31/07/2026
OSCURIDAD QUE ILUMINA.
Una mirada sincera a lo que pasó en el Colegio Pablo L. Ávila
Cuando el apagón desnuda la realidad
El pasado 18 de julio, alrededor de las 15:00 horas, el transformador que alimenta de energía al Colegio Nacional Pablo L. Ávila explotó.
Lo que parecía un simple accidente eléctrico se convirtió, con el correr de los días, en un espejo que reflejó de cuerpo entero las fortalezas, pero sobre todo las profundas debilidades de nuestra comunidad educativa y del Estado.
Estas líneas se escriben desde adentro, como parte de esta gran familia escolar. El objetivo no es buscar culpables para señalar con el dedo, sino poner sobre la mesa los problemas reales que debemos enfrentar si queremos mejorar.
Las puertas cerradas del Estado
Ante la emergencia, la Dirección del colegio y la Asociación de Cooperación Escolar (ACE) actuaron correctamente: cumplieron con los pasos formales. Enviaron notas de pedido y urgimiento al Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), a la Municipalidad de Asunción y a la ANDE.
¿La respuesta? El clásico silencio institucional o excusas:
El MEC no cuenta con un presupuesto de emergencia para estos casos graves y brilló por su ausencia.
La ANDE se deslindó rápidamente argumentando que el transformador era "privado". Sin embargo, sus propios funcionario aseguraron que el daño se originó por una presunta "falla en la línea de alta tensión".
Nadie investigó a fondo ni hizo un peritaje serio.
La reacción de los padres y el muro del prebendarismo.
Al ver que los chicos volvían de sus vacaciones y se encontraban con un colegio sin luz (teniendo que suspender las clases y limitarse a actividades recreativas), la ACE propuso una salida solidaria: que cada familia aporte 25.000 guaraníes para juntar los 16 millones que costaba reparar el equipo.
Aunque el monto individual no es alto (equivalente a 250.000 guaraníes divididos en 10 meses), la cruda realidad es que solo el 33% de las familias aportó. ¿Por qué? Porque la ACE sobrevive con apenas 7 personas voluntarias al frente de una comunidad de unos 1.000 alumnos, cargando además con un histórico embargo judicial de cuatro años debido a un juicio laboral.
Cuando los padres decidieron organizarse y hacer público el problema, saltaron los primeros cortocircuitos: algunos operadores políticos oficialistas salieron a decir en redes que esto "buscaba destruir la buena imagen del gobierno".
Pero lo más llamativo ocurrió después.
De repente, se anunció que el presidente de la Seccional Colorada N° 43 se haría cargo del problema. Al poco tiempo, cuadrillas de la ANDE aparecieron para instalar el transformador.
Esto se confirmó más tarde mediante unas publicaciones en redes de algunas cuentas, pero no de la Institución.
¿Qué nos deja esto? Que los canales formales e institucionales no funcionan.
En nuestro país, los derechos básicos como la luz en una escuela terminan resolviéndose "por contactos" y favores políticos, rompiendo toda lógica institucional.
“En mi carácter de miembro titular de la Comisión Directiva de la Asociación de Ex Alumnos del Colegio Pablo L. Ávila, recurrí al Presidente de la Seccional 43, Guillermo Fernández, y como parte de su equipo le solicité apoyo para gestionar una solución al problema del transformador de la institución, cuyo elevado costo hacía muy difícil su reparación.
Como ya es característico de su forma de trabajar, su respuesta fue inmediata. Sin dudar, realizó las gestiones correspondientes ante las autoridades del MEC y, gracias a ese compromiso, en este preciso momento una cuadrilla de la ANDE ya se encuentra realizando el cambio del transformador, llevando tranquilidad y alegría a toda la comunidad educativa.
En nombre propio, de la Asociación de Exalumnos y de toda la comunidad del Colegio Pablo L. Ávila, quiero expresar mi más sincero agradecimiento al Presidente Guillermo Fernández por su rápida intervención y por estar siempre dispuesto a acompañar y dar respuestas a las necesidades de nuestra gente”, dice la nota firmada por un miembro de la Asociación de Ex Alumnos del Colegio Pablo L. Ávila.
Las tareas pendientes: ¿Dónde estamos fallando?
Este apagón nos dejó a oscuras, pero también iluminó tres grandes desafíos que tenemos como comunidad:
a- La participación de los padres necesita madurar: Los padres no pueden asistir a reuniones solo cuando hay que pagar algo o recibir avisos. Si la participación se reduce a eso, no hay democracia ni verdadera corresponsabilidad.
b- El rol de los jóvenes y el Centro de Estudiantes: Los estudiantes volvieron al colegio para actividades lúdicas, lo cual estuvo bien, pero se desaprovechó una oportunidad de oro. Ese tiempo en el colegio pudo servir para debatir sobre derechos, analizar por qué el Estado no responde y hacer educación cívica real. Los jóvenes tienen una energía transformadora que no debe quedarse callada.
c- La responsabilidad compartida: Aquí todos tenemos algo que corregir: las autoridades nacionales que ignoran las escuelas, las instituciones que se lavan las manos, los padres que a veces se alejan, y nosotros mismos que debemos organizarnos mejor.
Enfrentemos juntos los problemas
La situación que vivimos en el Colegio Pablo L. Ávila es compleja y refleja el doloroso "ivai la porte" que se vive a nivel nacional.
Sin embargo, no podemos resignarnos.
Es necesario sentarnos a hacer un diagnóstico real, planificar juntos y exigir que cada estamento cumpla su rol. Solo a través de una verdadera participación democrática y de comunidades organizadas podremos construir el colegio y el país que nuestros hijos se merecen.