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Igl. Transfiguracion, Nuestra Casa Para Todos,as,es Bienvenidxs a Nuestra Casa Para Todxs. Un Espacio de Fe, Amor, Servicio y Inclusión.

🎶 ¡UNAMOS NUESTRAS VOCES ESTA NAVIDAD! El Área Metro comienza a prepararse para su Concierto de Navidad 2026.Si te gusta...
18/08/2026

🎶 ¡UNAMOS NUESTRAS VOCES ESTA NAVIDAD!

El Área Metro comienza a prepararse para su Concierto de Navidad 2026.

Si te gusta cantar y deseas formar parte del Coro del Área Metro, ¡te invitamos a participar!

Reunión de organización
📅 Domingo, 30 de agosto
🕑 3:00 PM
📍 Iglesia de la Transfiguración

Conversaremos sobre los ensayos, la fecha del concierto y la organización de las voces.

Dirige:
Hno. Juan Pablo López Cotto

🎵 ¡Ven, canta y celebra con nosotros la alegría de la Navidad!

INVITACIÓN A LA ORACIÓN POR COLOMBIAAnte el dolor que hoy vive Colombia, hagamos un momento para orar. Pero que nuestra ...
11/08/2026

INVITACIÓN A LA ORACIÓN POR COLOMBIA

Ante el dolor que hoy vive Colombia, hagamos un momento para orar. Pero que nuestra oración no termine en palabras; que despierte la solidaridad, nos acerque al que sufre y mueva nuestras manos a compartir, acompañar y ayudar. Porque también con nuestras manos hacemos la obra de Dios.

OREMOS
Dios de la vida,
abraza a Colombia en esta hora de dolor. Recibe a quienes han mu**to, consuela a quienes lloran, fortalece a quienes buscan entre los escombros y acompaña a quienes han perdido tanto. Haznos sensibles ante el sufrimiento ajeno y no permitas que nuestra oración se convierta en indiferencia. Que sepamos compartir lo que tenemos, acercarnos a quien necesita compañía y transformar la compasión en acciones concretas.

Pon esperanza donde hoy existe miedo y haz de nuestras manos instrumentos de solidaridad, servicio y amor. Amén.

«Abre tu boca por el mudo, en favor de todos los desvalidos. Abre tu boca, juzga con justicia y defiende la causa del po...
06/08/2026

«Abre tu boca por el mudo, en favor de todos los desvalidos. Abre tu boca, juzga con justicia y defiende la causa del pobre y del necesitado.» Proverbios 31:8–9

San Juan, Puerto Rico 6 de agosto de 2026

Hon. Jenniffer González Colón
Gobernadora de Puerto Rico

Puerto Rico clama por justicia y dignidad

Carta Pastoral al pueblo y a las autoridades de Puerto Rico

Gobernadora:

Como pastor de la Iglesia Evangélica Luterana no puedo permanecer en silencio. El Evangelio me obliga a levantar la voz cuando la vida humana, la dignidad de las personas y el bien común se ven amenazados.

Mi ministerio pastoral me permite caminar diariamente entre las comunidades de Río Piedras, Monteflores y Barrio Obrero. En Monteflores y Barrio Obrero, especialmente, he sido testigo del profundo impacto que la escasez de agua potable provoca en la vida de las personas. Allí acompaño a familias, personas adultas mayores, enfermos y trabajadores que viven cada día con la incertidumbre de no saber cuándo volverán a disponer de un recurso tan indispensable para la vida y la dignidad humana.

Sin embargo, esta no es únicamente la realidad de Monteflores y Barrio Obrero. Estas comunidades representan uno de los muchos epicentros de una crisis que hoy alcanza a todo Puerto Rico. Lo que allí presencio se repite, con distintas intensidades, en numerosos municipios de nuestra Isla.

Puerto Rico enfrenta hoy una emergencia que va mucho más allá de la falta de lluvia. La sequía, las altas temperaturas, la fragilidad del sistema eléctrico y la interrupción de servicios esenciales ponen en riesgo la salud pública, el inicio del nuevo año escolar, el funcionamiento de hospitales, el comercio, el turismo, la agricultura, el bienestar de nuestros animales y la estabilidad económica de miles de familias.

Cuando el agua deja de ser un recurso garantizado y se convierte en una incertidumbre cotidiana, deja de ser solamente un problema de infraestructura. Se convierte en una cuestión de dignidad humana. Sin agua no hay salud, higiene, alimentación, educación ni desarrollo. El acceso al agua es indispensable para preservar la vida y proteger el bien común.

