Fundación Manos de Dios

Fundación  Manos de Dios La fundación Manos dei Dios tiene como finalidad promover la asistencia social a la población vulnerable en cualquiera de sus manifestaciones.

La Fundación MANOS DE DIOS es una organización sin ánimo de lucro cuya Misión esta enfocada en contribuir en aliviar la calidad vida de muchas familias que se encuentran en condiciones vulnerables. Promover la participación ciudadana, colaborar en la solución de los problemas individuales y colectivos de las personas que lleguen a la fundación. Propiciar acciones tendientes al mejoramiento de la formación integral del ser humano

Bautismo o avivamiento...Cuando se habla del bautizo, la mayoría de los creyentes entiende de qué se está hablando. Much...
06/13/2026

Bautismo o avivamiento...

Cuando se habla del bautizo, la mayoría de los creyentes entiende de qué se está hablando. Muchos recuerdan el día en que descendieron a las aguas, recuerdan quién los bautizó, recuerdan el lugar y recuerdan la decisión que tomaron delante de Dios. El bautizo es visible, es un acontecimiento que puede identificarse con claridad porque marca un momento específico en la vida del creyente. Sin embargo, cuando se habla del avivamiento, la situación es diferente. Hay quienes escuchan esa palabra durante años y nunca llegan a comprender qué significa realmente. Algunos piensan que el avivamiento consiste únicamente en sentir emoción durante una congregación, otros creen que es cuando muchas personas llegan a la iglesia, y otros más lo relacionan solamente con manifestaciones espirituales visibles. Pero cuando se examina la enseñanza bíblica, se descubre que el avivamiento es algo mucho más profundo y que tiene relación directa con la manera en que Dios comienza a tratar con el corazón humano.

Para entender qué es primero, el bautizo o el avivamiento, primero hay que comprender qué es cada uno. El bautizo es un acto de obediencia que realiza una persona después de haber creído en Dios y haber reconocido la necesidad de una vida nueva. Cuando alguien entra a las aguas bautismales, está manifestando públicamente que desea dejar atrás la vida antigua para comenzar una nueva vida bajo la dirección del Señor. Romanos 6:4 enseña que somos sepultados juntamente con Cristo por medio del bautismo para andar en vida nueva. Por eso el bautizo representa muerte al pasado y compromiso con Dios. No es solamente entrar al agua; es una decisión consciente de obedecer al Señor y caminar conforme a su voluntad.

Pero antes de llegar a las aguas ocurre algo que muchas veces pasa desapercibido. Nadie despierta una mañana diciendo que quiere buscar a Dios sin que exista una obra previa del Señor en su vida. Antes del bautizo hubo una inquietud espiritual. Antes del bautizo hubo una necesidad interior. Antes del bautizo hubo momentos donde la palabra comenzó a tocar la conciencia. Antes del bautizo apareció el deseo de acercarse a Dios. Todo eso forma parte de una obra que Dios realiza dentro del ser humano, y esa obra tiene relación con el avivamiento.

El avivamiento es el despertar espiritual que Dios produce en una persona. Es cuando un corazón que antes estaba indiferente comienza a buscar al Señor. Es cuando alguien que antes no tenía interés en las cosas de Dios comienza a sentir hambre de su palabra. Es cuando la conciencia empieza a reconocer aquello que debe cambiar. Es cuando el alma deja de sentirse satisfecha con las cosas del mundo y comienza a anhelar la presencia de Dios. El avivamiento no comienza en una plataforma, no comienza en una emoción y no comienza en una multitud. El verdadero avivamiento comienza dentro del corazón.

Por eso muchas personas han experimentado el avivamiento sin darse cuenta. Lo identifican únicamente cuando ven una congregación llena o cuando observan un mover espiritual visible, pero olvidan que el primer lugar donde Dios aviva es el interior de una persona. Cuando alguien empieza a tener deseo de orar más, cuando siente necesidad de escuchar la palabra, cuando reconoce que debe abandonar aquello que lo aleja de Dios, cuando comienza a sentir amor por las cosas espirituales, allí ya existe una obra divina despertando su vida.

