS PALAU RESPONDE

El anticristo

Sr. Palau:

He estado leyendo acerca de un anticristo. Sr. Palau, ¿existe tal persona? ¿Se habla de ella en la Biblia? ¿Qué marcas tiene el anticristo?

RESPUESTA

Por supuesto, la misma frase «anticristo» ya nos indica más o menos el tipo de persona de que se trata. A través de los siglos muchos grupos han procurado identificar quién pudiera ser el anticristo, y como en todos los casos proféticos, es un peligro tremendo. Sin embargo, hay ciertas características mencionadas en la Biblia que le destacan como un gran enemigo de Dios.

El anticristo, según 2 Tesalonicenses capítulo 2, es: «El hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios» (2:3-4 RV60).

El anticristo será una persona que al final de la historia se levantará, y una vez levantado, procurará dominar la humanidad. Va a imponer su reino sobre la tierra por un período de siete años. Durante los primeros tres años y medio de su reino engañará a la humanidad con una paz falsa sobre la tierra.

Pero durante los últimos tres años y medio de su reino se desatará una violencia, una depravación y una represión sobre el mundo, como la humanidad nunca ha soñado. Se va a oponer a Dios y a todo lo que se llama Dios, tanto que se hará pasar por Dios y procurará que lo adoren como si fuese Dios. Este anticristo, que no se levanta tan solo contra Cristo y contra Dios, sino que se va a imponer sobre la humanidad, tendrá un dominio y un control casi completo sobre la raza humana por este breve período de tiempo que en la Biblia se llama «la gran tribulación» (Apocalipsis 7:14). La agonía y el sufrimiento están descriptos en los capítulos 19 y 20 de Apocalipsis y en los capítulos 10, 11 y 12 del libro de Daniel. Le recomiendo que lea esos pasajes.

Afortunadamente, el anticristo será juzgado por Dios y destruido después de los siete años. Pero la Biblia enseña que viene, y la única forma de estar preparados es estar rendidos al verdadero Cristo.

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05/22/2026

COMPRENDIENDO LA AUTORIDAD DE LA BIBLIA
Por: Luis Palau
¿Tiene autoridad la Biblia?
Esta es una de las preguntas más antiguas y debatidas entre los seres humanos. También es una de las más importantes para que consideremos en nuestro día. La gente a menudo demuestra su condición espiritual por la actitud que tiene hacia la Biblia.
Hace tiempo tuve la oportunidad de reunirme con varios pastores cerca de una ciudad en que estábamos celebrando un festival. Decir que nuestra conversación me produjo una especie de shock, podría parecer una exageración; sin embargo, me sorprendí sobremanera por las serias diferencias de opinión que teníamos en algunas cuestiones fundamentales. Al menos la mitad de esos pastores no aceptaba la autoridad de la Biblia como Palabra de Dios.
Varios señalaron que creían que en la Escritura había pasajes erróneos. Fue aún más sorprendente cuando admitieron que si ciertas porciones de la Biblia los incomodaban, llegaban a la conclusión de que tales porciones debían dejarse de lado por carecer de fundamento científico.
¿Nos extraña entonces que haya lugares en que la Iglesia cristiana está tambaleante? ¿Quién puede estar interesado en escuchar a pastores y predicadores que rechazan la Biblia como Palabra de Dios? ¿Con qué autoridad pueden predicar? Por otra parte, ¿cómo es posible saber cuáles pasajes bíblicos son inspirados por Dios y cuáles no?
Cuando oigo que personas que profesan ser cristianas cuestionan si la Biblia es Palabra de Dios, no puedo menos que preguntarme si los cristianos de hoy no adoran a un Dios demasiado pequeño. Después de todo, si Dios es Dios, ¿no pudo acaso escribir un libro sin errores? Claro que pudo y lo hizo.
Pablo pudo decir a Timoteo con toda confianza: «Pero tú debes permanecer fiel a las cosas que se te han enseñado. Sabes que son verdad, porque sabes que puedes confiar en quienes te las enseñaron. Desde la niñez, se te han enseñado las sagradas Escrituras, las cuales te han dado la sabiduría para recibir la salvación que viene por confiar en Cristo Jesús» (2 Timoteo 3:14-15 NTV). ¿Por qué razón Pablo podía decir eso? Porque toda la Escritura es inspirada por Dios; tiene autoridad porque es Palabra de Dios, no de hombres.
Pedro pudo escribir: «Pues no estábamos inventando cuentos ingeniosos cuando les hablamos de la poderosa venida de nuestro Señor Jesucristo. Nosotros vimos su majestuoso esplendor con nuestros propios ojos» (2 Pedro 1:16 NTV).
La Biblia transparenta autenticidad. Ningún otro libro tiene el sello de aprobación divino.
Recuerdo haber leído la explicación de un expositor bíblico, quien escribió lo siguiente acerca de la singularidad de la Biblia: «De todos los oráculos humanos, sin importar cuán confiables sean, vamos a la inspirada Palabra donde, en vez de declaraciones ambiguas e indignas de ser creídas, encontramos enseñanza distintiva y definida, enseñanza impregnada de autoridad e infalibilidad». En verdad podemos confiar en la Palabra de Dios.
Si Dios no fuera capaz de escribir un libro perfecto, ¿por qué confiar en un Dios así para nuestra salvación? No trato de decir que la fe en la inerrancia bíblica es necesaria para la salvación. Pero sí trato de decir que debemos aceptar la Biblia como Escritura divina a fin de experimentar autoridad, poder y comunión con Dios en nuestra vida cristiana.
La fe en la completa autoridad de la Escritura es vital para el entendimiento de la vida cristiana auténtica y victoriosa. Es solo a través de una fe tal que comenzamos a conformarnos a la imagen de Cristo.
¿Crees de todo corazón no solo en Jesucristo como Salvador sino también en la Biblia como la Palabra de Dios, Palabra que tiene un mensaje pleno de autoridad?
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05/15/2026

