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PUERTO RICO NECESITA UN CORAZÓN NUEVOAnte la violencia que enluta a nuestras comunidades, un grupo de pastores, pastoras...
13/10/2026

PUERTO RICO NECESITA UN CORAZÓN NUEVO

Ante la violencia que enluta a nuestras comunidades, un grupo de pastores, pastoras y líderes de fe hemos unido nuestras voces en la carta pastoral Puerto Rico necesita un corazón nuevo.

Invitamos a otros líderes religiosos, sin importar su confesión de fe, a sumarse compartiendo su nombre, apellidos e iglesia o comunidad a la que pertenecen.

En los próximos días buscaremos consensos para impulsar acciones por comunidades más seguras, la paz y el acompañamiento de nuestra gente.

Gracias a quienes ya han unido sus firmas y su compromiso. Nuestra voz también debe traducirse en acciones.

Ignacio Estrada C. Rev. P

(TEXTO INTEGRO)

Puerto Rico necesita un corazón nuevo

Carta pastoral ante la violencia que enluta a nuestro pueblo

San Juan, Puerto Rico
Lunes, 12 de octubre de 2026

Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes.

Ezequiel 36:26

A nuestras comunidades de fe y a todo el pueblo de Puerto Rico

Nos dirigimos a ustedes con profunda tristeza y consternación ante los acontecimientos que nuevamente estremecen a Puerto Rico. La violencia arrebató la vida de tres personas y dejó varias heridas durante la madrugada del domingo en la comunidad de Capetillo, en Río Piedras. Hoy hay familias que lloran a sus seres queridos, personas que luchan por recuperarse y vecinos que intentan encontrar tranquilidad después de lo sucedido.

Desconocemos las circunstancias que rodearon estos hechos y no pretendemos emitir juicios sobre lo ocurrido. Sin embargo, resulta imposible permanecer ajenos a una realidad que, una y otra vez, nos recuerda cuánto sufrimiento está dejando la violencia en nuestro país.

Nos preocupa que estemos acostumbrándonos a estas tragedias, que las vidas humanas terminen reducidas a cifras y que, después de unos días, continuemos adelante mientras las familias afectadas permanecen enfrentando pérdidas irreparables.

Pensamos también en quienes viven alrededor del lugar donde ocurrió esta tragedia, en los niños y niñas que quizás hoy sienten miedo, en las personas mayores que miran con preocupación sus calles y en quienes deberán continuar con sus responsabilidades mientras intentan recuperar la tranquilidad.

Como comunidades de fe debemos preguntarnos qué estamos haciendo para acompañar estas realidades. No basta con recordar a las víctimas durante nuestras oraciones o encuentros religiosos. Nuestra vocación nos llama a estar presentes donde existe sufrimiento, a escuchar a quienes pocas veces son escuchados y a defender la dignidad humana aun en las circunstancias más difíciles.

Creemos profundamente que Puerto Rico necesita un corazón nuevo. Un corazón capaz de reconocer el sufrimiento ajeno, de superar la indiferencia y de comprender que ninguna vida humana debería parecernos prescindible.

La imagen de una mesa abierta, donde todas las personas encuentran un lugar, nos recuerda la importancia de recuperar nuestra capacidad de encontrarnos, escucharnos y reconocernos como parte de una misma humanidad, aun en medio de nuestras diferencias y heridas.

Desde esa convicción exhortamos a nuestras iglesias, comunidades religiosas, líderes espirituales y a todo nuestro pueblo a unir esfuerzos para construir caminos de esperanza, paz y reconciliación. Necesitamos comunidades dispuestas a acompañar a quienes sufren, a trabajar por la prevención de la violencia y a recuperar los espacios de convivencia que el miedo nos ha ido arrebatando. Nuestra voz profética debe escucharse, pero también reconocerse en nuestras acciones, en la defensa de la vida y en el compromiso cotidiano con nuestra gente.

No podemos permanecer indiferentes ni acostumbrarnos a que la violencia determine la manera en que vivimos. Elevemos nuestras oraciones y plegarias por las familias afectadas, por quienes permanecen heridos, por nuestras comunidades y también por quienes tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad y procurar justicia. Que nuestra oración nos comprometa a trabajar por aquello que pedimos.