La Biblia muestra constantemente este principio. Antes de que Pedro predicara en Pentecostés y tres mil personas fueran bautizadas, el Espíritu Santo ya estaba obrando en los corazones. Antes de que el hijo pródigo regresara a la casa de su padre, hubo un despertar dentro de él que le permitió reconocer su condición. Antes de que Zaqueo recibiera a Jesús en su casa, ya existía un deseo profundo de acercarse al Maestro. Dios siempre comienza trabajando primero en el interior y después aparecen las decisiones visibles.

Por eso, cuando se pregunta qué es primero, el bautizo o el avivamiento, la respuesta es que primero Dios despierta el corazón y después la persona responde con obediencia. Primero viene el llamado de Dios y después viene la respuesta del ser humano. Primero aparece el hambre espiritual y después llega la decisión de caminar con el Señor. El bautizo puede verse, pero el avivamiento comienza mucho antes de que los demás lo noten.

Ahora bien, muchas personas desean saber cómo reconocer si han sido tocadas por el avivamiento. La respuesta no se encuentra únicamente en las emociones. Hay personas que pueden emocionarse por muchas razones distintas. El avivamiento se reconoce por los cambios que Dios empieza a producir en la vida. Se reconoce cuando nace un interés genuino por conocer más de Dios. Se reconoce cuando la palabra comienza a ocupar un lugar importante. Se reconoce cuando existe deseo de obedecer. Se reconoce cuando la persona ya no puede vivir tranquila practicando aquello que sabe que está mal. Se reconoce cuando la presencia de Dios se vuelve una necesidad y no solamente una actividad ocasional.

Un corazón avivado no busca excusas para alejarse de Dios; busca oportunidades para acercarse más a Él. Un corazón avivado no se conforma con escuchar de Dios; desea conocerlo. Un corazón avivado no busca solamente recibir bendiciones; desea agradar al Señor. Ahí se encuentra una de las señales más claras de que Dios está obrando en una vida.

Esto es importante porque muchas personas esperan algo extraordinario mientras ignoran la obra que Dios ya está realizando dentro de ellas. Esperan acontecimientos visibles mientras el Señor está transformando silenciosamente su corazón. Esperan señales espectaculares mientras Dios está produciendo hambre espiritual, deseo de oración, amor por su palabra y necesidad de acercarse más a Él. Y precisamente ahí es donde comienza el verdadero avivamiento.

Citas Bíblicas: Romanos 6:4...

Paz de Cristo, bendiciones, el bautizo y el avivamiento no son dos caminos separados. El avivamiento prepara el corazón para responder a Dios, y el bautizo se convierte en una expresión de esa respuesta. Uno conduce al otro. Dios despierta, llama, mueve, convence y transforma interiormente; después la persona responde con obediencia, fe y compromiso delante del Señor.

Por eso el creyente debe entender que el avivamiento no se mide únicamente por lo que sucede alrededor, sino por lo que Dios está haciendo dentro de la vida. El bautizo puede recordarse por una fecha, por un lugar y por un momento específico, pero el avivamiento se reconoce por la transformación que comienza a producirse en el corazón. Allí donde nace hambre de Dios, deseo de obedecer, amor por la verdad y anhelo de acercarse más al Señor, allí se está manifestando ese despertar espiritual. El avivamiento es Dios dando vida a lo que estaba dormido, encendiendo lo que estaba apagado y llamando al ser humano a una comunión más profunda con Él. Y cuando esa obra comienza, la vida nunca vuelve a ser la misma, porque el Señor empieza a ocupar el lugar que siempre debió tener dentro del corazón.

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Los mandamientos y las consecuencias...¿Sabías que Dios no dictó los Diez Mandamientos? Los escribió con su propio dedo....
06/12/2026

Los mandamientos y las consecuencias...