Quienes más sufren esta realidad son nuestros adultos mayores, las personas con discapacidad, quienes viven con enfermedades crónicas, los pacientes que dependen de equipos médicos y las familias con menos recursos, muchas de las cuales carecen de cisternas, bombas de agua o medios para enfrentar una emergencia prolongada.

Como pastor, no escribo para alimentar confrontaciones. Escribo porque el Evangelio nos llama a acompañar al que sufre y a levantar la voz cuando la dignidad humana se encuentra amenazada. La misión de la Iglesia no termina en el templo; también consiste en caminar junto al pueblo cuando atraviesa momentos de dolor e incertidumbre.

Por ello, exhorto al Gobierno de Puerto Rico a fortalecer, con la mayor urgencia, todas las acciones necesarias para enfrentar esta crisis. Solicito que se coordine un esfuerzo extraordinario entre las agencias del Estado, los municipios, el sector privado, las organizaciones comunitarias y las iglesias para que ninguna comunidad permanezca desatendida.

Solicito igualmente que se evalúe el despliegue de la Guardia Nacional para apoyar las labores humanitarias, colaborar en la distribución de agua potable, asistir a hospitales, escuelas, hogares de envejecientes y comunidades vulnerables, y garantizar que la ayuda llegue primero a quienes más la necesitan.

Este llamado también va dirigido a toda la sociedad puertorriqueña. Ninguna institución podrá superar sola una crisis de esta magnitud. Necesitamos recuperar el valor de la solidaridad. Que el vecino vuelva a ser prójimo; que quien pueda compartir agua, alimentos, tiempo o recursos lo haga generosamente. En momentos como este, Puerto Rico necesita unidad más que división.

Jesús nos recordó, mediante la parábola del buen samaritano, que la verdadera grandeza consiste en hacerse prójimo del que sufre. Esa enseñanza sigue siendo una tarea pendiente para todos nosotros.

Antes de concluir, deseo dirigirme no solamente a usted, señora Gobernadora, sino también a todas las personas que hoy ejercen responsabilidades públicas. La confianza que el pueblo deposita mediante el voto no constituye un privilegio; constituye un mandato. Gobernar nunca ha sido un ejercicio de poder, sino un acto permanente de servicio. Ese mandato exige escuchar, actuar con diligencia y colocar siempre la vida y la dignidad de las personas por encima de cualquier otra consideración.

Puerto Rico no puede seguir esperando. Cada día que transcurre sin respuestas eficaces prolonga el sufrimiento de miles de familias. Cuando los servicios esenciales fallan de manera reiterada, quienes pagan las consecuencias no son las instituciones, sino el pueblo que confió en ellas.

Este es el momento de honrar el mandato que el pueblo les confió. Quien acepta la responsabilidad de gobernar acepta también la obligación de responder cuando la vida, la salud y la dignidad de la población se encuentran amenazadas. El poder público no existe para administrarse a sí mismo; existe para servir al pueblo.

La historia no juzgará únicamente las decisiones que se tomaron, sino también los silencios, las demoras y las oportunidades perdidas mientras un pueblo esperaba respuestas.

Como pastor continuaré acompañando a quienes sufren, orando por quienes ejercen la autoridad y alzando la voz siempre que la dignidad de nuestro pueblo lo haga necesario.

Que Dios conceda sabiduría a quienes gobiernan, fortaleza a quienes sirven desde las instituciones públicas y esperanza a cada familia puertorriqueña.

Que nadie quede en el olvido.

Rev. Ignacio Estrada Cepero
Iglesia Evangélica Luterana El Buen Pastor
415 Calle Dr. Ernesto Vigoreaux SJ, Puerto Rico 00915

VOLVER A LA FUENTEPor Rev. Ignacio Estrada CeperoHay fechas que pasan silenciosamente por el calendario de la Iglesia. N...
06/08/2026

VOLVER A LA FUENTE
Por Rev. Ignacio Estrada Cepero

Hay fechas que pasan silenciosamente por el calendario de la Iglesia. No porque carezcan de importancia, sino porque, con el paso del tiempo, hemos dejado de mirarlas. Una de ellas es el 15 de agosto, día en que el calendario litúrgico de la Iglesia Evangélica Luterana en América recuerda a María, Madre de nuestro Señor.

