08/10/2026
🔴 Piezas arqueológicas de Atiquizaya en un museo de Estados Unidos: La colección atribuida a Theodore T. Foley y el misterio del jade perdido/ cadena de procedencia.
La historia arqueológica de Atiquizaya, departamento de Ahuachapán, ha comenzado a revelar una dimensión hasta ahora poco conocida: algunos objetos arqueológicos atribuidos a este antiguo asentamiento prehispánico se encuentran actualmente en colecciones museísticas de los Estados Unidos.
Este hecho adquiere especial importancia porque entre dichos objetos se encuentran piezas elaboradas en jadeíta, material de alto valor simbólico y ritual en las antiguas sociedades mesoamericanas.
La existencia de estas piezas fuera de El Salvador plantea nuevas preguntas acerca de la historia arqueológica de Atiquizaya: ¿cuándo fueron extraídas?, ¿quién las encontró?, ¿cómo salieron del país?, ¿quién las adquirió?, ¿formaron originalmente parte de una misma colección? y, especialmente, ¿podrían estar relacionadas con la escultura de jade de aproximadamente 50 centímetros mencionada en 2018 por el arqueólogo Shione Shibata?
La presente investigación no pretende responder definitivamente estas preguntas, sino presentar la evidencia documental actualmente disponible y establecer nuevas líneas de investigación.
1. Atiquizaya: un sitio arqueológico de importancia prehispánica.
La presencia de materiales arqueológicos fuera de El Salvador debe comprenderse dentro de la historia del propio sitio.
En 1954, el arqueólogo alemán Wolfgang Haberland realizó investigaciones en Atiquizaya y documentó dos montículos prehispánicos situados entre la población y el río San Antonio, en las cercanías de los Manantiales de Aguijuyo. El mayor de ellos alcanzaba aproximadamente 12 metros de altura, se localizó en la propiedad que fue de don Chepe Urrutia mientras que el segundo tenía alrededor de 8 metros., en la propiedad que fue de don Raúl Siliezar
Haberland encontró materiales cerámicos, figurillas antropomorfas y otros vestigios que le permitieron identificar un complejo arqueológico de carácter preclásico.
La importancia de este dato radica en que demuestra que los objetos posteriormente atribuidos a Atiquizaya no proceden simplemente de una tradición oral contemporánea: existió un sitio arqueológico formalmente investigado y documentado por especialistas desde mediados del siglo XX.
Sin embargo, la destrucción de los montículos constituye uno de los episodios más lamentables de la historia arqueológica local. Según las investigaciones de Haberland, parte del material de los montículos estaba siendo utilizado como tierra para la fabricación de ladrillos y tejas.
El proceso de destrucción de los sitios arqueológicos de Atiquizaya pudo haber contribuido a la dispersión de sus materiales y a la pérdida de información sobre su contexto original.
2. El Museo Nacional y la dispersión de los materiales.
La historia de los materiales arqueológicos de Atiquizaya muestra que no todos siguieron el mismo destino. En sus investigaciones posteriores, Haberland señaló que los materiales que había recuperado en Atiquizaya permanecían en el Museo Nacional de San Salvador, pues no había recibido autorización para trasladarlos al Museo de Etnografía y Prehistoria de Hamburgo.
Este dato demuestra que durante la década de 1950 y posteriormente existía ya una colección institucional de materiales procedentes de Atiquizaya.
Pero otros objetos siguieron una trayectoria diferente. Algunos terminaron en manos de coleccionistas particulares y posteriormente ingresaron a museos extranjeros. Uno de los casos mejor documentados actualmente es el de Theodore T. Foley.
3. Theodore T. Foley y las piezas arqueológicos de Atiquizaya.
Los registros del National Museum of the American Indian, perteneciente al Smithsonian Institution, permiten identificar un conjunto de objetos cuya procedencia aparece registrada como: Atiquizaya, Ahuachapán, El Salvador.
Varios de estos objetos tienen como propietario anterior a Theodore T. Foley. Los registros indican que Foley donó parte de estos materiales al museo en 1971 y 1972.
Este dato es particularmente importante porque establece documentalmente que, por lo menos desde comienzos de la década de 1970, existía en Estados Unidos una colección de objetos arqueológicos atribuidos específicamente a Atiquizaya.