¿Sabías que Dios no dictó los Diez Mandamientos?

Los escribió con su propio dedo.
En el monte Sinaí, después de hablar con Moisés, Dios tomó dos tablas de piedra y con su dedo grabó las diez leyes.
No fue Moisés quien las escribió, fue el dedo del mismo Dios.
Cada mandamiento quedó grabado en piedra por mano divina:
«No tendrás otros dioses delante de mí»,
«No matarás»,
«Honra a tú padre y a tú madre»...

Todo fue escrito directamente por el Creador. Esto significa que los Diez Mandamientos no son ideas humanas ni tradiciones antiguas; son la voluntad santa, eterna y directa de Dios.

Por eso están escritos en piedra, porque son inamovibles y siguen vigentes.

Las consecuencias de la rebeldía, desobediencia y el ignorar la gracia redentora de Dios:

Dios creó el in****no, pero no lo creó para nosotros.

La Biblia dice que el in****no fue creado originalmente para Satanás y sus ángeles, no para los seres humanos. Dios es Santo y Justo.

El pecado no puede quedar sin castigo, por eso existe un lugar de justicia eterna. El problema es que cuando el ser humano rechaza a Dios y vive en pecado, termina compartiendo el mismo destino que el diablo.

El in****no no es un capricho de Dios, es la consecuencia de rechazar el amor y la justicia de un Dios santo. Dios no quiere que nadie vaya allí, pero respeta la decisión de cada persona. Comenta amén si entiendes que el in****no es real y que Jesús vino a salvarnos de él.

​El in****no fue creado para el diablo (Que el Señor lo reprenda)y sus ángeles
​Mateo 25:41 > "Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles."

​Dios es santo, justo y juzgará el pecado
​Isaías 5:16 > "Pero el Señor de los Ejércitos será exaltado en juicio, y el Dios Santo se mostrará santo en justicia."
​Romanos 2:6 > "...el cual pagará a cada uno conforme a sus obras."

​El ser humano comparte ese destino al rechazar a Dios.
​Apocalipsis 20:15 > "Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego."
​Juan 3:36 > "El que cree en Cristo-Jesús tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en Jesús no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él."
​Dios no quiere que nadie se pierda y respeta las decisiones

Citas Bíblicas: Mateo 25:41; Isaías 5:16; Romanos 2:6...

Paz de Cristo, bendiciones, en ​2 Pedro 3:9 > "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento."

​1 Timoteo 2:4 > "...el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad."

​Jesús vino a salvarnos de ese destino
​Romanos 5:9 > "Mucho más tanto, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira."

​Juan 3:16 > "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna."

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Procesos en su vida...“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases po...
06/11/2026

Procesos en su vida...

“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tú Salvador.” Isaías 43:2-3.

Dentro de los procesos de Dios existen algunos que son especialmente difíciles. Son esos tiempos en los que sentimos que estamos atravesando aguas profundas, ríos caudalosos o fuegos intensos. Son procesos que no elegiríamos por nosotros mismos, pero que Dios permite con un propósito en nuestra vida.

Caminar por las aguas, cruzar los ríos o pasar por el fuego son cosas imposibles para el ser humano en lo natural. Sin embargo, espiritualmente muchas veces vivimos experiencias parecidas. Aguas de dificultades económicas, ríos de problemas y contradicciones, fuegos de enfermedad, sufrimiento, pérdidas o pruebas que parecen superar nuestras fuerzas.

Lo más hermoso de esta promesa es que Dios no dice: “Nunca pasarás por las aguas” o “Nunca conocerás el fuego”. Tampoco promete una vida sin problemas o sin pruebas. Lo que Él dice es: “Cuando pases... yo estaré contigo”. Qué diferencia tan grande hay en esas palabras. El Señor da por hecho que habrá momentos difíciles, pero también nos asegura que no los enfrentaremos solos. Las aguas podrán rodearnos, los ríos podrán parecer demasiado fuertes y el fuego podrá parecer intenso, pero ninguno de ellos tendrá la última palabra sobre nuestra vida.

