08/21/2026
Locamente enamorado
Sr. Palau:
Tengo veinticuatro años y estoy locamente enamorado de una chica, pero desafortunadamente, ella me desprecia. He tratado por todos los medios de expresarle mi amor, pero ella no ha querido poner oído a mis súplicas. Sale con otros muchachos sin importarle mis sentimientos. Estoy desesperado. He deseado entregarme a las dr**as o al alcohol y hasta he tenido deseos de suicidarme. Para mí la idea de la felicidad ha mu**to. No sé si sus consejos me pueden ayudar, pero los espero.
Respuesta:
Mi estimado joven, veo que usted tiene 24 años de edad y un corazón casi diría adolescente. Pero quiero responder con seriedad a tu carta, ya que existe seriedad en el contenido de la misma.
Primero, sé que no puede haber verdadero amor cuando no hay comunicación ni confianza entre dos personas. Todos corremos el peligro de confundir emoción, y a veces pasión, con el verdadero amor. En el caso tuyo, se trata de una emoción, una fantasía, que no tiene fundamento en la realidad, porque obviamente no conoces a esta señorita, ya que si la conocieras tal como ella es, comprenderías su proceder.
Hay un pasaje escrito hace centenares de años por un famoso profeta en el cual Dios se dirige al mismo y le dice lo siguiente:
«No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón» (1 Samuel 16:17 NTV).
Dime joven, ¿conoces cuál es el comportamiento de esta señorita en su casa, en su vecindario, en la escuela o el empleo? ¿Llena ella los requisitos de una muchacha ideal para el matrimonio? Cuando digo «ideal» me refiero a cualidades espirituales y a la actitud de su corazón, de su personalidad. Sin duda ya sabes que uno no debe casarse por puro atractivo físico, que es lo que lamentablemente demasiadas personas hacen.
Te hago otra pregunta, ¿qué tipo de hombre eres? ¿Eres la clase de hombre que esta señorita respetaría y querría como esposo para vivir con ella treinta, cincuenta, sesenta años? Es una pregunta vital. Lamentablemente, somos egoístas y muchas veces en lugar de pensar en qué clase de persona somos para que la otra persona nos respete, nos ame y quiera casarse con nosotros, pensamos en lo que a nosotros nos conviene y qué clase de persona es la otra en quien estamos interesados. ¿Eres de los que practica lo que dice Filipenses capítulo 4? Dice: «Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza» (Filipenses 4:8 NTV).
Y luego en el mismo libro de Filipenses capítulo 2, dice lo siguiente: «No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes» (Filipenses 2:3 NTV).
Estimado joven, debes reaccionar, tienes que despertar y frenarte de una vez. Tú mismo te has creado un estado irreal. No quieres ser rechazado por esta jovencita, pues tus sentimientos egoístas están luchando dentro de tu corazón y francamente, estás en conflicto. Hablas del suicidio, del alcohol y de las dr**as, sencillamente porque tu arrogancia y orgullo te están destrozando. No puedes seguir diciendo que estás enamorado de esta joven cuando al mismo tiempo piensas en la borrachera y el suicidio. Eso no es amor y de esta manera nunca vas a crear un hogar feliz.
Debes reconocer que la solución al problema del falso amor que llamas «locamente enamorado», no se encuentra en las dr**as o el alcohol, ni en el suicidio. La solución al dilema de tu alma es Cristo viviendo en tu corazón. Necesitas un cambio de emociones, un cambio de actitud, un cambio de comprensión de lo que es la vida. Y la vida sin Cristo no es vida. Si no tienes a Cristo en el corazón, no te sorprendas que tu vida siga a los tumbos; que otros te rechacen; no te sorprendas que te encuentres desesperado. Jesús dijo en San Mateo capítulo 9:
«La gente sana no necesita médico, los enfermos sí» (Mateo 9:12 NTV).
Y en San Juan capítulo 15 dijo:
«… separados de mí, no pueden hacer nada» (Juan 15:5 NTV).
El dilema tuyo, aunque ahora se centra en el amor que dices sentir por esta jovencita, brota de tu corazón. Si aceptas a Cristo en tu corazón, tendrá una actitud calma, genuina, una actitud sin intereses egoístas hacia esta joven. ¿Por qué no le abres tu corazón ahora mismo, en este instante? Dile, «Señor Jesús, he fracasado, estoy ciego, necesito que me perdones, que me guíes, que me cambies. Entra a mi corazón». Toma esa decisión y tu vida comenzará a cambiar. Escríbeme nuevamente.
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