08/21/2026
A veces pensamos que hacer comunidad significa compartir el mismo espacio. Pero los libros también nos han enseñado que podemos encontrarnos aunque estemos a kilómetros de distancia.
Desde hace más de un año, junto con otros cinco clubes de lectura de Monterrey, Puebla, Ciudad de México y Tecate, formamos el colectivo Lectores sin Nombre.
Un proyecto que nació de las ganas de compartir lecturas, sumar miradas distintas y construir una comunidad que no se quedara solamente en lo local.
Porque una de las cosas más bonitas que nos han dejado los libros ha sido precisamente eso: conocer personas maravillosas. Personas que comenzaron siendo otros lectores detrás de una pantalla y que, con el tiempo, se han convertido en amistades, complicidades y parte de una familia lectora que hoy se extiende mucho más allá de nuestra ciudad.
A lo largo de este camino hemos compartido libros, conversaciones, diferencias, risas y muchas horas hablando de todo aquello que una historia despierta en cada persona. También hemos tenido la oportunidad de conversar con autoras y autores como Guillermo Arriaga, Gabriela Damián Miravete, Liliana Blum, Pedro J. Fernández, Verónica Llaca, Edgar Contreras y muchas otras voces.
Estas fotografÃas son apenas una parte de esos encuentros.
Nos gustan las mesas compartidas, las reuniones frente a frente y todo lo que ocurre cuando los lectores coinciden en un mismo lugar. Pero también hemos aprendido que una pantalla puede abrir puertas enormes: acercarnos a personas que quizá nunca habrÃamos conocido, escuchar otras realidades y construir vÃnculos que siguen existiendo mucho después de que termina la videollamada.
Porque hacer comunidad lectora no depende solamente del lugar donde nos reunimos.
Depende de las conversaciones que construimos, de las amistades que nacen en el camino y de las ganas de seguir compartiendo historias.
Porque al final, los libros son el pretexto. Lo importante son las personas, las conversaciones y la comunidad que construimos alrededor de ellos.