ANALIZANDO LAS RAZONES DEL SUFRIMIENTO
Señor Palau,
Si en verdad hay un Dios, ¿por qué permite tanto sufrimiento en el mundo?
Un filósofo francés hizo el siguiente comentario: «Dios está mu**to. Marx está mu**to. Y yo por mi parte no me siento muy bien». Sus palabras y actitud ilustran el pesimismo reinante en nuestra sociedad.

Si en verdad hay un Dios, ¿por qué permite tanto sufrimiento en el mundo? Se pregunta usted y mucha gente. Muchos cristianos sinceros se debaten con esta misma pregunta. Solo podremos entender el problema del sufrimiento yendo a la Biblia.

Básicamente, hay cuatro clases de sufrimiento. El primer tipo es el sufrimiento como resultado de desastres naturales, como por ejemplo un terremoto o una gran tormenta, cuyas consecuencias afectan a justos e injustos (Mateo 5:45).

Una segunda clase de sufrimiento podría denominarse «la inhumanidad de los seres humanos hacia los seres humanos». La guerra entraría en esta categoría. El hombre trata de herir a su prójimo debido a su codicia y su orgullo (Santiago 4:1-2).

Un tercer tipo de sufrimiento se demuestra con claridad en la vida de Job en el Antiguo Testamento. Fue resultado del ataque directo de Satanás. Después que recibió autorización de Dios, Satanás comenzó a actuar y causó un sufrimiento indecible a Job y su familia.

La cuarta clase de sufrimiento es el que se produce como resultado de nuestras propias acciones equivocadas. Por ejemplo, si me arrojo del techo de mi casa y caigo al suelo, rompiéndome la pierna (y eso es lo menos que podría sucederme), estoy sufriendo porque quebranté la ley divina de la gravedad. De la misma manera los individuos sufren cuando quebrantan las leyes morales de Dios.

Mucho sufrimiento existe como resultado de las malas elecciones que hacen los seres humanos. Parte del sufrimiento —aunque no todo— es permitido por Dios como castigo por el pecado. A menudo Dios simplemente obliga a las personas a vivir con las consecuencias de sus acciones (Gálatas 6:7- 8).