Dios no promete ausencia de aflicción, pero sí promete Su presencia. Y Su presencia es suficiente para sostenernos, fortalecernos y llevarnos al otro lado. Él es nuestro Salvador. Camina con nosotros cuando todos los demás se han ido, permanece a nuestro lado cuando las fuerzas parecen acabarse y nos sostiene cuando sentimos que ya no podemos más.

Esta palabra tampoco promete que no sentiremos miedo, dolor o incertidumbre. Lo que promete es que no seremos destruidos. Porque cuando Dios permite un proceso, también determina hasta dónde llegará. El agua no te ahogará, el río no te arrastrará y el fuego no consumirá aquello que Dios ha decidido preservar.

Todos quisiéramos evitar ciertos procesos, pero la promesa es para quienes siguen avanzando. Tal vez hoy estés atravesando un río llamado enfermedad, tristeza, dificultades económicas, incertidumbre o sufrimiento. Quizás tengas los pies mojados, las rodillas débiles y el corazón cansado. Pero sigue caminando. No estás solo.

Citas Bíblicas: Isaías 43:2-3...

Paz de Cristo, bendiciones, recuerde que cuando decide avanzar de la mano del Señor, Él cruza con usted las aguas, camina con usted por el fuego y le lleva seguro al otro lado. El mismo Dios que le permitió entrar en el proceso será el Dios que le ayudará a salir de él.

Oración de corazón a corazón...

Señor, gracias porque nunca me dejas solo.

Gracias porque en cada proceso difícil Tú permaneces a mi lado.

Cuando las aguas parecen profundas, Tú me sostienes; cuando los ríos intentan arrastrarme, Tú me afirmas; y cuando el fuego de la prueba se hace intenso, Tú caminas conmigo.

Ayúdame a confiar en Tú presencia más que en mis circunstancias.

Dame fuerzas para seguir avanzando y la seguridad de que Tú eres mi Salvador.

Camino contigo confiado, porque sé que nunca me abandonarás, tú siempre estás conmigo.

En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, Amén y amén.

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06/10/2026

El futuro de los justos es halagüeño; la esperanza de los malvados se desvanece. Proverbios 10:28
Señor nuestro Dios, día y noche te esperamos. Creemos en ti y anhelamos tu justicia. Tú darás respuesta a nuestra oración; bendícenos, te lo pedimos. Que tu nombre sea santificado y que venga tu reino. Oh Señor nuestro Dios, que se haga tu voluntad entre las naciones. Que se haga tu voluntad en cada uno de nosotros y que sea evidente para todos, como lo es en el cielo. Considera las naciones y protege a toda la humanidad. Que se abra un camino nuevo, para que la paz que sobrepasa todo entendimiento pueda venir; una paz que proviene de ti, el Señor nuestro Dios. Amén.

Los dos testigos...Apocalipsis presenta a dos testigos en un momento solemne de la profecía, cuando la tierra se encuent...
06/10/2026

Los dos testigos...

Apocalipsis presenta a dos testigos en un momento solemne de la profecía, cuando la tierra se encuentra bajo señales de juicio, oposición contra Dios y resistencia contra la verdad. No aparecen como personajes puestos para satisfacer curiosidad, ni como un misterio para que el creyente se pierda en discusiones vacías, sino como parte del testimonio que Dios levanta antes de la consumación de sus juicios. La pregunta atrapa porque toca algo profundo: en medio de un mundo endurecido, cuando muchos rechazan la voz de Dios, el Señor todavía levanta testigos, todavía habla, todavía advierte, todavía confronta y todavía muestra que su Palabra no queda callada aunque la tierra se llene de rebelión.

