16/08/2026
EN MEMORIA DE LOS HÉROES DE ACOSTA ÑU
Hoy recordamos un luctuoso suceso acontecido en la llamada Guerra contra la Triple Alianza: la batalla de Acosta Ñu.
El lugar es denominado Campo de Barrero Grande por Resquín, Ñu Guazú, Rubio Ñu o Díaz Cué por Centurión y Campo Grande o Rubio Ñu por O’leary. En portugués se lo denomina Nhon-guacu o Acosta-nhu. El nombre más común utilizado en la actualidad por la historiografía paraguaya – Acosta Ñu – fue adoptado después de la guerra, inspirado en que la batalla se produjo dentro de la estancia de la familia Acosta Freyre-Rivarola.
Efraím Cardozo, quien no era un hombre de imprecisiones, simplemente la denomina “Batalla de los niños”, ya que participaron en ella un gran número de jóvenes paraguayos que contaban con hasta 14 años de edad o menos. La batalla comenzó a las 07.00 de la mañana y en ella se enfrentaron 20.000 aliados contra aproximadamente unos 3.500 paraguayos de los cuales 700 a 800 eran menores que cubrían la retirada del Mcal. Francisco Solano López.
Los aliados iniciaron la persecución de éste (López) en la carretera de Curuguaty, la que sería la cuarta capital de la República del Paraguay, encontrando a cada paso las señales de su retirada precipitada: carretas, muchachos y mujeres muertas, abandonados en el camino. Pese a todo esto, no lograron alcanzarlo. Cercaron en cambio; mientras estaba atravesando un torrente la división de Caballero que trataba de unirse al ejército con un convoy larguísimo de carruajes cargados de suministros con municiones y equipos militares.
El lugar donde se desarrollaría era una extensa planicie de unos doce kilómetros cuadrados, propicia para la acción de la caballería brasileña. En caso de que ésta hubiera sido utilizada en un comienzo, podría haber envuelto y destrozado el blanco de las posiciones aliadas. Sin embargo, la caballería se encontraba en la retaguardia de todas las fuerzas brasileñas y no podían avanzar por la estrecha picada pues tenía por delante a miles de soldados de infantería y artillería. En consecuencia el ataque brasileño comenzó con la infantería, uno de cuyos batallones estaba al mando del entonces coronel Manoel Deodoro da Fonseca, un día como hoy pero de 1869 hace 157 años.
La capacidad de resistencia paraguaya quedó demostrada una vez más, pues a pesar de que la relación de fuerzas era ampliamente favorable a los aliados, el combate se prolongó por ¡8 horas!. Durante todo ese tiempo Caballero hizo que sus fuerzas retrocediesen en forma ordenada, “dejando bien claro” que su tropa mantenía la disciplina. Con ese movimiento los paraguayos atravesaron el arroyo Yuquyry (Jukyry) y se instalaron en la otra margen disponiendo de ocho cañones y protegidos por los montes de tierra. La infantería brasileña intento atravesar el arroyo, desatándose un intenso combate: en el terreno se mezclaban cadáveres, carretas, “mujeres y niños daban gritos lacerantes que se escuchaban en medio del violento fuego de fusilería y el tronar de la artillería”.
El Vizconde de Taunay asistió a los hechos describiéndolos de la siguiente forma: “Me parece que todavía estoy viviendo como se bajaban las lanzas fulgurantes y vertiginosas despidiendo por el aire, cual si fueran simples copos de algodón, los cuerpos de aquellos que iban hiriendo y que por lo general, caían agachados, flexionados y más que esto enrollados sobre sí mismos. No pocos de los infantes paraguayos se trataban de defender con la espingarda (escopeta de cañón muy largo), pero esa resistencia era momentánea; algunos arrojaban el arma, ocultaban el rostro entre los brazos, bajaban la cabeza y estiraban el cuello esperando el golpe de las pesadas espadas, apresurados por terminar con todo y buscando en la muerte la solución para tantas desgracias y tantos sufrimientos”.
“A las cinco y media de la tarde el combate había terminado; a partir de ahí solo se puede hablar de abusos sobre los vencidos, que incrementó las bajas mortales al ser lanceados innumerable cantidad de heridos, práctica que se extendió por tres días sin que los oficiales aliados se interpongan o tomen medidas para castigar los abusos. También se menciona la presencia de aproximadamente trescientas mujeres paraguayas, madres de algunos menores que pelearon ese 16 de agosto, que en un principio estaban refugiadas en el monte y al ver el desenlace final salieron a rescatar a sus hijos y a pelear por ellos, emulando a las de su género en Avay. Estudios arqueológicos confirmar la presencia de mujeres en el campo al hallarse gran cantidad de peinetas en las excavaciones” nos cuenta el historiador Carlos Von Horoch.
Dionísio Cerqueira dice que la derrota paraguaya fue completa: “el campo de batalla quedó lleno de mu***os y heridos del enemigo (los paraguayos) entre los cuales nos daban gran pena, debido a su gran número, los pequeños soldados cubiertos de sangre y con piernitas quebradas, muchos de los cuales todavía no habían llegado a la pubertad. Que valientes que eran para el combate esos pobres niños! Que terrible lucha aquella entre la piedad cristiana y el deber militar! Nuestros soldados (se refiere a los aliados y en su mayoría soldados del ejército imperial, así como también a los argentinos, uruguayos y paraguayos miembros de la conocida como “Legión paraguaya”) decían que no daba gusto tener que pelear con tantos niños”.
Habiendo finalizado la matanza del día (pero no el sentimiento de culpa por ella), los soldados aliados apilaron los cadáveres paraguayos en pequeños montículos, como lo habían hecho en Boquerón y Tuyutí e incendiaron todo el campo. El fuego rápidamente salió de control, quemando carretas, cuerpos, cajas de cartuchos, todo. Las llamas a esa hora (las 5 de la tarde) devoraban una parte del campo dónde murieron carbonizados muchos heridos. Y la porción no incendiada ofrecía a la vista el triste y doloroso espectáculo de mu***os y heridos esparcidos por doquier. Los raídos uniformes, alguna vez escarlatas y ahora ennegrecidos con arcilla y sangre fueron consumidos por las llamas.
Periódicamente una carga de pólvora se sumaba al in****no, como un saludo final a los mu***os. Taunay afirmó haber visto con sus propios ojos a un herido niño – soldado paraguayo en el piso, enroscado en posición fetal, sufriendo por el dolor y tosiendo por la irritación del humo y que entre sus gemidos le pidió a un camarada que le matara antes de que el fuego lo consumiera; El otro soldado con resignación, respondió disparando un solo tiro al corazón del postrado muchacho.
Artículo de Eduardo Ortíz Mereles
FUENTES: Hace 100 años, Crónicas de la Guerra de 1864 – 1870, tomo XII – Efraím Cardozo / Quinhentos anos de historia do Brasil – Guilherme de Andrea Frota / El Napoleón del Plata, historia de una heroica guerra sudamericana – Manlio Cancogni, Ivan Boris / Maldita Guerra – Francisco Doratioto / La Guerra de la Triple Alianza, Vol III – Thomas Whigham / Páginas de sangre, Las Cordilleras 1869 de Carlos Von Horoch / La Guerra de la Triple Alianza de Renato Angulo y Eduardo Ortíz Mereles / Efemérides Luis Verón.
IMAGEN: Monumento a la “Batalla de Acosta Ñu”, sito en Eusebio Ayala, en el mismo lugar de los hechos. Foto: La guerra del Paraguay, perfil de X (ex Twitter)