Martin Luther King Jr. nos recordó que la oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, solamente la luz puede hacerlo, y que el odio no puede expulsar al odio, solamente el amor tiene esa capacidad.

Que estas palabras no queden solamente en una reflexión ante la tragedia, sino que nos impulsen a construir, desde nuestras comunidades, una sociedad donde la vida sea respetada, la dignidad humana defendida y la paz deje de ser una aspiración para convertirse en una responsabilidad compartida.

Con solidaridad y compromiso por la vida y la paz,

FIRMANTES.
Rev. Ignacio Estrada Cepero
Iglesia Luterana La Transfiguración / Iglesia Luterana del Buen Pastor

Rev. Gamaliel Ortiz Guardiola
Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo

Pastora Mariela Rodríguez Ortiz
Primera Iglesia Bautista de Río Piedras

Fray Roberto Colón Ortiz, OFM Cap.
Párroco de la Iglesia San Antonio de Padua

Lester C. Santiago Torres
Iglesia Evangélica Unida
Presidente de la Junta de Gobierno, Calle Arzuaga

Nubia Gisela Santos Mangual
Sector Base de Fe / Junta Comunitaria

Pastora Nilka Marrero García
Iglesia Metodista San Pablo

Pastora Belkis Moya
Mesón de Amor / Comunidad Capetillo

Pastor Juan Ángel Gutiérrez
Mesa de Diálogo Martín Luther King, Jr.

Rev. Vilma M. Machín Vázquez
Iglesia Evangélica Unida / Calle Arzuaga
Pastora jubilada

Rev. George Gonzalez Medrano
Iglesia Cristo Sanador

José Rosa Rivera
Presbítero Gobernante de la Iglesia Presbiteriana

Rdo. José Daniel García Pérez
Pastor Titular
Iglesia Metodista Universitaria

Rev. Idalia C. Negrón Caamaño
Obispa Emérita del Sínodo del Caribe
Iglesia Evangélica Luterana en América

Rev. Hernando Hernández Robles
Iglesia Evangélica Unida / Villa Andalucía

REFORMA, RETO Y RENOVACIÓNLa Reforma no es solamente un acontecimiento que recordamos cada octubre. Es una invitación pe...
11/10/2026

REFORMA, RETO Y RENOVACIÓN

La Reforma no es solamente un acontecimiento que recordamos cada octubre. Es una invitación permanente a renovar nuestra fe, fortalecer nuestra unidad y asumir con responsabilidad el compromiso de ser Iglesia en medio de los desafíos de nuestro tiempo.

Hoy más que nunca necesitamos caminar juntos, reconocer aquello que nos une y recordar que nuestra misión no consiste en levantar barreras, sino en compartir el Evangelio con amor, esperanza y disposición de servir.

Te invitamos a celebrar juntos la Fiesta de la Reforma, un encuentro de fe, comunión y compromiso con la Iglesia que seguimos construyendo entre todos y todas.

Sábado, 31 de octubre
a las 3:00 PM
Iglesia Evangélica Luterana La Ascensión, Dorado, Puerto Rico.

¡Celebremos nuestra historia y renovemos juntos nuestro compromiso con el presente y el futuro de nuestra Iglesia!

PARA COMPRENDER EL EVANGELIO DE ESTE DOMINGOMateo 22, versículos 1 al 14Preparar una fiesta requiere tiempo. Se organiza...
10/10/2026

PARA COMPRENDER EL EVANGELIO DE ESTE DOMINGO
Mateo 22, versículos 1 al 14

Preparar una fiesta requiere tiempo. Se organiza la mesa, se cocina, se acomodan las sillas y se espera a las personas invitadas. Jesús cuenta que todo estaba listo, pero quienes habían recibido la invitación decidieron no asistir. Algunos estaban demasiado ocupados y otros respondieron con violencia.

Quizás la primera clave para acercarnos a este Evangelio sea mirar lo que sucede después. El anfitrión no cancela la celebración ni permite que la mesa permanezca vacía. Envía a buscar personas por los caminos y abre las puertas a quienes nunca imaginaron aparecer en aquella lista.

¿Cuántas veces abandonamos algo valioso porque las personas que esperábamos no respondieron? ¿Sabemos reconocer las nuevas presencias que aparecen cuando nuestros planes cambian? ¿Las recibimos como invitadas verdaderas o las tratamos como sustitutas de quienes no llegaron?

