11/06/2026
En las palabras que Jesús dejó escritas en su Palabra, encontramos el fundamento de todo servicio verdadero: “Estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí”.
Esas palabras traen consigo una pregunta humilde, la de quienes quieren hacer el bien sin saber a quién están sirviendo realmente: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?”. Y llega la respuesta, que cambia el sentido de todo lo que hacemos: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.
Esta enseñanza no es solo un relato, es el origen y el alma de lo que hoy conocemos como capellanía. Y para entender su significado, vamos hasta la historia de Martín de Tours, un soldado del siglo IV que, sin ser aún creyente, llevó en su corazón la caridad que Dios pide.
Un día de mucho frío, se encontró en el camino con un mendigo desnudo, temblando y olvidado por todos. Martín no tenía riquezas, solo su capa militar, la prenda que lo protegía a él del viento y la helada. Sin dudar, sacó su espada, partió esa capa en dos y entregó la mitad al hombre que nada tenía. Esa misma noche, tuvo una visión: vio a Jesús vestido con esa mitad de tela, diciendo ante los ángeles: “Martín me ha vestido con esta prenda”.
De aquel gesto nacen las palabras que hoy nos guían:
La capa: No es solo una prenda de vestir, es el símbolo de protección, de entrega y de amor. Es dar lo que uno tiene para cubrir la necesidad del otro, sin esperar nada a cambio.
La capilla: Fue al principio el lugar pequeño, cercano y sagrado donde se guardó aquella mitad de la capa de Martín. No es un templo grande ni lejano; es el espacio donde se reúnen quienes siguen su ejemplo, donde se ora, se acompaña y se recuerda que Dios está presente en el encuentro con el hermano.
El capellán: Su nombre viene directamente de esta historia. Es quien lleva ese espíritu: quien cuida, acompaña y hace presente el amor de Dios en todos los lugares donde hace falta. No es alguien alejado, sino quien se acerca a la gente.
Hoy, este mismo espíritu vive y se hace obra en la Asociación de Capellanes Nacionales Evangélicos del Paraguay, una institución que lleva adelante este mandato con dedicación y fe.
Sus capellanes están siempre presentes: visitan a los enfermos y les llevan consuelo, se acercan a quienes están privados de libertad para recordarles que nadie está olvidado, acompañan a familias en momentos difíciles, brindan apoyo espiritual, orientación y esperanza. Están con las fuerzas del orden, con trabajadores, con comunidades, y muy especialmente aquí, en el Destacamento de Ciudad Presidente Franco, donde su labor es fundamental: estar al lado de quienes cumplen deberes importantes, compartir la palabra de Dios, fortalecer el ánimo y recordar que servir al prójimo es servir al Señor. Su trabajo es silencioso pero profundo: es estar ahí, ser puente y hacer realidad cada día aquello que Jesús enseñó.
Al frente de esta misión, guiando este equipo de servicio y compromiso, se encuentra el Comandante Lic. Roberto Ramón Ortiz García. Hombre de fe, de vocación y de gran responsabilidad, ha dedicado su vida a unir el deber, la lealtad y el amor al prójimo.
Cuenta con un grupo selecto de capellanes, verdaderos camaradas de causa, personas de corazón noble, muy serviciales y siempre dispuestos a dar lo mejor de sí mismos para ayudar, acompañar y llevar esperanza a todos los que lo necesitan.
Como líder de esta asociación, ha trabajado para que la capellanía llegue a más lugares, sea más cercana y cumpla fielmente con el mandato divino: ver a Jesús en cada persona que necesita ayuda.
Con su experiencia, su visión y su corazón, ha convertido esta obra en un ejemplo de servicio en todo el país, enseñando siempre que todo lo que se hace por el más pequeño, se hace por Dios mismo.
Desde aquella capa que Martín partió, hasta la obra que hoy se realiza en Ciudad Presidente Franco y en todo el Paraguay, el mensaje es el mismo: la fe se demuestra en hechos, y servir al otro es la forma más hermosa de encontrarse con Dios.