Cada vez que los seres humanos quebrantan las leyes de Dios, hay otros que también estarán expuestos al dolor. Encontramos un claro ejemplo en la historia de Acán en Josué 7. Cuando él codició y tomó parte del botín de la batalla de Jericó, su pecado costó la vida de 36 hombres en la batalla contra el pueblo de Hai. Otros habrán de sufrir por la desobediencia de una persona. Es inevitable.

Ya sea que hayamos provocado nuestro propio sufrimiento o no, la manera en que respondemos a él habrá de construirnos o destruirnos como cristianos. Las circunstancias por lo general no moldean nuestro carácter, sino que lo revelan. Pero respondiendo adecuadamente a las pruebas, podemos desarrollar paciencia y un carácter maduro (Romanos 5:3-4).

Los problemas, las presiones, la calamidad o la muerte de un ser querido a menudo hacen que nos examinemos y tratemos de descubrir pecado en nuestras vidas (ver 1 Reyes 17:18). El dolor clava la bandera de la verdad en el corazón. Sin embargo, debemos tener cuidado de no permitir a Satanás que nos abrume con un falso sentido de culpa y un dolor por demás excesivo (2 Corintios 2:7). La esposa de Job lo incitó a maldecir a Dios y morirse (Job 2:9). Pero él no se dio por vencido y permaneció fiel al Señor. Nótese que al final Dios le devolvió a Job todo lo que había tenido antes, y aún más (Job 42:10-17).

En vez de centrar la mirada en las circunstancias, debemos mantener nuestros ojos en Jesucristo, la fuente de vida. Él nos dará victoria en cualquier situación que atravesemos, y como resultado de esas pruebas seremos cristianos más fuertes y mejor equipados para servirle.

En tiempos de pesimismo y sufrimiento podemos decir con el salmista: «El Señor está de mi parte, por tanto, no temeré. ¿Qué me puede hacer un simple mortal?» (Salmo 118:6 NTV). El Señor mismo, como el Siervo Sufriente, es nuestro consuelo y esperanza en tiempos difíciles.

¿Confía usted en Dios y espera en Él cuando atraviesa por tiempos de dificultades y tristezas?

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05/08/2026

SOY VÍCTIMA DE LA FORNICACIÓN

Sr. Palau:

Soy viuda desde hace doce años. Tengo una hija de once años que nació a los pocos meses de morir mi esposo. Hace tiempo me entregué a un hombre casado y con hijos. El no desea romper con su esposa para casarse conmigo, pero al mismo tiempo me cela mucho hasta el punto de llegar a maltratarme porque cree que yo no le he sido fiel. Soy una mujer de buena posición económica, soy licenciada en leyes y tengo lo suficiente para vivir cómodamente. He tratado de romper con él, pero se pone violento, y aunque conozco las leyes me da temor confrontar esta situación.

El desenlace tiene que comenzar en su propia vida, señora. En primer lugar, tiene que haber una solución espiritual y luego una solución práctica. La solución espiritual está en la persona del Señor Jesucristo. Los consejos que le doy están en su totalidad basados en la Palabra de Dios, la Biblia. He conocido a muchas personas con casos similares al suyo, y tales personas encontraron la solución cuando empezaron a considerar a Dios esencial en sus vidas. Ante todo, entonces, tiene que entregarle su vida a Cristo y recibirlo en su corazón. Debe reconocer que todos estos años en que ha llevado una vida inmoral con este hombre, han sido años de pecado. Pero Jesucristo puede borrar el pasado y limpiar su corazón (1 Juan 1:9; Hebreos 8:12).

En segundo lugar, usted tiene que comenzar a orar a Dios para encontrar un método correcto de terminar con este hombre. Si sigue con él, nunca encontrará la paz que está buscando, ni tampoco podrá conocer el plan de Dios para su vida (que a lo mejor incluye un compañero ideal que Dios le haya preparado).

Quiero sugerirle que se reúna con sus padres y les cuente el drama de su vida. Estoy seguro de que ellos estarán dispuestos en ayudarla a terminar con este hombre. Tal vez por algún tiempo ellos debieran vivir con usted para respaldarla.