La mesa se llena de personas buenas y malas. Jesús no presenta una reunión de gente perfecta, sino un espacio donde coinciden vidas, historias y maneras distintas de mirar el mundo. Tal vez el desafío no sea solamente abrir la puerta, sino aceptar que no siempre podremos escoger quién se sentará junto a nosotros.

El final de la parábola resulta incómodo. Uno de los invitados entra sin la vestimenta adecuada y permanece en silencio cuando le preguntan. Quizás esa escena nos haga pensar si basta con ocupar una silla o si sentarnos a la mesa también exige reconocer, respetar y cuidar a quienes comparten el lugar con nosotros.

¿Queremos una mesa abierta siempre que podamos controlar quién entra? ¿Qué ocurre cuando llega alguien que no estaba en nuestros planes? ¿Estamos dispuestos a mover nuestra silla para hacer espacio?

No busquemos respuestas rápidas. Acerquémonos a este Evangelio con estas preguntas.

Y miremos quién continúa esperando fuera de nuestra mesa.

Ignacio Estrada C. Rev.

🌭 NOCHE DE HOTDOG 🌭Para estudiantes universitariosUn espacio para llegar, comer, compartir y pasar un buen rato.¡La casa...
05/10/2026

🌭 NOCHE DE HOTDOG 🌭
Para estudiantes universitarios

Un espacio para llegar, comer, compartir y pasar un buen rato.
¡La casa es de todos y todas!

Nuestra Casa para Todos
📍 Avenida Universidad Esq. Peregrina
Frente al Hotel Dream

🗓️ Martes
🕡 6:30 PM – 8:00 PM

Te esperamos. Ven como eres.

PARA COMPRENDER EL EVANGELIO DE ESTE DOMINGOMateo 21, versículos 33 al 46A veces alguien recibe las llaves de un lugar, ...
03/10/2026

PARA COMPRENDER EL EVANGELIO DE ESTE DOMINGO
Mateo 21, versículos 33 al 46

A veces alguien recibe las llaves de un lugar, la dirección de un proyecto o una responsabilidad dentro de una comunidad. Al principio sabe que aquello le fue confiado, pero con el tiempo puede comenzar a comportarse como si le perteneciera.

Algo parecido sucede en el Evangelio. Un propietario entrega su viña a unos trabajadores y, cuando llega el momento de rendir cuentas, ellos responden con violencia. Quieren quedarse con lo que solamente habían recibido para cuidar.

Esta historia sigue ocurriendo. La vemos cuando alguien utiliza su cargo para silenciar preguntas, cuando una institución termina sirviendo a unos pocos o cuando aparece una verja donde antes existía un acceso para todos. En Puerto Rico conocemos la sensación de llegar a una playa, un terreno o un espacio que siempre fue compartido y encontrar una entrada cerrada.

¿En qué momento cuidar se convierte en controlar? ¿Cómo reaccionamos cuando alguien nos pide cuentas? ¿Escuchamos o tratamos como enemigo a quien cuestiona nuestra manera de actuar?

Quizás una de las imágenes más sencillas para comprender este Evangelio sea la de unas llaves. Podemos utilizarlas para abrir, recibir y compartir, pero también para cerrar y dejar a otros fuera.

¿Qué puertas estamos abriendo con las llaves que llegaron a nuestras manos? ¿Quiénes se han quedado afuera porque comenzamos a sentirnos dueños?

No busquemos respuestas rápidas. Acerquémonos a este Evangelio con estas preguntas.

Las llaves están en nuestras manos.

Ignacio Estrada C. Rev.

26/09/2026

Gracias a toda esa gente buena de Puerto Rico y de nuestra Iglesia que, de una manera u otra, aportó un mosquitero para llevar un poco de alivio ante las necesidades que hoy enfrenta el pueblo cubano.

Cada aporte, por sencillo que parezca, puede hacer una diferencia. La obra de Dios también se hace visible a través de nuestras manos, cuando somos capaces de compartir y tenderlas hacia quienes necesitan ayuda.

Gracias, Puerto Rico, por responder con generosidad. 🇵🇷🇨🇺 Iglesia Evangélica Luterana Sinodo del Caribe - Caribbean Synod

AUNQUE NO LO PUEDA VERReflexionando con la música Primera parte.Cada mañana la música me acompaña mientras comienza el d...
21/09/2026

AUNQUE NO LO PUEDA VER
Reflexionando con la música Primera parte.

Cada mañana la música me acompaña mientras comienza el día. Tengo muchas canciones en ese repertorio, algunas simplemente porque me gustan y otras porque, con el tiempo, han terminado contando pedazos de mi propia historia. Aunque no lo pueda ver, es una de ellas. Esta mañana volví a escucharla y una de sus frases volvió a encontrarme:

«Porque cuando todo se quiebra, Dios no nos deja caer; nos toma como barro en sus manos y nos vuelve a componer.»

Hay días en los que todo parece estar en su sitio y hay otros en los que basta una llamada, una noticia, una despedida, una puerta que se cierra o algo que jamás imaginamos para que la vida cambie completamente. Y uno se queda ahí, tratando de entender cómo algo que ayer parecía tan seguro hoy puede estar hecho pedazos.

Todos nos hemos quebrado alguna vez. Algunos lo llevan escrito en el rostro; otros han aprendido a disimularlo muy bien. Nos encontramos con ellos en la calle, en el trabajo, en el supermercado, quizás se sientan a nuestro lado y nunca imaginamos la batalla que están librando. Incluso nosotros mismos hemos aprendido muchas veces a decir «estoy bien» mientras por dentro intentamos sostener lo que se nos está cayendo.

Por eso esta frase me toca tanto. Porque no promete una vida donde nada se rompa. Tampoco dice que mañana todo estará resuelto. Dice algo mucho más sencillo: cuando todo se quiebra, no estamos solos.

Y a veces eso es lo único que necesitamos escuchar.

Porque hay momentos en los que no necesitamos que alguien venga a explicarnos la vida. No necesitamos escuchar que «todo pasa por algo» ni que mañana estaremos mejor. Cuando el dolor es real, esas palabras pueden quedarse demasiado pequeñas. A veces necesitamos simplemente unas manos. Unas manos que no pregunten demasiado, que no juzguen nuestros pedazos, que no tengan prisa por vernos nuevamente de pie. Unas manos donde podamos descansar mientras poco a poco volvemos a encontrarnos.

Quizás por eso me gusta tanto la imagen del barro. El barro puede perder su forma y, sin embargo, continúa siendo barro. Puede parecer deshecho y todavía hay posibilidades en él. Tal vez nosotros también necesitamos recordar eso algunas veces: estar quebrantados no significa estar acabados.

No sé qué se te ha quebrado. Quizás un sueño. Quizás una relación. Quizás perdiste a alguien y todavía hay una silla, una fotografía o un recuerdo que te devuelve de golpe a su ausencia. Quizás estás cansado de luchar. Quizás nadie sabe lo que estás viviendo porque has decidido cargarlo en silencio. O quizás ni siquiera puedes explicar qué te pasa; solamente sabes que ya no te sientes igual.

Entonces esta mañana quiero compartir contigo la misma frase que volvió a detenerme mientras escuchaba esta canción. No como una respuesta para todo, sino como una palabra para el camino.

Aunque hoy no puedas verlo, todavía hay manos sosteniéndote.

Y si ahora mismo todo parece quebrado, no tengas prisa por tener todas las piezas nuevamente en su lugar. Hay cosas que necesitan tiempo. Hay heridas que necesitan silencio. Hay lágrimas que necesitan caer. También hay días en los que levantarse de la cama ya es suficiente.

Mañana veremos.

Por hoy, recuerda solamente esto:
Porque cuando todo se quiebra, Dios no nos deja caer; nos toma como barro en sus manos y nos vuelve a componer.

Ignacio Estrada C. Rev

PARA COMPRENDER EL EVANGELIO DE ESTE DOMINGOMateo 20:1-16Jesús compara el Reino de los cielos con un propietario que sal...
19/09/2026

PARA COMPRENDER EL EVANGELIO DE ESTE DOMINGO
Mateo 20:1-16

Jesús compara el Reino de los cielos con un propietario que sale varias veces a buscar trabajadores para su viña. Quizás la primera clave para acercarnos a este Evangelio sea comprender que quienes llegaron al final no habían rechazado el trabajo. Llevaban horas esperando porque nadie les había ofrecido una oportunidad.

