Toda mi vida, Padre Santo, muéstrame el camino hacia ti. Fórmame y hazme una mujer formada en las manos de Dios, un tesoro frágil. EL LUGAR DE LA MUJER, EN EL CORAZÓN DE DIOS
“Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé, daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida” (Isaías 43:4)
Mujer es sinónimo de belleza, de ternura, de maternid
ad. El Señor puso en ella un detalle del que carecía el hombre, la sensibilidad. Por eso, muchas de nosotras nos conmovemos de manera especial cuando adoramos o alabamos a Dios, porque Él nos hizo más sensibles. La Biblia habla de que somos vasos frágiles allí se está refiriendo específicamente a nuestra sensibilidad, pero a la vez, el Creador nos ha provisto con fuerzas, ímpetu, motivación propia y motivación para brindar a quienes nos rodean. Las Escrituras nos dicen: “La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con las manos la derriba” (Proverbios 14:1). El propósito de Dios con la mujer siempre fue dignificarla, tanto como a una princesa. Eso fue lo que pretendió no sólo para Eva sino también para su descendencia. Mas vino la maldición por causa del pecado, y todos los dones, lo que nosotras somos en sí, se distorsionó. Desde entonces, el adversario ha querido usar a la mujer para sus propios fines. Por tal motivo, ha estado explotando sobre todo su belleza para llevar al hombre a la misma destrucción.