12/06/2026
Por Lcdo Eduardo Villanueva Muñoz
Una hoja de tabaco como una alfombra
A veces pienso que soy un duende o un gnomo . Eso me hace liviano y me permite volar sobre la liviandad de mi pobre imaginación.
Un duende que vuela a lomo de una alfombra mágica, que construyó con una hoja de tabaco.
La hoja tenía venas, como si fuera una mano abierta.
Por esas venas corría la sangre memoriosa de muchos amores rotos.
El rojo escarlata de esa sangre, tenia en sus genes y en sus glóbulos maltrechos, la memoria húmeda de llantos inmemoriales; de niñas asesinadas en una escuela del Oriente ; destrozada por la bomba de una trompa anaranjada; que se divierte bombardeando y que sigue órdenes de trampañaju.
Ambos son "cainicidas" desde el origen de los tiempos.
Desde la alfombra volátil que es mi hoja de tabaco, sentí en sus venas vegetales el llanto desgarrador, de una madre que llora por su hija asesinada y por todas las hijas e hijos del mundo que los Caines que exhiben torpeza, artificialmente construida, en un laboratorio, para el "laizzes faire" de la guerra.
Del cielo va cayendo e hilvanandose el azufre que quemará en la memoria de los pueblos, la maldición de esos gobernantes cainicidas , que buscando para ellos, el premio Nobel de la paz, consiguieron la indiferencia y el desprecio eterno de los pueblos y las naciones masacradas por ellos.
Ambos vivieron para construir eternamente un in****no, que perpetúe el sufrimiento cruento de los genocidas, que en sacrilegio obsceno, a nombre de la paz de los sepulcros, destrozaron todo rasgo de civilización ilustrada..
Desde mi hoja de tabaco , volando como si fuera una alfombra, rogaré porque los pueblos, a nombre de sus mu***os, ni perdonen ni olviden.
Eduardo Villanueva Muñoz
Desde mi costa isabelina