4. Dos piezas de jadeíta..
Entre las piezas más importantes se encuentran dos objetos identificados por el Smithsonian como celts, término arqueológico utilizado para determinados objetos líticos, generalmente de forma semejante a hachas o instrumentos para trabajar madera.
Lo extraordinario es que ambos aparecen registrados como elaborados en jadeíta y con procedencia: Atiquizaya, Ahuachapán, El Salvador. Uno de ellos corresponde al registro NMAI_262150, mientras que el otro corresponde al registro NMAI_262149. Los registros del museo señalan como propietario anterior a Theodore T. Foley y como fecha de donación el año 1972.
Estas piezas constituyen una evidencia material particularmente importante porque permiten afirmar que objetos de jadeíta atribuidos a Atiquizaya ingresaron efectivamente a una colección museística estadounidense.
Debe hacerse, sin embargo, una precisión metodológica.
No existe evidencia suficiente para afirmar que estos dos objetos sean la famosa escultura de aproximadamente 50 centímetros mencionada posteriormente por Shione Shibata. El museo los identifica como celts, no como una escultura antropomorfa de un sacerdote. Por ello, deben considerarse evidencia independiente de la existencia de objetos de jadeíta procedentes de Atiquizaya, pero no como la identificación de la pieza misteriosa.
5. Colección arqueológico atribuido a Atiquizaya
La importancia de la colección Foley aumenta al comprobar que los dos objetos de jadeíta no constituyen casos aislados. El catálogo del National Museum of the American Indian registra otros objetos atribuidos a Atiquizaya que pertenecieron anteriormente a Theodore T. Foley. Entre ellos se encuentran:
• Piezas | Procedencia registrada | Propietario anterior | Donación |
a) Celt de jadeíta | Atiquizaya | Theodore T. Foley | 1972 |
b) Celt de jadeíta | Atiquizaya | Theodore T. Foley | 1972 |
c) Figura de cerámica | Atiquizaya | Theodore T. Foley | 1971 |
d) Fragmento de figura | Atiquizaya | Theodore T. Foley | 1971 |
e) Incensario | Atiquizaya | Theodore T. Foley | 1971 |
f) Vasija Salúa con representación de Huehuetéotl | Atiquizaya | Theodore T. Foley | 1971 |
Los registros individuales del Smithsonian constituyen la base documental de esta relación. Por tanto, no estamos ante una única pieza aislada, sino ante un conjunto arqueológico atribuido a Atiquizaya que estuvo en manos de un mismo coleccionista estadounidense.
6. La vasija de Huehuetéotl: una pieza especialmente significativa.
Entre las piezas de esta colección destaca una vasija Salúa que representa a “Huehuetéotl”, el llamado Dios Viejo o Dios del Fuego. El catálogo del Smithsonian la identifica como procedente de: Atiquizaya, departamento de Ahuachapán, El Salvador. Dat aproximadamente entre 450 y 850 d.C. La pieza fue donada por Theodore T. Foley en 1971.
La importancia de esta pieza no radica únicamente en su procedencia. También demuestra que los materiales atribuidos a Atiquizaya abarcan diferentes períodos y manifestaciones culturales. Además, la pieza aparece publicada en el catálogo académico Revealing Ancestral Central America, editado en 2013.
Su presencia en una publicación académica internacional demuestra que antes de 2018 ya existía información publicada internacionalmente sobre objetos arqueológicos procedentes de Atiquizaya conservados en Estados Unidos.
7. ¿Qué significa la presencia de estos objetos en Estados Unidos?
La presencia de estos materiales plantea una cuestión fundamental para la historia cultural de Atiquizaya. Los objetos arqueológicos no solamente son piezas artísticas, conservan información sobre:
- tecnología;
- religión;
- organización social;
- comercio;
- relaciones culturales;
- sistemas de intercambio;
- prácticas funerarias;
- cosmovisión;
- y desarrollo histórico de las sociedades que los produjeron.
Cuando un objeto es separado de su contexto arqueológico, una parte de esa información puede perderse. En el caso de Atiquizaya, la situación resulta particularmente compleja porque los propios montículos arqueológicos fueron parcialmente destruidos. Por ello, cada pieza conservada puede representar una parte de la historia de un sitio cuyo contexto original ha sido alterado o desaparecido.
