13/10/2026
PUERTO RICO NECESITA UN CORAZÓN NUEVO
Ante la violencia que enluta a nuestras comunidades, un grupo de pastores, pastoras y líderes de fe hemos unido nuestras voces en la carta pastoral Puerto Rico necesita un corazón nuevo.
Invitamos a otros líderes religiosos, sin importar su confesión de fe, a sumarse compartiendo su nombre, apellidos e iglesia o comunidad a la que pertenecen.
En los próximos días buscaremos consensos para impulsar acciones por comunidades más seguras, la paz y el acompañamiento de nuestra gente.
Gracias a quienes ya han unido sus firmas y su compromiso. Nuestra voz también debe traducirse en acciones.
Ignacio Estrada C. Rev. P
(TEXTO INTEGRO)
Puerto Rico necesita un corazón nuevo
Carta pastoral ante la violencia que enluta a nuestro pueblo
San Juan, Puerto Rico
Lunes, 12 de octubre de 2026
Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes.
Ezequiel 36:26
A nuestras comunidades de fe y a todo el pueblo de Puerto Rico
Nos dirigimos a ustedes con profunda tristeza y consternación ante los acontecimientos que nuevamente estremecen a Puerto Rico. La violencia arrebató la vida de tres personas y dejó varias heridas durante la madrugada del domingo en la comunidad de Capetillo, en Río Piedras. Hoy hay familias que lloran a sus seres queridos, personas que luchan por recuperarse y vecinos que intentan encontrar tranquilidad después de lo sucedido.
Desconocemos las circunstancias que rodearon estos hechos y no pretendemos emitir juicios sobre lo ocurrido. Sin embargo, resulta imposible permanecer ajenos a una realidad que, una y otra vez, nos recuerda cuánto sufrimiento está dejando la violencia en nuestro país.
Nos preocupa que estemos acostumbrándonos a estas tragedias, que las vidas humanas terminen reducidas a cifras y que, después de unos días, continuemos adelante mientras las familias afectadas permanecen enfrentando pérdidas irreparables.
Pensamos también en quienes viven alrededor del lugar donde ocurrió esta tragedia, en los niños y niñas que quizás hoy sienten miedo, en las personas mayores que miran con preocupación sus calles y en quienes deberán continuar con sus responsabilidades mientras intentan recuperar la tranquilidad.
Como comunidades de fe debemos preguntarnos qué estamos haciendo para acompañar estas realidades. No basta con recordar a las víctimas durante nuestras oraciones o encuentros religiosos. Nuestra vocación nos llama a estar presentes donde existe sufrimiento, a escuchar a quienes pocas veces son escuchados y a defender la dignidad humana aun en las circunstancias más difíciles.
Creemos profundamente que Puerto Rico necesita un corazón nuevo. Un corazón capaz de reconocer el sufrimiento ajeno, de superar la indiferencia y de comprender que ninguna vida humana debería parecernos prescindible.
La imagen de una mesa abierta, donde todas las personas encuentran un lugar, nos recuerda la importancia de recuperar nuestra capacidad de encontrarnos, escucharnos y reconocernos como parte de una misma humanidad, aun en medio de nuestras diferencias y heridas.
Desde esa convicción exhortamos a nuestras iglesias, comunidades religiosas, líderes espirituales y a todo nuestro pueblo a unir esfuerzos para construir caminos de esperanza, paz y reconciliación. Necesitamos comunidades dispuestas a acompañar a quienes sufren, a trabajar por la prevención de la violencia y a recuperar los espacios de convivencia que el miedo nos ha ido arrebatando. Nuestra voz profética debe escucharse, pero también reconocerse en nuestras acciones, en la defensa de la vida y en el compromiso cotidiano con nuestra gente.
No podemos permanecer indiferentes ni acostumbrarnos a que la violencia determine la manera en que vivimos. Elevemos nuestras oraciones y plegarias por las familias afectadas, por quienes permanecen heridos, por nuestras comunidades y también por quienes tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad y procurar justicia. Que nuestra oración nos comprometa a trabajar por aquello que pedimos.
Martin Luther King Jr. nos recordó que la oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, solamente la luz puede hacerlo, y que el odio no puede expulsar al odio, solamente el amor tiene esa capacidad.
Que estas palabras no queden solamente en una reflexión ante la tragedia, sino que nos impulsen a construir, desde nuestras comunidades, una sociedad donde la vida sea respetada, la dignidad humana defendida y la paz deje de ser una aspiración para convertirse en una responsabilidad compartida.
Con solidaridad y compromiso por la vida y la paz,
FIRMANTES.
Rev. Ignacio Estrada Cepero
Iglesia Luterana La Transfiguración / Iglesia Luterana del Buen Pastor
Rev. Gamaliel Ortiz Guardiola
Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo
Pastora Mariela Rodríguez Ortiz
Primera Iglesia Bautista de Río Piedras
Fray Roberto Colón Ortiz, OFM Cap.
Párroco de la Iglesia San Antonio de Padua
Lester C. Santiago Torres
Iglesia Evangélica Unida
Presidente de la Junta de Gobierno, Calle Arzuaga
Nubia Gisela Santos Mangual
Sector Base de Fe / Junta Comunitaria
Pastora Nilka Marrero García
Iglesia Metodista San Pablo
Pastora Belkis Moya
Mesón de Amor / Comunidad Capetillo
Pastor Juan Ángel Gutiérrez
Mesa de Diálogo Martín Luther King, Jr.
Rev. Vilma M. Machín Vázquez
Iglesia Evangélica Unida / Calle Arzuaga
Pastora jubilada
Rev. George Gonzalez Medrano
Iglesia Cristo Sanador
José Rosa Rivera
Presbítero Gobernante de la Iglesia Presbiteriana
Rdo. José Daniel García Pérez
Pastor Titular
Iglesia Metodista Universitaria
Rev. Idalia C. Negrón Caamaño
Obispa Emérita del Sínodo del Caribe
Iglesia Evangélica Luterana en América
Rev. Hernando Hernández Robles
Iglesia Evangélica Unida / Villa Andalucía