Apocalipsis 11:3 dice: "Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio". Lo primero que se debe mirar es que estos testigos no se levantan solos. Dios dice: "daré". Eso significa que su autoridad no nace de ellos mismos, ni de fama humana, ni de deseo personal, sino del mandato del Señor. Son testigos porque Dios los envía a declarar lo que Él quiere que sea declarado. No vienen a entretener al mundo, no vienen a buscar aprobación, no vienen a negociar con los poderosos de la tierra. Vienen a profetizar vestidos de cilicio, y el cilicio en la Biblia habla de duelo, quebranto, juicio y llamado al arrepentimiento. Su presencia anuncia que el tiempo es serio y que la humanidad no puede seguir tratando el pecado como si Dios no viera.

La identidad exacta de los dos testigos ha sido entendida de distintas maneras, porque Apocalipsis no da sus nombres de forma directa. Sus señales recuerdan a Moisés y a Elías. Tienen poder para cerrar el cielo, como ocurrió con Elías cuando no llovió por un tiempo. También tienen autoridad sobre las aguas para convertirlas en sangre y herir la tierra con plagas, como se vio en los días de Moisés frente a Egipto. Por eso muchos han visto en ellos la fuerza del testimonio de la ley y los profetas, la autoridad de Dios hablando con la misma seriedad con que habló en tiempos antiguos. Pero lo principal no es convertir esto en una pelea de nombres, sino entender lo que Dios está mostrando: estos dos testigos representan una voz autorizada por el cielo, una palabra firme contra la maldad y una advertencia directa antes del juicio.

Apocalipsis 11:4 los llama "los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra". Esa descripción lleva a mirar la obra de Dios sosteniendo su testimonio. El olivo habla de aceite, de provisión espiritual, de aquello que alimenta la luz. El candelero habla de luz encendida, de testimonio visible, de verdad puesta delante de los hombres. Estos dos testigos están en pie delante de Dios, no delante del gusto de la gente. Esa es la diferencia entre un testimonio verdadero y una palabra fabricada por conveniencia humana. El testigo de Dios no vive para agradar al oído del mundo; vive para obedecer al Señor que lo envía.

En ellos se ve una enseñanza fuerte para la Iglesia: Dios siempre ha tenido testimonio en la tierra. Cuando el mundo se burla, Dios levanta una voz. Cuando la mentira se multiplica, Dios conserva luz. Cuando la maldad quiere cubrirlo todo, Dios muestra que su verdad siga en pie. Los dos testigos no aparecen con un mensaje agradable para la carne, sino con una palabra que incomoda porque confronta el pecado. Y eso mismo ha pasado desde los profetas antiguos hasta los días de Cristo y los apóstoles: la Palabra verdadera no siempre recibe aplauso, pero siempre cumple el propósito de Dios.

La reacción del mundo contra ellos revela la condición del corazón humano. Apocalipsis muestra que, cuando terminan su testimonio, la bestia hace guerra contra ellos y los mata. La tierra no llora por esa muerte; se alegra. Se mandan regalos, celebran, descansan de la voz que los atormentaba. Eso muestra algo terrible: el mundo no odiaba solamente a dos hombres; odiaba el mensaje que venía de Dios. La voz que llama al arrepentimiento molesta al que ama su pecado. La verdad incomoda al que quiere vivir sin corrección. La luz pesa sobre el que decidió permanecer en tinieblas.

Pero Dios no deja que esa celebración tenga la última palabra. Después de tres días y medio, Apocalipsis 11:11 dice que entró en ellos espíritu de vida enviado por Dios, se levantaron sobre sus pies y cayó gran temor sobre quienes los vieron. Allí se muestra que la muerte no gobierna sobre el testimonio de Dios. Los hombres pueden creer que apagaron la voz del cielo, pero Dios puede levantar lo que ellos dieron por vencido. Pueden burlarse, celebrar y pensar que la verdad fue derrotada, pero cuando Dios interviene, la burla se convierte en temor. El Señor muestra que sus testigos no están en manos del odio humano, sino bajo su autoridad.