8. El misterio de la gran escultura de jade
Esta documentación adquiere una dimensión todavía mayor cuando se relaciona con una noticia publicada en El Independiente el 26 de febrero de 2018. En el artículo titulado “La Piedra de Las Victorias”, vestigio de la presencia olmeca en El Salvador, se recoge una declaración atribuida al arqueólogo Shione Shibat.
Según la publicación, en Atiquizaya fueron destruidos antiguos montículos y, en ese contexto, habría aparecido una “escultura de jade” de aproximadamente 50 centímetros de altura que representaba a un sacerdote.
El artículo añade que la pieza estaría en poder de una coleccionista estadounidense. Este dato es extraordinariamente importante para la presente investigación. Sin embargo, debe establecerse una diferencia fundamental: “el artículo de 2018 no proporciona el nombre de la coleccionista, número de inventario, fotografía de la pieza, museo, fecha del hallazgo ni documento arqueológico que permita identificarla físicamente”.
Por tanto, la existencia de los dos objetos de jadeíta conservados por el Smithsonian no permite afirmar que alguno de ellos sea la escultura de 50 centímetros.
9. ¿Podría existir una relación entre Foley y la escultura?
Esta es una de las preguntas más interesantes que surgen de la nueva documentación. Tenemos dos hechos independientes:
Primer hecho: Theodore T. Foley poseyó varios objetos arqueológicos atribuidos a Atiquizaya, entre ellos dos objetos de jadeíta.
Segundo hecho: En 2018 Shione Shibata declaró que en Atiquizaya había existido una escultura de jade de aproximadamente 50 centímetros y que esta se encontraba en manos de una coleccionista estadounidense.
Hasta ahora no existe evidencia que conecte directamente ambos hechos.
Por tanto, sería incorrecto afirmar que la escultura perteneció a Foley.
Pero tampoco podemos descartar completamente la posibilidad sin investigar primero la historia de adquisición de la colección Foley.
La pregunta correcta es: ¿Qué documentación existe sobre el origen de la colección de Theodore T. Foley y cómo llegaron a sus manos los objetos procedentes de Atiquizaya?
Si se lograra determinar el lugar, la fecha y las circunstancias de adquisición, podría establecerse si Foley tuvo contacto con materiales procedentes directamente de las excavaciones o destrucciones de los montículos de Atiquizaya.
10. Una pista anterior a 2018
La existencia de objetos de Atiquizaya en la colección Foley no fue descubierta después de la noticia de 2018. En 2013, el catálogo académico “Revealing Ancestral Central America” ya incluía la vasija Salúa con Huehuetéotl procedente de Atiquizaya y señalaba: Gift of Theodore T. Foley, 1971.
Esto demuestra que la presencia de objetos arqueológicos de Atiquizaya en Estados Unidos era conocida y publicada internacionalmente al menos desde antes de 2018. Lo que todavía no hemos encontrado es una publicación anterior a 2018 que mencione específicamente la “escultura de jade de 50 centímetros”.
11. El problema de la procedencia.
Un aspecto que merece especial atención es que las fichas actuales del Smithsonian indican, para estos objetos, que la historia de adquisición es desconocida o incompleta.
Esto significa que conocemos: Atiquizaya → Theodore T. Foley → Smithsonian; pero desconocemos, en buena medida, lo que ocurrió antes de Foley. Ese vacío documental es precisamente el punto donde podría encontrarse la respuesta a varias preguntas.
Necesitamos reconstruir:
Atiquizaya - excavación o extracción - primer propietario - intermediario o coleccionista -Theodore T. Foley - donación de 1971-1972 - National Museum of the American Indian / Smithsonian.
Si logramos completar alguno de los eslabones intermedios, habremos avanzado considerablemente en la reconstrucción de la historia de los objetos.
12. El significado para la historia de Atiquizaya.
La existencia de estas piezas en Estados Unidos permite plantear una consideración más amplia. La historia arqueológica de Atiquizaya no está únicamente en los restos que todavía permanecen en su territorio. También existe una “memoria arqueológica dispersa” de Atiquizaya, conservada actualmente en diferentes instituciones y colecciones.
