09/26/2013
Errores frecuentes en el ministerio de alabanza! via Charts & Partituras Cristianas
1. No tener un sonidista dedicado
Si se cuenta con equipo de sonido, obviamente se debe
contar con un sonidista. Más aún para un grupo de música
contemporánea, como es el caso en muchas iglesias
evangélicas, ya que en la música electrónica en la práctica
11el 50% es música y el otro 50% sonido. Una buena banda
sin un buen sonidista puede sonar mal, así también una banda musicalmente mala nunca sonará bien aunque el
sonidista sea bueno. Es difícil entender por qué algunas iglesias, con mucho equipo y muchos músicos, no tienen sonidista. No es suficiente con que uno de los músicos vaya ajustando la consola de cuando en cuando, desde el mismo lugar donde toca o canta. No incluir al sonidista en la ecuación musical es casi como un auto sabotaje.
2. No realizar un calentamiento musical antes del culto Cuando un músico no realiza una rutina de calentamiento previo a cualquier ensayo o presentación oficial, la primera y segunda canción le sirven de pre calentamiento. De ahí que muchas veces las primeras canciones tocadas por el grupo tienden a sonar flojas, y a partir de ahí el grupo recién va entrando en calor. Tanto cantantes como
instrumentistas deben tener una rutina de pre calentamiento que incluya ejercicios adecuados para cada caso.
3. Cantar canciones en una tonalidad demasiado alta La música congregacional es por definición para ser cantada por toda la congregación. No tiene sentido cantar alabanzas en una tonalidad demasiado alta, difícil de alcanzar para la mayoría de la membresía, además de no ser recomendable a fin de cuidar la salud vocal de las personas. Es mejor transponer las canciones a una tonalidad fácil de cantar para la mayoría, que quedarse
cantando solos mientras el resto de la iglesia escucha.
4. No tener los instrumentos apropiadamente calibrados y afinados 2 of 2 En el caso de las guitarras, bajos y batería acústica, es especialmente cierto que un instrumento
mal calibrado es incluso más difícil de afinar. Y aún si se lograra afinar, el instrumento descalibrado tiende a variar o a perder su afinación bajo ciertas circunstancias, o pasado cierto
intervalo de tiempo.
5. Tocar canciones sin la debida preparación, sólo porque están de moda. Es bueno renovar el repertorio de cuando en cuando, pero con buena preparación. Cantar una alabanza que aún no está bien ensayada sólo porque está de moda o para no quedarse atrás en
relación a otras iglesias, no solo es señal de una falta de madurez personal, sino también de madurez musical.
6. Tener demasiados integrantes Es preferible un grupo bien ensamblado de 4 o 5 integrantes que un grupo mal ensamblado de 10 integrantes. A qué se refiere el ensamble? El ensamble es la coordinación musical y artísticamente correcta de un grupo de instrumentos y/o voces. Para esto se requiere que cada
uno de los músicos tenga el dominio y la preparación musical mínima requerida, y muy importante también, un director musical con la preparación adecuada para juntar musicalmente todo sin que suene confuso o revuelto. Si el grupo no está todavía en la capacidad de conseguir ese nivel de ensamble musical, es mejor mantener al mínimo el número de instrumentos y voces.
Como reza un dicho conocido: “Juntos, pero no revueltos” y esto es más fácil de lograr en un principio con pocos integrantes.
7. Tocar con el equipo mal instalado Ubicar la consola en el ecenario, usar el tipo incorrecto de cables o micrófonos, ubicar la batería en un lugar inapropiado, conectores o enchufes en mal estado, cajas de efectos o amplificadores mal configurados son algunos de los ingredientes para potenciales problemas sonoros que pueden surgir en plena ejecución musical, quitándole el encanto a la experiencia espiritual de la
alabanza.
8. Contar con demasiados solistas Un buen músico sabe 2 cosas importantes: Cuando tocar o cantar y cuando callar. A esto se le
puede añadir también: cuanto tocar o cantar fuerte y cuando disminuir el volumen. Cada canción asemeja al espacio en una cabina telefónica en la cual a lo mucho 2 o 3 personas caben al mismo tiempo, e incluso solo una puede hablar por teléfono en un momento dado. Los demás deben esperar su turno fuera de la cabina. Cuando todos los músicos están tratando de acaparar el
espacio disponible en una canción o acaparar la atención del oyente, o simplemente demostrar lo bien que tocan a lo largo de toda la canción, el resultado final es simplemente confuso.
9. Dejar demasiados detalles para la improvisación Otro dicho muy conocido reza: “El talento es 99% de transpiración y 1% de inspiración” lo cual es muy, pero muy cierto. La calidad de un grupo musical se resume a la cantidad de horas de arduo
trabajo por parte de sus músicos, con una preparación metódica y constante. Si algo distingue a los músicos profesionales de los aficionados, es que los primeros tienes entre 10 y 15 años de
ardua preparación y estudio. Creer que haremos buena música sin trabajar arduamente y sólo con inspiración divina no sólo va en contra de lo racional, sino también ajeno al proceder de Dios,
ya que la inspiración divina comienza solo cuando las posibilidades humanas terminan.