14/07/2026
Dos en : un desafío con solución
La humanidad ha construido distintas formas de entender la política, el poder y la relación con la vida. En El Salvador, como en muchos territorios de América, conviven dos grandes formas de pensamiento político que históricamente no han tenido un diálogo en igualdad de condiciones.
Por un lado, se encuentra el modelo político occidental moderno, fundamentado principalmente en la organización del Estado, la institucionalidad, la ciudadanía individual, el desarrollo económico y la administración del territorio. Su visión ha sido predominantemente antropocéntrica, colocando al ser humano como principal sujeto de decisión y organización de la relación con la naturaleza y la sociedad.
Por otro lado, existe la política nativo-originaria o ancestral, que parte de un principio diferente: la persona no existe separada de la comunidad, del territorio y de la naturaleza. En esta visión, el poder no se entiende únicamente como autoridad, sino como responsabilidad colectiva; la tierra no es solamente propiedad, sino un espacio de vida; y la comunidad no es únicamente un grupo social, sino una estructura de organización, memoria y conocimiento.
Ambos modelos representan formas distintas de comprender la realidad.
El problema histórico no ha sido la existencia de estas diferencias, sino que durante determinados procesos históricos un modelo adquirió una posición dominante, reduciendo el reconocimiento y ejercicio de otras formas de organización comunitaria, pensamiento político y relación con el territorio.
Por ello, el debate actual no debería reducirse a entregar nuevas respuestas institucionales, sino preguntarse cómo construir verdaderas soluciones.
toda es una .
Una respuesta puede ser un reconocimiento constitucional, una ley, una institución o un programa público. Una solución requiere transformar las condiciones que originaron la desigualdad y crear nuevas garantías para el ejercicio efectivo de los derechos.
Reconocer un derecho no siempre significa garantizar su pleno ejercicio.
La existencia de un derecho dentro de un marco jurídico representa un avance importante, pero la verdadera transformación ocurre cuando ese derecho forma parte de la realidad cotidiana de las comunidades.
A partir de esta realidad pueden plantearse tres caminos posibles:
: Restitución jurídica de derechos preexistentes
Si la Constitución reconoce la existencia y los derechos de los pueblos nativo-originarios, el siguiente paso debe ser revisar y armonizar las leyes secundarias, políticas públicas e instituciones del Estado con ese reconocimiento.
Esto implica analizar aquellas normas que, directa o indirectamente, han limitado derechos colectivos relacionados con la identidad cultural, la lengua, la organización comunitaria, el territorio y la participación efectiva.
No se trataría de crear privilegios nuevos, sino de garantizar y restituir derechos colectivos preexistentes que existían antes de la formación del Estado moderno y cuyo ejercicio fue limitado o transformado por procesos históricos posteriores.
: Gobernanza comunitaria en diálogo con el Estado nacional
Otra posibilidad es avanzar hacia un modelo de gobernanza compartida, donde las comunidades puedan ejercer formas propias de organización y toma de decisiones en coordinación y diálogo permanente con el Estado.
No significa crear un Estado separado dentro del Estado, sino construir una relación de reconocimiento mutuo donde las estructuras comunitarias ancestrales puedan aportar soluciones desde sus propios conocimientos, experiencias y formas de organización.
Sería pasar de un modelo donde el Estado decide sobre los pueblos, hacia un modelo donde el Estado dialoga, escucha y construye con los pueblos.
: Repensar o refundar el Estado desde un modelo multicultural pleno
El camino más profundo sería repensar algunos elementos del pacto nacional y avanzar hacia un modelo donde el Estado reconozca plenamente la diversidad histórica, cultural y política de sus pueblos.
No se trataría solamente de incorporar expresiones culturales dentro del Estado existente, sino de transformar la manera en que se comprende la ciudadanía, la participación, el territorio y la relación con la naturaleza.
Un Estado multicultural pleno no significa dividir la sociedad; significa reconocer que la unidad puede construirse desde la diversidad.
El desafío histórico es pasar de una política basada únicamente en respuestas hacia una política basada en soluciones.
Porque los pueblos no solamente necesitan ser reconocidos.
Necesitan participar en la construcción del futuro.
El verdadero diálogo entre la política moderna y la política ancestral no debe buscar que una desaparezca para que la otra prevalezca. Debe buscar un nuevo equilibrio donde el conocimiento científico y los saberes ancestrales puedan encontrarse para construir sociedades más justas, humanas y sostenibles.
Quizá la pregunta del futuro no sea:
¿Cómo adaptamos los pueblos al Estado?
Sino:
¿Cómo construimos un Estado capaz de reconocer plenamente a los pueblos que existían antes que él?
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Alexandro Tepas Lapa
Nativo de los Pueblos Nahuas
Vocero del Concejo Ancestral de los Comunes y Territorios Indígenas (CACTI)