11/07/2025
En el cuento que nos contamos sobre nuestra vida, siempre hay una mala persona. En mi caso se trata de mi hermana mayor. Entre más lo pienso no comprendo cómo es que se transformó, o cómo es que la vida la convirtió en eso. Como es mucho mayor que yo, durante mucho tiempo me pareció la persona admirable. Mi madre nos la pintaba así, como el ejemplo. Y así la veía: casi inalcanzable. La que estudió en universidad privada (y nosotros tan pobres), la que vestía con la modista, la que parecía estrella de cine. Y después: la que nos dejó en la calle a todos, a la que ningún hermano le habla, la que -aunque fue la única con educación pagada, porque los demás quedamos huérfanos de todo (hasta de dignidad), nos trató siempre como cosas. Cuando crecimos, tampoco entiendo por qué, creyó que esas cosas que éramos para ella debían de redituarle de algun modo. No se conformó con despojarnos, en sus círculo social -porque ella tenía posición social- contaba que ella se hacía cargo de todos nosotros! Y lo poco que fuimos logrando en la vida, con hambre, en la calle, y con mucho esfuerzo: lo contaba con orgullo como parte de lo que le debíamos. Tal vez las personas como ella tienen que contarse esas historias y creérselas, porque enfrentarse a la cara de su avaricia les resulta imposible. No sé. Pero su avaricia ha desbordado los límites más de lo que hubiéramos imaginado. Comenzó a pagar por trabajos de Santería. Yo, no tengo nada contra ninguna religión, todas las religiones son capaces de acercarnos a lo más bello de nostros: la fe. Pero a ella la religión o la fe con Dios no le interesa. Sólo le interesa su voluntad, el poder, el dinero. Si tan solo conociera la tranquilidad que da la vida simple, se dejaría de cosas. Pero su corazón no conoce la tranquilidad. La mala del cuento. Hermosísima por fuera, pero a estas alturas ya sin corazón. Pienso que tal vez no sabe el costo que tienen las armas con las que ataca a quienes considera sus enemigos. Uno dando todo por un poco de paz, y ella adicta a la guerra: en verdad creo que no se da cuenta. No sabe que el precio que se paga por salirse con la suya no es únicamente monetario. Cada día se hunde más y más en su propia masacre. Me avergüenza contarlo, aunque no debería. Pero así nos enseñan en las familias: a sentirnos culpables hasta de la ignorancia y la maldad de los otros.
~anónima