08/21/2026
Evangelio de hoy
Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?"
Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".
a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".
Reflexión
Hoy, ante la pregunta de los fariseos, escuchamos de Jesús el mandamiento más grande de la ley; en pocas palabras, pero de manera muy clara, el Señor nos hace ver que la fe se practica en la vida diaria. No solamente se trata de la asistencia al templo o el cumplimiento de los ritos litúrgicos, que de por sí son importantes, sino que va más allá de eso, porque lo que más agrada a Dios es el cumplimiento de su amor en aquellos que ha puesto a nuestro alrededor; es decir, que el Señor quiere recordarnos que el amor a Dios y el amor a los demás, son las dos caras de una misma moneda.
Este mandamiento se traduce en la paciencia y el servicio silencioso de cada día. Amar al prójimo en casa significa aprender a perdonar esos pequeños conflictos diarios, dejar a un lado el celular o eso que estamos haciendo, para escuchar con atención verdaderamente a los hijos o a la pareja, o responder con amor cuando el cansancio acumulado nos tienta a reaccionar con amargura. La familia es el primer laboratorio donde ponemos a prueba nuestro amor a Dios.
El amor al prójimo transforma también por completo nuestro entorno, significa ver a cada persona con quien tratamos, al jefe o al compañero de trabajo, como a un hermano que merece respeto y dignidad porque también es un hijo de Dios. Se demuestra al cumplir con nuestras responsabilidades con honestidad.
San Agustín tiene una frase muy poderosa sobre esto: “El amor a Dios es el primero en el orden del mandato, pero el amor al prójimo es el primero en el orden de la acción”. Propongámonos hoy hacer del amor una decisión concreta en los pequeños detalles con el prójimo.
Recuerda que amar a Dios significa tratar con respeto y humildad al hermano que en ocasiones puede resultar más difícil por su carácter o por alguna diferencia. Un hombre y una mujer con un corazón que ama al prójimo en lo cotidiano es el reflejo más vivo de Dios en el mundo.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo