14/05/2026
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ESTO SOLO ME HA PASADO EN VIEQUES
THIS HAS ONLY HAPPENED TO ME IN VIEQUES
Ayer, manejé a Santa María con direcciones vagas de una casa donde debía recoger una donación para Donasol. Mientras manejaba por la calle, no estaba segura de a dónde iba, pero seguí conduciendo con la esperanza de encontrar la casa. De repente, mi mirada se encontró con la de una mujer en su balcón. Su cálida sonrisa y su actitud abierta me hicieron pensar que era mi donante, que estaba esperando mi llegada.
Al estacionarme y acercarme a su casa, me recibió con una genuina amabilidad. “Entra,” me dijo, su hospitalidad palpable. Me ofreció una botella de agua fría y nos sentamos juntas en su porche. Me sentí bienvenida, incluso apreciada, mientras charlábamos. Le pregunté su nombre expresando mi gratitud por su donación y generosidad. Sin embargo, su respuesta me sorprendió: “¿Qué donación?” Me dijo. Resultó que mi verdadera donante vivía solo dos casas más arriba en la calle. Esta amable señora simplemente estaba siendo cariñosa, cálida y una buena vecina.
En ese momento, mi corazón se llenó de aprecio. No pude evitar reírme a carcajadas por mi error, pero más que eso, sentí una gran alegría. Al salir de su casa, me llevé conmigo no solo una botella de agua, sino una renovada admiración por la hospitalidad viequense. Esta isla y su gente tiene un lugar muy especial en mi corazón.
Yesterday, I drove into Santa Maria with vague directions to pick up a donation for Donasol. As I drove up the street, I was uncertain of where I was going, but kept driving hoping to find the house. Suddenly, my gaze met that of a woman standing on her balcony. Her warm smile and open demeanor led me to believe she was my donor, waiting for my arrival.
As I parked and approached her home, she greeted me with genuine kindness. “Come in,” she said, her hospitality palpable. She offered me a refreshing bottle of cold water, and we settled together on her porch. I felt welcomed, cherished even, as we chatted. I asked for her name, expressing my gratitude for her donation and generosity. Her response, however, took me by surprise: “What donation?” It turned out my actual donor lived just two houses up the street. This lovely lady was simply being warm, kind, and neighborly.
In that moment, my heart was full with appreciation. I couldn’t help but laugh at my mix-up, but more than that, I felt a deep sense of joy. Leaving her house, I carried with me not just a bottle of water, but a renewed admiration for Viequense hospitality. This island, with its vibrant spirit and welcoming hearts, has a special place in my soul.