06/13/2026
Evangelio de hoy
Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera".
Reflexion
A menudo nos complicamos la vida intentando entenderlo todo con la cabeza, cuando lo que Jesús nos pide es que veamos y sintamos las cosas con el corazón. Jesús comienza este pasaje con una oración de agradecimiento al Padre y nos revela un secreto: a Dios le gusta dejarse encontrar en lo sencillo por aquellos que son humildes, que saben de sus limitaciones y que reconocen la necesidad de ayuda.
Y la invitación de Jesús es: ‘Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré’. Vivimos en la cultura del estrés por el trabajo, angustia por el futuro, la carga de las responsabilidades familiares o en el trabajo, o incluso el peso de nuestras propias culpas. Y Jesús no nos dice, vengan cuando ya estén descansados o vengan cuando ya todo esté bien. ¡No!, Él nos dice vengan así como están: estresados, agobiados porque en mi presencia encontrarán el descanso.
Y no hace falta hacer nada, no hace falta preparar nada. Lo que basta es reconocerse necesitados y decidirse a dar el paso para llegar a Él. Jesús menciona el yugo, un instrumento de madera que se utiliza en la agricultura, uniendo a dos animales por el cuello o la cabeza para distribuir la carga, para decirnos que Él está dispuesto a ponerse junto a nosotros, que no caminamos solos cargando el peso, Él camina a nuestro lado y el peso más grande recae sobre sus hombros; su yugo es llevadero, no porque el problema vaya a desaparecer, sino porque Él lo carga con nosotros.
San Agustín escribió en sus Confesiones una frase que puede también ayudarnos a entender, decía: ‘Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti’. Y nos recuerda que el agobio que sentimos a veces no es falta de descanso o de tranquilidad, sino realmente una sed de Dios que solo se calma cuando nos dejamos ayudar por Él, por Jesús.
Identifica qué es lo que hoy te quita la paz y la tranquilidad y entrégaselo a Jesús en este momento: tristeza, preocupación, cansancio, ansiedad, dificultades económicas, miedo, cualquier cosa. Y acércate con sencillez y humildad, primeramente reconociendo tu necesidad. Él está dispuesto a recibirte y a darte el alivio que necesitas, porque Él ya llevó la carga más pesada, Él camina contigo y en Él encontrarás descanso.
Y si Él ya ha aliviado tus cargas, suaviza también el yugo de otro, si Jesús alivia nuestro peso, nosotros podemos ser también descanso para alguien más; una palabra de aliento o una escucha atenta puede ser el alivio que alguien cercano a ti está necesitando hoy.
Esta reflexion del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo