09/07/2026
ESPÍRITU DE PROFECÍA | EL PODER DE LA INFLUENCIA
“La vida de Cristo era de una influencia siempre creciente, sin límites; una influencia que lo ligaba a Dios y a toda la familia humana. Por medio de Cristo, Dios ha investido al hombre de una influencia que le hace imposible vivir para sí.
Estamos individualmente vinculados con nuestros semejantes, somos una parte del gran todo de Dios y nos hallamos bajo obligaciones mutuas. Ningún hombre puede ser independiente de sus prójimos, pues el bienestar de cada uno afecta a los demás. Es el propósito de Dios que cada uno se sienta necesario para el bienestar de los otros y trate de promover su felicidad.
Toda persona con la cual nos relacionamos queda, consciente o inconscientemente, afectada por la atmósfera que nos rodea. Nuestras palabras, nuestros actos, nuestro vestido, nuestra conducta, hasta la expresión de nuestro rostro, tienen influencia.
Si por nuestro ejemplo ayudamos a otros a desarrollar buenos principios, les damos poder para hacer el bien. Ellos, a su vez, ejercen la misma influencia sobre otros, y estos sobre otros más. De este modo, miles pueden ser bendecidos por nuestra influencia inconsciente.
El carácter es poder. El testimonio silencioso de una vida sincera, abnegada y piadosa tiene una influencia casi irresistible. Al revelar en nuestra propia vida el carácter de Cristo, cooperamos con Él en la obra de salvar almas. Solamente revelando en nuestra vida su carácter podemos cooperar con Él.
Y cuanto más amplia es la esfera de nuestra influencia, mayor bien podemos hacer. Cuando los que profesan servir a Dios sigan el ejemplo de Cristo, practicando los principios de la ley en su vida diaria; cuando cada acto dé testimonio de que aman a Dios más que todas las cosas y a su prójimo como a sí mismos, entonces la iglesia tendrá poder para conmover al mundo.
Pero nunca ha de olvidarse que la influencia no ejerce menos poder para el mal. Perder la propia alma es algo terrible, pero ser la causa de la pérdida de otras almas es más terrible aún.
Solamente por la gracia de Dios podemos emplear debidamente este don.”
— Ellen G. White, God’s Amazing Grace, p. 231; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 11 de agosto, p. 231.
Nuestra vida siempre está influyendo. La pregunta es: ¿estamos llevando a otros más cerca de Cristo?