Al escuchar este Evangelio desde Puerto Rico, podríamos preguntarnos dónde esperan hoy esas personas. Quizás estén en sus casas aguardando una llamada para cuidar a un enfermo, pintar, limpiar, reparar un techo o hacer algún chivito. En distintos lugares de Estados Unidos, la misma espera ocurre frente a Home Depot, Lowe’s o en alguna calle cercana, donde muchas personas aguardan que alguien las contrate y algunas procuran esconderse por miedo a ser detenidas.

Casi al terminar el día, el propietario les pregunta por qué han permanecido allí sin trabajar. La respuesta es sencilla, pero cambia nuestra manera de mirar la escena.

Porque nadie nos ha contratado.

La imagen merece que permanezcamos un momento delante de ella. Pensemos en quien espera que una familia lo llame para cuidar durante la noche a un paciente en el hospital. Pensemos en la persona retirada que necesita algún trabajo porque su pensión no le alcanza. Pensemos también en quien carece de documentos y busca ganarse el sustento sin llamar la atención por miedo a ser detenido o separado de su familia.

¿Cuántas personas pasan sus días disponibles para trabajar mientras esperan una llamada que no llega?

Y quizás aquí aparezca una de las preguntas más difíciles de este Evangelio. ¿Cuántas veces hemos confundido la falta de una oportunidad con la falta de voluntad? ¿A cuántas personas llamamos vagas o improductivas sin conocer las puertas que se les han cerrado? ¿Podemos reconocer el valor de alguien aunque ningún patrono lo haya contratado?

El propietario continúa saliendo. No decide que quienes todavía esperan son inútiles. Se acerca, pregunta, escucha y les abre un lugar en la viña. ¿Qué nos dice este movimiento acerca de Dios? ¿Qué podría enseñarle a una Iglesia que muchas veces espera que las personas lleguen, en lugar de salir a encontrarlas?

Al finalizar la jornada, quienes comenzaron temprano se molestan porque los últimos también reciben el jornal completo. Su cansancio era verdadero, pero terminan viendo como enemigos a quienes habían pasado casi todo el día sin una oportunidad. ¿Cuántas veces quienes tienen un poco de seguridad dirigen su enojo contra quienes tienen menos? ¿Por qué la dignidad concedida a otra persona puede parecernos una amenaza?

Quizás el Evangelio de este domingo no nos pregunte solamente si todos merecían recibir lo mismo. Tal vez nos invite a mirar a quienes todavía esperan. ¿Quién aguarda una llamada para trabajar? ¿Quién necesita esconderse mientras se gana el pan? ¿Quién ha pasado delante de esa persona sin detenerse a preguntar por qué continúa allí?

No busquemos respuestas rápidas. Acerquémonos a este Evangelio con estas preguntas.

Y escuchemos el silencio de los teléfonos que todavía no han sonado.

Ignacio Estrada C. Rev

PARA COMPRENDER EL EVANGELIO DE ESTE DOMINGOMateo 18:21-35Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar. Quizás ...
13/09/2026

PARA COMPRENDER EL EVANGELIO DE ESTE DOMINGO
Mateo 18:21-35

Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar. Quizás la primera clave para acercarnos a este Evangelio sea comprender que Jesús no responde realmente con un número. «Setenta veces siete» no pretende enseñarnos a contar las veces que perdonamos, sino cuestionar precisamente nuestra necesidad de llevar la cuenta.

Al escuchar este Evangelio, podríamos preguntarnos: ¿Hay alguna deuda que todavía llevo anotada en mi interior? ¿A quién sigo esperando que me pague con una explicación, una disculpa o un reconocimiento? ¿He confundido alguna vez perdonar con olvidar, permitir nuevamente el daño o renunciar a poner límites? ¿Me resulta más fácil recordar lo que otros me deben que reconocer las veces que yo mismo he necesitado misericordia?

Jesús cuenta la historia de un hombre al que le perdonan una deuda imposible de pagar y que, poco después, encuentra a alguien que le debe mucho menos. Lo agarra por el cuello y le exige que pague.

