01/01/2026
¡Una verdad profundamente transformadora para este 2026!
“Olviden las cosas de antaño;
ya no vivan en el pasado.
¡Voy a hacer algo nuevo!
Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta?
Estoy abriendo un camino en el desierto
y ríos en lugares desolados.”
Isaías 43:18-19
Un año se ha cerrado. Un ciclo terminó. Y al entrar en este nuevo año, medito en esta palabra con reverencia y expectativa, no porque el pasado no importe, sino porque Dios no nos llama a vivir atados a él.
El pasado, sin duda ha construido parte de nuestra manera de pensar, reaccionar y de vivir. En él hubo aprendizajes, pero también hubo dolor. Hubo momentos que nos marcaron con miedo, frustración y desesperanza; experiencias que sin darnos cuenta, formaron pensamientos limitantes, nos hicieron personas reactivas, anímicas, con heridas internas, con una identidad distorsionada y con una autoestima quebrantada.
Pero cuando Cristo entra en la historia del ser humano, no entra para reparar lo viejo, sino para establecer algo completamente nuevo.
Dios hizo algo nuevo en el mundo a través de su Hijo Jesucristo:
un nuevo orden,
una nueva relación entre Dios y el hombre,
una interrupción divina en la historia humana,
un nuevo pacto,
una nueva esperanza,
una nueva creación.
En Cristo no solo creemos algo nuevo; somos hechos nuevos.
Hemos sido trasladados de las tinieblas a su luz admirable.
Hemos sido perdonados, justificados, santificados y renovados.
El viejo hombre quedó atrás y una nueva vida ha comenzado.
Sin embargo, hay algo crucial que no podemos ignorar: Dios nos ha dado la mente de Cristo, pero nos llama a renovar nuestra manera de pensar.
Dios no impone una mente nueva de forma automática; nos invita a un proceso, aprender a pensar conforme a la verdad y no conforme a las heridas y mentiras del pasado. Nos llama a dejar de interpretar el presente y el futuro desde el dolor de ayer y a soltar pensamientos que nos han limitado por años y a abrazar la perspectiva del cielo.
Si algo debe cambiar al entrar en este nuevo año, son nuestros pensamientos.
Ninguno de nosotros ha vivido el 2026.
No sabemos qué ocurrirá.
No conocemos los desafíos ni las oportunidades que vendrán.
Pero sí sabemos algo con absoluta certeza: tenemos un Dios que guarda nuestra salida y nuestra entrada, nuestro levantar y nuestro acostar. Un Dios soberano, fiel y presente. Un Dios que ya determinó que somos más que vencedores por medio de su Hijo Jesucristo.
Por eso entramos a este nuevo año no con miedo, sino con expectativa; no mirando atrás, sino avanzando hacia lo que Dios está haciendo hoy; no definidos por lo que fuimos, sino por Aquel que nos llamó a una vida nueva.
Que este año sea el año en que soltemos lo viejo, renovemos nuestra mente y caminemos con fe hacia lo nuevo que Dios ya ha preparado en Cristo.
He aquí, Dios hace algo nuevo en tu vida y familia.
Feliz y bendecido 2026.
Un fuerte abrazo
Pr. Urayoan Silva