06/09/2026
EL PASE ESPÍRITA: MÁS QUE UNA IMPOSICIÓN DE MANOS, UN ACTO DE SOLIDARIDAD ENTRE ESPÍRITUS
Entre las prácticas más conocidas dentro del movimiento espírita se encuentra el pase espírita. Sin embargo, pocas veces se reflexiona con suficiente profundidad acerca de su verdadera naturaleza. Para algunos observadores externos, el pase es visto como una especie de ritual místico; para otros, como una forma de curación milagrosa. Ninguna de estas interpretaciones corresponde exactamente a la visión presentada por la doctrina espírita.
Desde la perspectiva kardeciana, el pase no constituye un sacramento, no posee poder sobrenatural y tampoco depende de fórmulas secretas o privilegios espirituales especiales. Es, esencialmente, una transferencia de energías entre espíritus, realizada con fines de ayuda, alivio y equilibrio.
Para comprender adecuadamente el pase espírita, debemos comenzar recordando una verdad fundamental: somos espíritus antes que cuerpos. Nuestra existencia corporal es temporal, mientras que nuestra naturaleza espiritual es permanente.
Allan Kardec escribió en El Libro de los Espíritus:
"El espíritu es el ser principal; el cuerpo no pasa de ser un accesorio."
Si aceptamos esta premisa, resulta lógico comprender que las influencias que recibimos y emitimos no son exclusivamente materiales. Vivimos inmersos en un constante intercambio de pensamientos, emociones y energías que afectan tanto nuestra dimensión física como espiritual.
Los antecedentes históricos del pase
La imposición de manos es una práctica tan antigua como la propia humanidad. Mucho antes del surgimiento del espiritismo, encontramos referencias a ella en diversas culturas y civilizaciones.
Sin embargo, el espiritismo despoja esta práctica de elementos mágicos y supersticiosos para estudiarla desde una perspectiva racional.
Kardec aborda el tema en La Génesis, cuando explica la acción de los fluidos espirituales y la influencia que los espíritus ejercen sobre los encarnados.
Allí afirma:
"Los fluidos espirituales constituyen uno de los estados de la materia."
Esta afirmación es revolucionaria porque sitúa el fenómeno dentro de un marco natural y no sobrenatural. El pase no sería un milagro, sino una aplicación práctica de leyes naturales aún poco comprendidas por la ciencia materialista.
¿Qué ocurre durante un pase?
Cuando una persona aplica un pase, actúa como un intermediario en un proceso de intercambio fluídico.
André Luiz, a través de la psicografía de Chico Xavier, describe en numerosas oportunidades cómo los espíritus benefactores utilizan los recursos magnéticos de los encarnados para auxiliar a quienes los necesitan.
En Mecanismos de la Mediumnidad señala:
"La mente permanece en la base de todos los fenómenos mediúmnicos."
Esta observación es particularmente importante. El pase no depende únicamente de movimientos de manos. La calidad moral, la intención y el pensamiento del pasista ejercen una influencia decisiva sobre el proceso.
De igual forma, el receptor no es un sujeto pasivo. Su disposición mental, emocional y moral influye directamente en el aprovechamiento de las energías recibidas.
El pase no es una cura milagrosa
Uno de los errores más frecuentes consiste en atribuir al pase capacidades milagrosas.
El espiritismo rechaza esta idea.
Kardec enseñó reiteradamente que las leyes naturales jamás son suspendidas.
La enfermedad puede tener múltiples causas: físicas, psicológicas, emocionales o espirituales. El pase puede contribuir al restablecimiento del equilibrio, pero no sustituye la medicina ni elimina automáticamente las consecuencias de nuestros actos.
El investigador espírita Gabriel Delanne advertía que los fenómenos espirituales deben estudiarse con serenidad y sin exageraciones, evitando convertirlos en objetos de superstición.
De igual manera, Léon Denis señalaba que el verdadero progreso espiritual no se alcanza mediante intervenciones milagrosas, sino mediante el perfeccionamiento continuo del espíritu.
Por ello, el pase debe entenderse como un recurso auxiliar y no como una solución mágica para todos los problemas humanos.
El papel de los espíritus desencarnados
Según la enseñanza espírita, los pases no son realizados únicamente por los encarnados.
En muchas ocasiones participan espíritus desencarnados que colaboran en la transmisión y dirección de los fluidos.