La imagen es fuerte y merece que permanezcamos un momento delante de ella. ¿Quién ha puesto alguna vez sus manos alrededor de mi cuello y me ha hecho sentir que no podía respirar? ¿De qué maneras puedo estar yo haciendo lo mismo con otra persona, aun sin tocarla? ¿Puedo asfixiar con mis palabras, mis silencios, mi manera de ejercer poder, mi desprecio, mis juicios o incluso con mi manera de utilizar la religión?

¿Alrededor del cuello de quién permanecen todavía mis manos porque sigo esperando cobrar algo?

Y quizás aquí aparezca una de las preguntas más difíciles de este Evangelio. Aquel hombre había recibido una misericordia inmensa, pero la gracia que recibió todavía no había llegado a sus manos. ¿Hasta dónde ha llegado la gracia que yo he recibido? ¿Ha transformado solamente aquello que creo o también la manera en que trato a los demás? ¿Estoy dispuesto solamente a ser perdonado o también a permitir que el perdón comience a sanar lo que llevo dentro?

Al acercarnos a la mesa abriremos las manos para recibir. Tal vez ese gesto sencillo pueda ayudarnos a comprender lo que ningún número consigue explicar. Con las mismas manos con las que apretamos un cuello no podemos recibir. Para recibir necesitamos abrirlas.

Quizás el Evangelio de este domingo no nos pregunte cuántas veces somos capaces de perdonar, sino cuánto tiempo más queremos seguir viviendo con las manos cerradas. ¿Qué necesito soltar para volver a abrir mis manos? ¿Qué necesito recibir? ¿A quién necesito dejar respirar? ¿Y dónde necesito yo volver a respirar?

No busquemos respuestas rápidas. Acerquémonos a este Evangelio con estas preguntas.

Y con las manos abiertas.

Ignacio Estrada C. Rev.

DE TAL PALO… HECHO EN CASA«Sobrelleven los unos las cargas de los otros».— Gálatas 6:2Hace pocos días tuve la oportunida...
06/09/2026

DE TAL PALO… HECHO EN CASA

«Sobrelleven los unos las cargas de los otros».
— Gálatas 6:2

Hace pocos días tuve la oportunidad de asistir a la premier de De tal palo…, la nueva película de Iván Dariel Ortiz, hijo de miembros de nuestra Iglesia Luterana del Buen Pastor y cineasta puertorriqueño con una larga trayectoria. Fue hermoso sentarme frente a la pantalla y encontrar una película hecha aquí, con nuestra gente y con historias que no nos resultan extrañas.

De tal palo… nos acerca a una familia atravesada por la violencia. Una mujer queda gravemente herida, una niña necesita protección y su abuelo asume la responsabilidad de cuidarla mientras comienza a enfrentar sus propias fragilidades. Alrededor de ellos aparecen la justicia, las instituciones llamadas a proteger a la niñez y muchas de las realidades que forman parte de la vida cotidiana de nuestro país.

Mientras la veía pensé en las palabras de Pablo sobre llevar las cargas unos de otros. También recordé a Jesús diciendo «Dejen que los niños vengan a mí» y aquella hermosa oración del salmista ante el paso de los años, «Aun en la vejez y las canas, no me abandones, oh Dios».

Ni la niñez desprotegida, ni la mujer que sufre violencia, ni el adulto mayor que comienza a perder sus fuerzas pueden ser asuntos ajenos para una comunidad de fe. Cuidar, acompañar, proteger y defender la dignidad del otro también forman parte de nuestra manera de vivir el Evangelio.

Por eso quiero invitar a nuestras comunidades a salir de casa y encontrarnos en el cine. Acompañemos a quienes están haciendo cine en Puerto Rico. Apoyemos el trabajo nacido en nuestra tierra y permitamos también que estas historias nos ayuden a conversar sobre el país, nuestras familias y la responsabilidad que tenemos unos con otros.

De tal palo… ya está en los cines de la isla.

Salgamos de casa. Acompañémonos. Apoyemos lo nuestro.

Porque también desde una sala de cine podemos aprender a cuidarnos.

Ignacio Estrada C. Pastor

Iglesia Evangélica Luterana Sinodo del Caribe - Caribbean Synod

Dirección

988 Calle Peregrina
San Juan
00925

Horario de apertura

Martes 09:00 - 12:00
Miércoles 18:00 - 20:00
Sábado 10:30 - 12:00

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