10/06/2026
Recordando a los que partieron
Hay personas que se van
sin irse del todo.
Dejan una silla vacía,
pero llenan una casa de recuerdos.
Dejan de responder mensajes,
pero su voz aparece de repente
en una frase,
en una canción,
en una fotografía que no esperábamos encontrar.
Hay nombres
que el tiempo no borra.
Nombres que regresan
cuando alguien cuenta una historia
y vuelve a reír exactamente
en la misma parte.
Hoy recordamos esos nombres.
A quienes caminaron junto a nosotros.
A quienes llegaron a Morivivi
buscando una mano
y terminaron dejando la suya.
Porque también nos acompañaron ellos.
Nos enseñaron a estar.
A entender que, algunas veces,
no había nada que solucionar.
Que alcanzaba con sentarse cerca.
Con escuchar.
Con esperar.
Con compartir un café.
Con sostener una mirada.
Con hacer un poco más liviano
un día demasiado pesado.
Los vimos tener miedo.
Pero también los vimos hacer planes.
Reír.
Enamorarse.
Preocuparse por otros
cuando eran ellos quienes necesitaban cuidado.
Celebrar pequeñas noticias
como si fueran enormes.
Y descubrimos algo:
una persona nunca cabe
dentro de un diagnóstico.
Era la mamá que llamaba a sus hijos.
El abuelo de las historias interminables.
La amiga que hacía reír a todos.
El hombre que siempre llegaba temprano.
La mujer que preguntaba primero
cómo estaban los demás.
Eran mucho más.
Y siguen siendo mucho más.
Porque partir
no deshace lo vivido.
No borra una conversación.
No desarma un abrazo.
No devuelve una carcajada.
No elimina todo aquello
que una persona dejó creciendo
dentro de otra.
Quizás por eso recordar
sea también una manera de encontrarnos.
Decir un nombre
y abrir nuevamente una puerta.
Mirar una fotografía
y regresar por un instante.
Contar una historia
y descubrir que alguien
todavía puede hacernos sonreír
desde la memoria.
Hoy no queremos recordar
el día en que se fueron.
Queremos recordar
todos los días en que estuvieron.
Sus ocurrencias.
Sus preguntas.
Sus silencios.
Sus ganas.
Sus historias.
Todo aquello que hizo
que fueran ellos.
A quienes alguna vez
formaron parte de esta comunidad:
gracias.
Por dejarnos caminar cerca.
Por confiar.
Por permitirnos conocerlos
mucho más allá de una enfermedad.
Hoy sus nombres vuelven a encontrarse
en este espacio.
Y aunque ya no podamos abrazarlos,
hay algo que la ausencia
nunca pudo llevarse:
la huella de haber estado.
Mientras alguien los recuerde,
mientras una historia vuelva a ser contada,
mientras su nombre siga provocando
una sonrisa, una lágrima
o ese pequeño silencio que dice tanto,
seguirán aquí.
De otra manera.
Pero aquí.
En las historias que dejaron.
En las personas que amaron.
En nuestra comunidad.
En nosotros.