Esta profecía no debe quedarse como tema de curiosidad. Debe despertar conciencia. Si Dios levanta dos testigos en un tiempo tan oscuro, es porque la humanidad necesita ser advertida. Si los viste de cilicio, es porque el pecado debe ser llorado, no celebrado. Si les da autoridad, es porque su Palabra no depende del permiso de los hombres. Si permite que sean rechazados, es porque el corazón rebelde muestra lo que realmente ama. Y si los levanta después de la muerte, es porque ningún poder contrario a Dios puede cerrar la boca del cielo para siempre.

Los dos testigos enseñan que la fidelidad no se mide por aceptación. Ellos no son fieles porque el mundo los aplauda; son fieles porque cumplen lo que Dios les manda. Esa es una palabra necesaria para todo creyente. La fe verdadera no puede vivir de aprobación humana. No puede cambiar la doctrina para caer bien. No puede callar la verdad porque otros se incomodan. No puede esconder la santidad para parecer moderna. El testigo de Dios debe permanecer firme aunque la época se vuelva contraria, aunque la maldad se burle y aunque muchos prefieran mensajes que no confronten.

También enseñan que Dios no necesita multitudes para sostener su verdad. Dos testigos, enviados por Él, bastan para hacer temblar la tierra. La fuerza no está en el número, sino en la autoridad de Dios. En la Biblia, muchas veces el Señor ha usado pocos para dejar claro que la gloria le pertenece a Él. Noé predicó en una generación corrompida. Elías se sostuvo frente a un pueblo dividido. Juan el Bautista habló en el desierto. Cristo mismo fue rechazado por muchos, pero la verdad estaba en Él. Por eso la Iglesia no debe medir la verdad por cantidad de seguidores, sino por fidelidad a la Palabra.

El creyente debe recibir esta profecía con temor y examen personal. No basta preguntar quiénes son los dos testigos si el corazón no quiere escuchar lo que su testimonio significa. La pregunta más seria es cómo responde una persona cuando Dios le habla. Si la Palabra corrige, ¿se humilla o se endurece? Si la verdad confronta, ¿se arrepiente o se defiende? Si Dios llama a santidad, ¿obedece o busca excusas? Porque el mismo espíritu que rechazó a los testigos puede trabajar hoy en corazones que oyen la verdad, pero no quieren rendirse.

Los dos testigos anuncian que Dios todavía habla antes de juzgar. Esa es misericordia, pero también responsabilidad. Cada palabra de advertencia aumenta la culpa de quien la desprecia. Cada llamado al arrepentimiento muestra que Dios no ha dejado al hombre sin testimonio. Cada predicación fiel pone al alma delante de una decisión. Por eso la humanidad no podrá decir que Dios guardó silencio. El problema no será falta de voz; será falta de arrepentimiento.

El mensaje de Apocalipsis 11 también guarda al creyente de una fe débil y escondida. Si estos testigos profetizan en medio de oposición, ¿cómo puede un creyente avergonzarse de vivir en obediencia en su casa, en su trabajo, en su familia o delante de sus amistades? Si ellos permanecen vestidos de cilicio, con palabra seria, ¿cómo puede alguien convertir la fe en apariencia liviana, sin santidad y sin temor de Dios? Si ellos son odiados por decir la verdad, ¿cómo puede el creyente esperar que el mundo siempre lo entienda cuando decide obedecer al Señor?

Dios llama a su pueblo a ser luz, no sombra confundida con el mundo. Los dos testigos son candeleros delante del Dios de la tierra, y esa imagen habla de una luz que no pertenece a la oscuridad. La Iglesia debe aprender de esto. No fue llamada a imitar la maldad, sino a alumbrar con la verdad. No fue llamada a guardar silencio frente al pecado, sino a vivir y hablar con fidelidad. No fue llamada a agradar a una generación rebelde, sino a permanecer delante de Dios.

