09/01/2026
EL JUICIO EN QUE LA MUERTE SE CONVIRTIÓ EN UNA BROMA.
Cuando Ernesto Díaz Rodríguez fue capturado en Cuba durante una operación clandestina en 1968, dejó atrás a sus tres hijos: el mayor tenía cinco años; el segundo, apenas año y medio; y el menor, solo seis meses. No pudo abrazarlos nuevamente hasta 23 años después.
Cofundador de Alpha 66, poeta y preso político plantado, Ernesto pasó más de 22 años en las cárceles del régimen cubano sin aceptar jamás la llamada “rehabilitación”.
En este fragmento de Voces de Cuba recuerda que lo llevaron hasta un paredón y creyó que iban a fusilarlo. Esperó la muerte durante toda la noche. Cuando volvió a encontrarse con el oficial, le respondió con una serenidad estremecedora: “Yo estoy listo cuando ustedes quieran”.
Su juicio fue un espectáculo macabro: el fiscal llegó a solicitar la pena de muerte y después terminó pidiendo 15 años, bromeando con que era viernes y fusilarlos obligaría a trabajar toda la noche abriendo las fosas.
Detrás de aquella crueldad quedaban tres niños creciendo sin su padre y un hombre que se negó a entregar su dignidad.
¿Puede devolverse el tiempo que una dictadura le roba a una familia? Comenta y comparte este testimonio para que esta historia no sea condenada también al olvido.
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