Pescadores de Almas

Call Directions Contact the organization

Pescadores de Almas Ministerio Evangelistico
Evangelistic Ministry - “Fishermen of Souls”

10/02/2026
09/30/2026
El Dios Que Me Ve - Génesis 16:1–14Agar era una mujer esclavizada cuyo valor era medido por lo que podía ofrecer. Sarai ...
09/10/2026

El Dios Que Me Ve - Génesis 16:1–14

Agar era una mujer esclavizada cuyo valor era medido por lo que podía ofrecer. Sarai utilizó su capacidad de tener hijos como una solución a su propia desilusión. Sin embargo, cuando Agar concibió, su nueva posición reveló el orgullo de su corazón y comenzó a mirar a Sarai con desprecio. El dolor respondió al dolor, la amargura produjo más amargura y Agar finalmente huyó al desierto.

Pero el desierto no fue el final de su historia. Dios encontró a Agar en medio de su dolor. Escuchó su aflicción, confrontó su situación y la llamó a regresar con humildad y obediencia. Agar respondió llamándolo El Roi: “el Dios que me ve”.

La historia de Agar nos recuerda que nuestras circunstancias, posición social, reputación o posesiones no determinan nuestro valor. Dios ve a quienes otros ignoran. Pero su amor no solamente nos consuela; también nos corrige, nos transforma y nos llama a la obediencia.

Una posición de influencia nunca nos da derecho a menospreciar a quienes nos ayudaron. Cuando Dios revela la condición de nuestro corazón, debemos ser suficientemente humildes para reconocer nuestras faltas, entregarle nuestro dolor y obedecer su dirección. La obediencia humilde de Agar le dio un lugar en la historia y permitió que las generaciones futuras fueran testigos de la fidelidad de Dios.

Dios te ve, te escucha y te ama. Tu desierto puede convertirse en el lugar donde Él restaure tu camino y revele tu propósito. Aquello que entregues a Dios con humildad, Él puede transformarlo en testimonio y legado.

Reflexión de Rosalia Sanchez

The God Who Sees Me - Genesis 16:1–14

Hagar was an enslaved woman whose worth was measured by what she could provide. Sarai used her ability to bear a child as a solution to her own disappointment. When Hagar conceived, however, her new position exposed pride within her heart, and she began to treat Sarai with contempt. Hurt answered hurt, bitterness produced more bitterness, and Hagar eventually fled into the wilderness.

But the wilderness was not the end of her story. God found Hagar in her pain. He listened to her affliction, confronted her circumstances, and called her to return in humility and obedience. Hagar responded by calling Him El Roi—“the God who sees me.”

Hagar’s story reminds us that our circumstances, social position, reputation, or possessions do not determine our worth. God sees those whom others overlook. Yet His love does more than comfort us—it also corrects us, transforms us, and calls us to obedience.

A position of influence never gives us permission to dishonor those who helped us. When God reveals the condition of our hearts, we must be humble enough to recognize our faults, surrender our pain, and obey His direction. Hagar’s humble obedience gave her story a place in history and allowed future generations to witness the faithfulness of God.

You are seen. You are heard. You are loved. Your wilderness can become the place where God restores your direction and reveals your purpose. What you surrender to God in humility, He can transform into testimony and legacy.

Reflection by Rosalia Sanchez

La Promesa También la Incluía - Génesis 18:9–15Es posible que Sara creyera que las promesas de Dios le pertenecían princ...
09/06/2026

La Promesa También la Incluía - Génesis 18:9–15

Es posible que Sara creyera que las promesas de Dios le pertenecían principalmente a Abraham. Al vivir en una cultura que muchas veces medía el valor de una mujer por su capacidad de tener hijos, permitió que la edad, la desilusión y la larga espera influyeran en la manera en que se veía a sí misma. Pero Dios nunca consideró a Sara insignificante ni excluida.

El pacto de Dios con Abraham requería la participación de Sara. Otra mujer podía darle un hijo a Abraham—y Agar lo hizo—pero Isaac, el hijo de la promesa, vendría por medio de Sara. Ella no estaba fuera de la promesa; su vida y su vientre formaban parte del plan determinado por Dios.

Los años de espera debilitaron la esperanza de Sara. Cuando escuchó que tendría un hijo, se rio dentro de sí. Su risa reveló la incredulidad, el temor y la desilusión escondidos en su corazón. Cuando Dios la confrontó, negó haberse reído porque tuvo miedo. Sin embargo, aquel momento de debilidad no hizo que Dios abandonara su palabra.

“¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” — Génesis 18:14

El amor de Dios fue mayor que la debilidad de Sara, y su fidelidad fue más fuerte que la fe debilitada de ella. Dios cumplió su promesa, no porque Sara respondiera perfectamente, sino porque Él permaneció fiel a lo que había hablado.

Quizás la desilusión te ha llevado a cuestionar tu valor o a pensar que las promesas de Dios son para todos menos para ti. Recuerda a Sara: tu edad, tu historia, tus limitaciones y tus momentos de duda no pueden cancelar el propósito de Dios. Cuando su Palabra confronte tu incredulidad, permite que despierte nuevamente tu fe.

No estás simplemente al lado de la promesa de otra persona. Dios reconoce tu valor, conoce tu nombre y tiene un propósito que también incluye tu vida. Aquello que parece imposible para ti continúa siendo completamente posible en sus manos.

- Reflexión de Rosalia Sanchez

The Promise Included Her - Genesis 18:9–15

Sarah may have believed that God’s promises belonged primarily to Abraham. Living in a culture that often measured a woman’s worth by her ability to bear children, she allowed age, disappointment, and prolonged waiting to influence how she saw herself. But God never considered Sarah insignificant or excluded.

God’s covenant with Abraham required Sarah’s participation. Another woman could give Abraham a son—and Hagar did—but Isaac, the promised son, would come through Sarah. She was not standing outside the promise; her life and her womb were part of God’s appointed plan.

Years of waiting weakened Sarah’s hope. When she heard that she would have a son, she laughed within herself. Her laughter revealed the unbelief, fear, and disappointment hidden in her heart. When God confronted her, she denied laughing because she was afraid. Yet her moment of weakness did not cause God to abandon His word.

“Is anything too hard for the Lord?” — Genesis 18:14

God’s love was greater than Sarah’s weakness, and His faithfulness was stronger than her failing faith. He fulfilled His promise, not because Sarah responded perfectly, but because He remained faithful to what He had spoken.

Perhaps disappointment has caused you to question your worth or believe that God’s promises are meant for everyone except you. Remember Sarah: your age, history, limitations, and moments of doubt cannot cancel God’s purpose. When His Word confronts your unbelief, allow it to awaken your faith again.

You are not merely standing beside someone else’s promise. God sees your value, knows your name, and has a purpose that includes your life. What appears impossible to you remains completely possible in His hands.

Reflection by Rosalia Sanchez

Address

Hackensack, NJ
076503

Telephone

+12015155060

Website

Alerts

Be the first to know and let us send you an email when Pescadores de Almas posts news and promotions. Your email address will not be used for any other purpose, and you can unsubscribe at any time.

Contact The Organization

Send a message to Pescadores de Almas:

Shortcuts

Share