Esta memoria se encuentra fragmentada entre:
- investigaciones de Wolfgang Haberland;
- materiales conservados históricamente en El Salvador:
- colecciones privadas;
- museos estadounidenses;
- publicaciones académicas;
- registros fotográficos;
- testimonios locales;
- y referencias periodísticas.
La reconstrucción de esta dispersión constituye una tarea necesaria para comprender integralmente el patrimonio arqueológico de Atiquizaya.
13. El jade como hilo conductor.
El caso del jade resulta especialmente significativo. Por una parte, tenemos dos objetos de jadeíta catalogados oficialmente como procedentes de Atiquizaya. Por otra, existe la referencia periodística a una escultura mucho mayor, de aproximadamente 50 centímetros. Entre ambas evidencias existe una diferencia enorme de forma y posiblemente de función, pero ambas apuntan hacia una misma realidad: el jade estuvo presente en el registro arqueológico de Atiquizaya y algunos objetos de este material terminaron fuera de El Salvador.
14. Una nueva hipótesis de investigación.
A partir de la evidencia disponible puede formularse una hipótesis de trabajo:
La referencia de 2018 a una escultura de jade de aproximadamente 50 centímetros podría proceder de información arqueológica o de colecciones antiguas relacionadas con materiales extraídos del sitio de Atiquizaya durante el siglo XX. La existencia documentada de una colección de objetos de Atiquizaya perteneciente a Theodore T. Foley demuestra que materiales arqueológicos del sitio llegaron a Estados Unidos décadas antes de la publicación de 2018. Sin embargo, actualmente no existe evidencia suficiente para establecer que la escultura mencionada por Shibata haya formado parte de la colección Foley.
Conclusión
La investigación sobre el patrimonio arqueológico de Atiquizaya acaba de adquirir una nueva dimensión. Ya no estamos solamente ante la memoria de un sitio prehispánico cuyos montículos fueron parcialmente destruidos.
Existe una parte de Atiquizaya que se encuentra físicamente fuera de El Salvador.
El National Museum of the American Indian del Smithsonian conserva varios objetos cuya procedencia está registrada como Atiquizaya, entre ellos “dos objetos de jadeíta” y diferentes piezas cerámicas. Varios de ellos pertenecieron anteriormente al estadounidense Theodore T. Foley, quien los donó al museo entre 1971 y 1972.
La documentación académica publicada en 2013 demuestra además que, antes de que apareciera la noticia de 2018, ya existía información internacional sobre objetos arqueológicos de Atiquizaya conservados en Estados Unidos. Este hecho proporciona un contexto nuevo para investigar la misteriosa escultura de jade mencionada posteriormente por Shione Shibata. Sin embargo, sería prematuro afirmar que alguna de las piezas del Smithsonian corresponde a aquella escultura.
La investigación continúa abierta.
La pregunta central permanece: ¿Qué ocurrió con la gran escultura de jade de aproximadamente 50 centímetros que, según Shione Shibata, representaba a un sacerdote? Y ahora tenemos una segunda pregunta que puede conducirnos hacia la respuesta: ¿Cómo llegó a Estados Unidos la colección arqueológica de Theodore T. Foley que contenía objetos procedentes de Atiquizaya?
Pero por primera vez disponemos de objetos concretos, nombres concretos, fechas concretas y registros museísticos concretos que permiten continuar la investigación más allá de la tradición oral.
El próximo paso que considero más prometedor es investigar específicamente a Theodore T. Foley y su colección. Ahí podríamos encontrar la fecha, lugar y circunstancias en que adquirió los objetos de Atiquizaya; y esa información podría acercarnos mucho más a la misteriosa escultura de jade.
Antón Panún
Fuentes:
- Atiquizaya - piezas arqueológicas documentadas en la colección de Theodore T. Foley → donaciones al National Museum of the American Indian en 1971–1972.
- Atiquizaya - según Shione Shibata, escultura de jade de unos 50 cm, representando un sacerdote en manos de una coleccionista estadounidense.
- HABERLAND, Wolfgang. “Un complejo preclásico del occidente salvadoreño”. Estudios Centroamericanos (ECA), vol. 29, n.º 305-306, 1974, pp. 111-116. ResearchGate.
- EL INDEPENDIENTE. “La Piedra de Las Victorias, vestigio de la presencia olmeca en El Salvador”. 26 de febrero de 2018. El Independiente