05/29/2026
La opinión de un Espectador/ Cartografía Williams
La intimidad propicia. Los actores brillan.
Todo conspira para convertir el espacio de Artefactus en la alfombra mágica de la que alguna vez me hablaron. Esa, en la que se suben los buenos actores al entrar a escena, y te invitan: “Ven a viajar conmigo”, o es a veces el público quien dice: “A ver, a dónde me vas a llevar esta noche?”
Sin darte cuenta, la alfombra se convierte en máquina del tiempo, y de pronto estás entrando en la vida y en la obra de Tennesse Williams sin que nadie te explique nada. Ahí está, frente a ti, nuestro Tennesse Williams en Miami.
Debe haber una forma de fetichismo hacia el teatro cubano del que yo disfruto tanto como de un buen arroz con pollo a la chorrera. Siento una suerte de fascinación por nuestra historia, por figuras vivas y muertas, disfruto tanto de las anécdotas que cuentan los mayores del teatro cubano…
Ver a Julio Rodríguez otra vez en escena fue un regalo maravilloso. Había magia en él, en su forma de decir, en su estatura de leyenda del teatro cubano.
Se trata quizás, junto a Jorge Hernández, de uno de los actores más experimentados, afables y talentosos que conozco, de los que suben a escena investidos con armadura del rigor, cuidada, sabedores de que cada personaje que pasa ante nuestros ojos es, o un regalo para toda la vida o un desperdicio. Julio nunca ha sido de los segundos.
No quiero extenderme mucho hablando de Julio o de cualquiera de los otros. Esto se volvería interminable y no es la idea, pero salí de Artefactus tan feliz de haber visto a Julio en escena como de haber visto al resto de los actores, arropados por un trabajo dramatúrgico magnífico, y una puesta en escena que no dejaba espacio al error o la improvisación.
Las puestas de Eddy son siempre como mecanismos de relojería, limpias y precisas, pero Cartografía Williams fue un paso más allá. Era la traducción de la belleza llevada a escena, una obra con alma, el viaje en el tiempo que necesitábamos para poder llevarnos a Tennessee Williams a casa.
La escena sobre la plantación de caucho en Brasil que toma lugar en la habitación de un hotel no tiene precio. En ella se lucen Betsy Rodríguez y Zaida Castellanos, pero aparecen también Julio y Luis Zamora, un actor que vi por primera vez esa noche. Bienvenido, Luis, y felicidades por entrar junto a los otros por la puerta grande.
A Betsy la vi por primera vez hace ya un buen tiempo y su trabajo, dirigido por Yesler de la Cruz, me motivó a escribir sobre ella. Ahora sé que llegó al teatro y a mi vida para quedarse. Otra vez, brillante. Imposible no estallar en carcajadas con ella, pero en el duelo con Zaida no sabría decir quién de las dos me gustó más. La voz y la personalidad de Zaida son únicas en nuestra escena y ella sabe lo que tiene, lo que es y cómo llegar a ese final, a su salida de escena que es la cereza perfecta. Enhorabuena para todos!
La escenografía es de Nobarte. Lo cual, sin mucho esfuerzo, nos deja saber que Eddy apostó fuerte por esta obra. Yo feliz de haber estado allí, de poder imaginarla, de saludar a los artífices de algunas de las escenografías más memorables de nuestra escena.
Tennessee Williams, puedes estar feliz. Tus poemas, fragmentos de entrevistas, los momentos bellísimos de Dulce pájaro de juventud, Háblame como la lluvia, el monólogo de Alexandra del Lago, La trampa bonita, precursora de Zoo de cristal, una de sus obras maestras, y mucho más, alcanzaron todas un lugar magnífico. ¿Cómo armar este rompecabezas de piezas dramáticas, poemas y entrevistas, sin que pareciera un batiburrillo desorganizado, es algo que lleva genio y talento, buen gusto y destreza, y Eddy queda como buen alquimista ante semejante reto. Si la cosa no sale bien, lo que debió convertirse en oro se convierte en algo que no voy a mencionar.. pero eso no ocurrió aquí.
Al menos para mí, este fue un viaje al corazón de un Williams menos conocido, acompañado al piano por Oda Cardona, otro de los nuevos pilares de Artefactus; ella, la responsable de que los trabajos más recientes de Eddy hayan adquirido una nueva naturaleza y un nuevo carácter. Por cierto, que dos de mis piezas favoritas de Artefactus de los últimos tiempos llevan su firma musical. Un bravo para ella también.
Si pudiera volvería, que es lo que hago con las obras que más me gustan en la vida. Artefactus, teatro del fin del mundo, u aire sienta bien!
Las últimas funciones son este fin de semana. Que las disfruten tanto ustedes, público, como ellos, los artífices de esta pieza tan íntima y preciosa.
Jose Manuel Dominguez
Foto de Mauricio Escalona.