06/16/2026
No toda opinión necesita ser expresada, y no todo lo que es cierto edifica. Muchas veces creemos que solo estamos compartiendo nuestro punto de vista, cuando en realidad estamos alimentando la crítica, la división o el juicio hacia otros.
La Palabra de Dios nos exhorta a hablar aquello que sea para edificación y que imparta gracia a los oyentes. Antes de expresar una opinión, es bueno preguntarnos:
* ¿Lo que voy a decir glorifica a Dios?
* ¿Edifica o destruye?
* ¿Ayuda a resolver el problema o solo lo expone?
* ¿Lo diría si la persona estuviera presente?
* ¿Está motivado por amor o por crítica?
La murmuración suele disfrazarse de preocupación, consejo o comentario inocente, pero su fruto siempre es la división. En cambio, la sabiduría nos lleva a hablar con verdad, amor y propósito.
“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” (Efesios 4:29)
𝐔𝐧𝐚 𝐨𝐩𝐢𝐧𝐢ó𝐧 𝐬𝐢𝐧 𝐚𝐦𝐨𝐫 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐯𝐞𝐫𝐭𝐢𝐫𝐬𝐞 𝐞𝐧 𝐦𝐮𝐫𝐦𝐮𝐫𝐚𝐜𝐢ó𝐧; 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐠𝐮𝐢𝐚𝐝𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐄𝐬𝐩í𝐫𝐢𝐭𝐮 𝐩𝐫𝐨𝐝𝐮𝐜𝐞 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐲 𝐞𝐝𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢ó𝐧.