Usted debe hablar con este hombre, pero no en privado sino en presencia de sus padres u otra persona respetable, para que él se dé cuenta de que usted está hablando en serio y que tendrá el respaldo de otras personas para cumplir con su decisión. Dígale que deben terminar la relación porque usted se ha dado cuenta de que lo que están haciendo está mal. No hable con amenazas sino en el amor de Dios, ya que usted quiere obedecer a Dios. Explíquele la decisión que ha hecho de aceptar a Cristo en su corazón, deje en claro que no desea destruir una familia y que por otra parte su obligación es ser una madre ejemplar para su hija.

No va a ser fácil, pero Cristo en su corazón le dará el coraje y el ánimo que necesita para dar este paso decisivo.

Le recomiendo también que se una a un grupo de cristianos que conozcan a Cristo como su Salvador personal y lean y estudien la Biblia. Esto es esencial para toda persona que empieza una nueva vida con Cristo en el corazón.

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05/01/2026

ME PROHIBEN QUE LO AME

Sr. Palau:

Mi novio es conductor de taxi, y mis padres se oponen a nuestro noviazgo. Ellos piensan que ser taxista no es una profesión muy noble. ¿Qué debo hacer? Yo quiero la bendición de mis padres sobre mi matrimonio.

Señorita, quiero decirte que Dios te bendecirá por esa excelente actitud que tienes hacia tus padres, y ese temor que has demostrado hacia Dios. La Biblia dice que debemos obedecer a nuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor (Colosenses 3:20). Al buscar la bendición de tus padres y al tratar de obedecerlos, estás haciendo la voluntad de Dios.

Ante todo, quiero decirte que toda profesión u oficio es noble cuando se ejecuta de manera recta e íntegra. Veo que ustedes han sido novios a escondidas de tus padres, porque parece ser que al enterarse tus padres, no quisieron que siguieras con el noviazgo. Les has hecho creer que has terminado con esta situación, pero en realidad no lo has hecho. Esto es triste. No hay cosa más desagradable para un joven o una señorita que mantener un noviazgo cuando sabe que sus padres no están de acuerdo con el mismo. Ese ocultamiento, esa duplicidad, o podríamos decir hipocresía, aunque sincera, trae tremendas cargas sobre la conciencia y el corazón, y en el caso tuyo es evidente.

La Biblia dice que debemos andar en la luz (1 Juan 1:9), no en las tinieblas. Lo primero que debes hacer es arreglar la relación con tu novio. Para esto, sigas los siguientes pasos.

Primero, honestidad. Habla con tu novio hoy mismo y dile que no puedes seguir ocultando el noviazgo de tus padres. Es una mala práctica. Si los jóvenes se acostumbran a ocultar a sus padres su noviazgo, ¿quién puede decir que después de casados no se habitúen a ocultarse cosas el uno del otro? Tiene que salir todo a la luz y pedir el perdón y la limpieza de Dios (1 Juan 1:9).

Segundo, firmeza. Dile a tu novio que esta es una decisión definitiva tuya, y que no vas a seguir este noviazgo bajo ninguna circunstancia hasta que no tengas la plena bendición de tus padres y sientas paz y tranquilidad.

Tercero, lograr que tu noviazgo tenga plena esperanza en Dios, porque si es Su voluntad que ustedes se casen, no tendrán ningún temor.

Hay que considerar la relación con tus padres. Vas a tener que optar por una actitud de humildad ante ellos. Tienes que ganarte su confianza. Habla con ellos acerca de tu noviazgo.

Tu novio tendrá que ir a la casa y demostrar a tus padres que de veras es un hombre noble, responsable, digno de tu amor, y por lo tanto un muchacho que ellos puedan aprobar para ser tu marido.


Por último, usa de razonamiento. Tus padres no son tercos porque si se oponen, es porque tienen una convicción íntima que a lo mejor no quieren expresarle a ti.

Te debo hablar de tu relación personal con Jesucristo, el Hijo de Dios. No te estoy hablando de una u otra iglesia; sino de una amistad personal, íntima, genuina, en el alma tuya con Jesucristo, el Hijo de Dios. Cristo es el único que te puede dar el poder para afrontar esta situación difícil y resolverla positivamente. Además, Cristo puede darles a ti y a tu novio la fidelidad, el amor y la honestidad que necesitan para un matrimonio perdurable. Solo Cristo puede asegurar un matrimonio feliz. Cuando Cristo viene a vivir en el corazón, Él nos perdona el pasado, nos limpia de toda maldad, purifica nuestra conciencia y nos da paz con Dios, porque la Biblia dice en 1 Juan capítulo l:7: «La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado».