Kardec escribió en El Libro de los Médiums:
"Los espíritus ejercen una acción incesante sobre el mundo moral e incluso sobre el mundo físico."
Esta influencia puede producirse tanto para el bien como para el mal, dependiendo de la naturaleza moral de los espíritus involucrados.
Durante un pase, los benefactores espirituales pueden auxiliar en la reorganización de los fluidos perturbados, siempre dentro de los límites permitidos por las leyes espirituales.
No obstante, el espiritismo insiste en que jamás debemos atribuir a los espíritus poderes absolutos.
Ellos son seres en evolución, sujetos igualmente a las leyes universales.
El pase como acto de fraternidad
Más allá de cualquier aspecto técnico, el pase constituye una manifestación de solidaridad espiritual.
Cuando una persona ofrece un pase, no está demostrando superioridad ni ejerciendo autoridad sobre nadie.
Está prestando un servicio.
Yvonne Pereira afirmaba que la verdadera asistencia espiritual nace del amor desinteresado y de la disposición sincera de ayudar al prójimo.
Esta idea coincide con la enseñanza de Kardec cuando define la caridad como:
"Benevolencia para con todos, indulgencia para las imperfecciones ajenas y perdón de las ofensas."
El pase puede convertirse precisamente en una forma práctica de esa caridad.
No se trata simplemente de transmitir energías. Se trata de ofrecer tiempo, atención, afecto y buena voluntad a otro espíritu que atraviesa dificultades.
¿Es indispensable recibir pases?
La respuesta es no.
El pase puede ser beneficioso, pero no constituye una obligación doctrinaria.
Nadie necesita recibir pases para ser espírita.
Tampoco existe un número determinado de pases que garantice evolución espiritual.
José Herculano Pires advertía contra la tendencia de algunos grupos a transformar prácticas auxiliares en elementos centrales de la doctrina.
Según Herculano Pires, el verdadero espiritismo está en la transformación moral, el estudio y la vivencia de los principios enseñados por los espíritus superiores.
Un individuo puede recibir cientos de pases y continuar cultivando el egoísmo, la intolerancia o el orgullo.
En cambio, otro puede jamás haber recibido uno y estar avanzando significativamente en su evolución espiritual.
La responsabilidad moral del pasista
Si bien el pase no exige santidad, sí demanda responsabilidad.
Quien sirve como pasista debería procurar mantener una conducta coherente con los principios espíritas.
Léon Denis afirmaba:
"Cada pensamiento es una fuerza, cada acto una causa."
Los pensamientos emitidos durante un pase forman parte del intercambio energético que ocurre en ese momento.
Por ello, la preparación moral resulta mucho más importante que cualquier técnica externa.
La humildad, la serenidad, el respeto y el deseo sincero de ayudar constituyen los verdaderos instrumentos del pasista.
El pase y la evolución espiritual
El objetivo último del espiritismo nunca ha sido eliminar todos los sufrimientos humanos.
Su finalidad es ayudarnos a comprenderlos y utilizarlos como herramientas de crecimiento.
En ese contexto, el pase representa un recurso de apoyo.
Puede aliviar.
Puede fortalecer.
Puede equilibrar.
Puede consolar.
Pero la transformación profunda continúa siendo una tarea personal e intransferible.
Como enseñaba Kardec:
"Fuera de la caridad no hay salvación."
No dijo: fuera del pase no hay salvación.
La evolución espiritual continúa dependiendo de nuestras decisiones, pensamientos y acciones cotidianas.
Reflexión final
Quizás el mayor valor del pase espírita no resida en los fluidos que circulan durante unos pocos minutos, sino en lo que simboliza.
Representa la solidaridad entre espíritus que avanzan juntos por el largo camino de la evolución.
Un espíritu encarnado ayuda a otro. Espíritus desencarnados colaboran con los encarnados. Todos participan, de una u otra forma, en una inmensa red de cooperación universal.
El pase nos recuerda que nadie evoluciona solo.
Nos recuerda que la ayuda mutua es una ley natural de la vida.
Nos recuerda que detrás de cada cuerpo existe un espíritu inmortal que lucha, aprende, cae y vuelve a levantarse.
Y, sobre todo, nos enseña que la verdadera energía transformadora no proviene de las manos, sino del amor que las mueve.
Porque cuando el conocimiento se une a la fraternidad, y la fraternidad se transforma en servicio, el pase deja de ser una simple práctica espírita para convertirse en una expresión concreta de la solidaridad entre los hijos de la inmortalidad.