El final del testimonio de estos dos siervos lleva la mirada hacia el Reino de Dios. Apocalipsis 11 avanza hasta declarar que los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor Jesucristo. Eso muestra que el testimonio no termina en los hombres, sino en el gobierno de Dios. Los testigos no son el centro último; el Señor lo es. Su palabra no engrandece al mensajero, engrandece al Dios que envía. Su vida no apunta a su propia gloria, apunta al Reino que viene. Todo testimonio verdadero debe terminar llevando la mirada a Dios, no al orgullo humano.

Citas Bíblicas: Apocalipsis 11:3-4-11...

Paz de Cristo, bendiciones, cuando se predica sobre los dos testigos, no se debe hacer solo para alimentar debate sobre nombres. Se debe predicar para despertar al alma. Ellos muestran que Dios tiene voz en medio del juicio, que la verdad será odiada por los que aman el pecado, que el testimonio fiel puede costar sufrimiento, que la muerte no puede vencer lo que Dios sostiene y que el Reino del Señor será establecido sobre toda oposición. Esa enseñanza debe levantar una Iglesia más firme, más despierta, más santa y menos preocupada por agradar al mundo.

El corazón que escucha esta palabra debe revisar su relación con la verdad. Porque hay quienes quieren saber mucho de profecía, pero obedecer poco. Quieren identificar personajes, tiempos y señales, pero no quieren dejar el pecado. Quieren hablar de Apocalipsis, pero no quieren vivir preparados. Esa es una contradicción peligrosa. La profecía no fue dada para formar curiosos, sino para formar creyentes vigilantes. No fue dada para entretener la mente, sino para llamar a fidelidad.

Los dos testigos del Apocalipsis son señal de que Dios no abandona su testimonio aun cuando la tierra se endurezca. Son voz de juicio, llamado al arrepentimiento, luz en medio de tinieblas, autoridad dada por Dios y prueba de que la verdad no se apaga por odio humano. Su presencia confronta al mundo, fortalece al creyente y recuerda que el Señor gobierna sobre la vida, la muerte, el tiempo y la historia. Quien ama a Dios debe escuchar esta profecía con reverencia, no con curiosidad vacía; debe mirar su vida, guardar la Palabra, permanecer fiel y entender que el Dios que levantará a sus testigos también sostendrá a todos los que no se avergüenzan de su verdad.

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Respira despacio y permite que Dios calme esos pensamientos que no te dejan descansar.No todo tiene que resolverse hoy:P...
06/09/2026

Respira despacio y permite que Dios calme esos pensamientos que no te dejan descansar.

No todo tiene que resolverse hoy:

Padre celestial, hoy quiero pedirte serenidad para mi mente y tranquilidad para mi corazón. Hay momentos donde pienso demasiado, imagino escenarios difíciles y termino cargando con problemas que quizá todavía ni siquiera existen.

Ayúdame a vivir un día a la vez. Enséñame a ocuparme con responsabilidad de aquello que sí está en mis manos y a entregarte todo lo que no puedo controlar.

Cuando la ansiedad intente convencerme de que algo malo ocurrirá, recuérdame que mi futuro también está bajo tu cuidado. Cuando mis pensamientos se llenen de dudas, ayúdame a recordar cada ocasión en la que me has sostenido.

Te entrego mis pendientes, mis decisiones, mis necesidades y aquellas preocupaciones que han ocupado demasiado espacio dentro de mí. .

Dame claridad para actuar sin desesperarme. Dame paciencia para esperar las respuestas que todavía no llegan y sabiduría para reconocer cuándo necesito detenerme y descansar...

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Hoy no vengo a pedirte nada, Señor… solo vengo a darte gracias 🙏“Solo Gracias” es una canción de adoración profunda que nace de un corazón agradecido. Una o...

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