Si ustedes reciben a Cristo y si es la voluntad de Dios que tus padres cambien de opinión y ustedes se casen, tu matrimonio será feliz. Con problemas, sí, pero con Cristo siempre hay solución, porque el cristiano puede decir: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).

Señorita, si recibes a Cristo en el corazón, si hablas con tu novio y con tus padres, este problema se va a resolver favorablemente.

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04/24/2026

Amor vs. Arrogancia
Por Luis Palau
Es muy bueno conversar y reflexionar acerca de las cosas profundas de la vida porque uno escucha muchas cuestiones vacías y superficiales en el mundo de hoy, ¿verdad?
Todos sentimos, palpamos y vivimos en nuestra vida personal, esa batalla entre Dios y Satanás; esa batalla que se libra en los cielos día tras día.
Hay una batalla entre la pureza y el pecado, y otra entre el amor y la arrogancia; batallas que usted y yo confrontamos día tras día aquí en la tierra.
Las masas incrédulas que no se quieren entregar a Jesucristo, el Hijo de Dios, llevan una vida donde reina el vacío mental, moral y espiritual. En realidad en el alma humana hay dos que quieren gobernar y colocarse sobre el trono de nuestro ser.
Uno es el amor personificado en la persona de Cristo (Juan 3:16) y el otro es la arrogancia personificada en nuestro ego, en nuestro yo, independiente de Jesucristo (Romanos 1:18-23).
El amor y la arrogancia son dos dioses —por así decirlo— que quieren apoderarse de nosotros y dominarnos. El uno nos levantaría y el otro nos destrozaría; el uno nos hace mejores, el otro nos hace peores; el uno nos hace hijos de Dios (Romanos 8:16), el otro nos condena a la eterna condenación del in****no (Tito 3:11).
El amor de Dios está personificado en Cristo Jesús, el bendito hijo de Dios, que nacido de la bendita virgen María se hizo hombre (Filipenses 2:5-8), vivió sin pecado (Hebreos 4:15), murió y resucitó (Romanos 14:9), y hoy se nos presenta a la puerta del alma diciendo:
«Déjame entrar, déjame entrar, quiero perdonarte, quiero cambiarte, quiero darte mi amor y llenarte del Espíritu Santo de Dios».
¿Sabe cuál es el resultado cuando uno recibe a Cristo y al Espíritu Santo? La Biblia dice que el primer fruto es el amor. Luego vienen: alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio (Gálatas 5:22-23 NTV). Pero el amor es el número uno.
Algunos estudiosos de la Biblia dicen que el fruto del Espíritu es el amor. Los demás —alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio— son frutos del amor.
El Apóstol Pablo dice en el libro de Romanos que el amor es el cumplimiento de la ley (Romanos 13:8), o sea que cuando uno ama con base bíblica a otra persona verás que tiene alegría, porque el amor produce alegría. Además, uno tiene paz porque sabe que Dios lo ama y está perdonado; uno tiene gentileza porque confía en Dios y descansa en él; uno tiene paciencia porque sabe que Dios está en control.
Por otro lado, la arrogancia es extremadamente destructiva (Proverbios 16:18) y Dios la odia (Proverbios 6:17). Proverbios 8:13 dice: «odio el orgullo y la arrogancia, la corrupción y el lenguaje perverso» (NTV); quien está hablando es el Señor. Dios aborrece y no hay palabra más fuerte para expresar el desagrado de Dios. El aborrece tanto el orgullo como la arrogancia. Luego el fruto de la arrogancia, que son la corrupción y el lenguaje perverso.
La Biblia indica que todos venimos al mundo con el ego arrogante. La arrogancia es el pecado de todos los pecados. Los demás pecados brotan de la arrogancia, porque la arrogancia es el ego, el yo, mi personalidad queriendo imponerse sobre los demás. Soy yo creyéndome superior a mi amigo; soy yo creyéndome superior a mi esposa, hasta superior a mi madre, a mis hijos y a todo el mundo.
La verdadera raíz del veneno que contamina la raza humana es la arrogancia junto con la soberbia. La arrogancia destruye, y Dios la detesta.
Proverbios 6:16 dice: «Hay seis cosas que el Señor odia, no, son siete las que detesta» (NTV). Detestar significa que uno prácticamente quiere vomitar, tanto es despreciable.
Aquí podemos ver que Dios detesta los ojos arrogantes, no solo los aborrece, sino su alma los abomina. Para que Dios odie algo tan duramente y diga que lo detesta tiene que ser algo muy grave. ¡En realidad es muy grave!
Esto no es una cuestión de decir: «Yo soy una persona muy orgullosa». Si uno tuviera el valor habría dicho: «¿Sabe usted que Dios odia y detesta el orgullo?».
Dios no lo tolera, porque la arrogancia es lo que destruye al ser humano, a las parejas, a los pueblos y a las ciudades y a las naciones. Cuando alguien se humilla delante de Dios, su hermano o su vecino, la mayoría de los problemas desaparecen.
Esto es posible por medio del amor, el amor de Dios. Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).
La Biblia dice en 1 Juan 4:7: «Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros». ¡Qué hermoso pasaje! En este pasaje el apóstol del amor Juan dice: «amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios».
Querido hermano, querida hermana, repito lo que dice la Palabra del Señor esta vez de la Nueva Traducción Viviente: «Queridos amigos, sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios». Además, Jesús explica en Juan 13:35: «El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos» (NTV).
Hay veces que resulta difícil amar a la gente, pero el amor que viene de Dios y del Espíritu y que vive en nosotros nos ayuda a amar.
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04/17/2026

