27/01/2021
La muerte de un/a hijo/a se considera una de las peores pérdidas que se puede llegar a experimentar. Sin embargo, esta pérdida en ocasiones es tan poco considerada por nuestra cultura y sociedad que no existe un término que describa o designe a aquellas personas que han tenido este tipo de pérdida. Lo que nos lleva a no comprender el duelo que experimentan.
Según Yañez Otero (2015) el duelo es un proceso único, irrepetible, dinámico y en constante cambio momento a momento. Es una reacción adaptativa normal ante cualquier tipo de pérdida, que incluye la pérdida simbólica. El duelo constituye un acontecimiento vital que genera mucho estrés sobretodo cuando se trata del fallecimiento de un ser querido. Incluso, esta reacción y acontecimiento parece ser más significativo e intenso cuando hablamos de la muerte de un/a hijo/a.
Por su parte, el Comité de Medicina Reproductiva FLASOG define la pérdida gestacional, también conocida como ab**to esporádico o espontáneo, como la pérdida de un embarazo clínico. Se clasifica como un evento relativamente frecuente, que ocurre entre el 15-25% de los embarazos y aumenta en prevalencia con la edad materna (Pineda, Díaz, Celia, Epifanio, Campos y Pommer, s.f.). Esta pérdida es descrita como un embarazo clínico antes de las 20 a 22 semanas de gestación. No obstante, también la pérdida gestacional tardía se considera como las muertes fetales a partir de los 1000 gr de peso o mayores de 22 semanas (Soto, Rodríguez, Martínez, Rubio & Martínez, 2018).
En definitiva esta es una experiencia que supone un dolor que genera una serie de efectos que incluye cambios fisiológicos, sociales, psicológicos, e incluso espirituales.