05/03/2026
Todos admiramos héroes.
Hombres y mujeres que se levantan en medio del caos, que desafían la oscuridad, que avanzan cuando otros retroceden. Pero hoy quiero hablarte de un héroe distinto. Un héroe que no llevaba capa, que no tenía superpoderes, que no volaba ni levantaba edificios.
Un héroe que sangró, que lloró, que cayó… pero nunca se rindió.
Ese héroe se llama Pablo.
Pablo no nació siendo héroe.
De hecho, comenzó siendo enemigo.
Perseguidor.
Religioso.
Convencido de que tenía la razón, pero caminando en dirección contraria al corazón de Dios.
Y aun así, Jesús lo miró.
Lo detuvo.
Lo llamó por su nombre.
Y lo transformó en uno de los hombres más influyentes de la historia de la fe.
Pablo es mi héroe porque su historia demuestra que nadie está demasiado lejos para ser alcanzado por la gracia.
Porque si Dios pudo cambiar a un perseguidor en apóstol, puede cambiar cualquier vida, cualquier corazón, cualquier destino.