¿La tentación es pecado?
Sr. Palau: ¿Me puede explicar si la tentación es pecado?
RESPUESTA
En primer lugar, la tentación no es pecado. Hay una gran diferencia entre tentación y pecado. Tentación es aquel primer atractivo, aquel primer interés en algo que no está bien. De repente nos llama la atención o llega la ocasión en que nos confrontamos con algo que no está bien. Eso es tentación. ¿Qué es el pecado, pues? Pecado es sucumbir ante la tentación. Si yo soy tentado, y con el poder de Cristo resisto la tentación, entonces no pequé. Pero si soy tentado porque me gusta y quiero, y no aplico el poder de Cristo y sucumbo ante la tentación, eso sí es pecado.
Pero hablemos de la tentación. La tentación nunca es pecado, pero sí ceder ante la tentación, ya sea primero en la mente o luego en el acto. Hay personas que dicen «tentación» cuando quieren decir «pecado». ¿Por qué hay confusión entre tentación y pecado? Muchas personas piensan que si somos tentados pero no cometemos el acto mismo que nos tienta, por cobardía, por conveniencia social, por falta de tiempo, por falta de dinero o por lo que sea, no pecamos. Al contrario, si en nuestra mente y en nuestro corazón deseamos tanto aquel asunto que nos tentaba, en verdad para nosotros ya es pecado, aun cuando no lo hayamos hecho por cobardía, o por lo que fuere. Jesucristo dice sobre la tentación sexual: «Pero el que mira con pasión sexual a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en el corazón» (Mateo 5:28 NTV). Es decir, si codicio a una persona del s**o opuesto, y no me atrevo a cometer el acto de inmoralidad, pero en mi alma lo pienso, lo analizo y juego con ese pensamiento, entonces para mí ya es pecado.
Por otro lado, la tentación puede vencerse gloriosamente. Filipenses, capítulo 4 en la Biblia dice: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (4:13 RV60); y en 1 Corintios capítulo 10 dice: «No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana, pero fiel es Dios que no los dejará ser tentados más de lo que pueden resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que puedan soportar» (10:13 RV60). Siempre que tengamos una tentación, habrá una salida. Paralelamente, Dios no nos permite ser tentados más de lo que podemos soportar. Con Cristo en el corazón, tenemos todo el poder necesario para vencer la tentación, y Dios siempre nos da una salida.
Qué aliento, ¿no es cierto?
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