Para muchos luteranos esta conmemoración resulta desconocida. Otros la observan con cierta reserva, pensando que recordar a María podría alejarnos de la esencia de la Reforma. Sin embargo, quizá la pregunta que debamos hacernos sea otra: ¿es posible que, en nuestro deseo de alejarnos de algunos excesos históricos, hayamos terminado distanciándonos también de una parte de nuestra propia tradición?

Volver a la fuente no significa regresar al pasado por nostalgia. Significa permitir que la Escritura, las Confesiones Luteranas y la tradición de la Iglesia iluminen nuevamente nuestro presente. La Reforma nunca pretendió romper con la Iglesia de todos los siglos. Martín Lutero no quiso fundar una nueva Iglesia; quiso llamar a la Iglesia a volver al Evangelio. Por eso, la tradición luterana conservó todo aquello que anunciaba fielmente a Jesucristo y dejó de lado únicamente aquello que oscurecía la centralidad de su gracia.

María nunca fue un problema para Lutero. Lo fue, en cambio, cualquier enseñanza que colocara a otra persona en el lugar que únicamente corresponde a Cristo. Esa diferencia es fundamental.

Como luteranos confesamos con absoluta claridad que Jesucristo es el único Salvador y mediador entre Dios y la humanidad. Nuestra esperanza descansa únicamente en su muerte y resurrección. María no es corredentora ni fuente de la gracia. Toda la salvación pertenece únicamente a Dios revelado en Jesucristo.

Pero precisamente porque Cristo ocupa el centro, podemos contemplar con serenidad a aquella mujer mediante la cual el Verbo se hizo carne.

Cada domingo, al celebrar la Santa Eucaristía, proclamamos el Credo de los Apóstoles o el Credo Niceno. En ambos confesamos que Jesucristo fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de la Virgen María. Es una afirmación que repetimos con naturalidad, quizá sin detenernos a pensar en su profundidad. Entre todos los hombres y mujeres mencionados en las Sagradas Escrituras, solamente María permanece para siempre en la confesión universal de la Iglesia. No está allí porque la Iglesia la adore, sino porque la Iglesia confiesa la realidad de la encarnación.

Cuando pronunciamos su nombre, no estamos exaltando a María por encima de Cristo. Estamos proclamando que Dios verdaderamente entró en nuestra historia, asumió nuestra humanidad y nació de una mujer concreta en un momento concreto de la historia. La fe cristiana no anuncia una idea; anuncia un acontecimiento.

Por eso, la tradición luterana nunca tuvo necesidad de borrar a María de la memoria de la Iglesia. Martín Lutero escribió con profunda admiración sobre el Magníficat, llamó a María bienaventurada y defendió el antiguo título de Madre de Dios, no para engrandecerla a ella, sino para proteger la verdad acerca de Jesucristo. Si el niño nacido de María es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, entonces ese título habla, antes que nada, del misterio de Cristo.

Quizá uno de los mayores malentendidos de nuestro tiempo consiste en pensar que toda referencia a María conduce inevitablemente a la idolatría. Sin embargo, la propia tradición luterana distingue claramente entre honrar la memoria de una creyente y ofrecer adoración, que pertenece únicamente al Dios Trino.

Nuestras Confesiones son igualmente claras. La Apología de la Confesión de Augsburgo enseña que la memoria de los santos tiene un lugar en la vida de la Iglesia porque nos invita a dar gracias a Dios por su obra en ellos, fortalece nuestra fe al contemplar cómo actuó el Señor en sus vidas y nos anima a imitar su ejemplo conforme a nuestra propia vocación. Si esto es cierto para todos los santos, cuánto más para aquella mujer cuyo cántico sigue proclamando que Dios derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes.

Quizá hemos confundido el rechazo de ciertos excesos con el abandono de una memoria que siempre perteneció a la Iglesia. Recuperar esa memoria no significa adoptar doctrinas que no confesamos. Significa redescubrir una riqueza que forma parte de nuestra identidad luterana.

Lo mismo puede decirse del arte sagrado. Durante siglos, la tradición cristiana ha utilizado imágenes, vitrales e iconos como instrumentos para anunciar el Evangelio. Un icono no pretende sustituir la Palabra; pretende conducir la mirada hacia ella. Muchas iglesias luteranas alrededor del mundo conservan imágenes de María, de los apóstoles y de otros testigos de la fe sin que ello comprometa la centralidad de Cristo. Existen congregaciones luteranas que llevan el nombre de Santa María y comunidades que celebran cada año la memoria de la Virgen de Guadalupe desde una profunda perspectiva cristológica y pastoral, comprendiendo también el enorme valor cultural que esa celebración posee para muchos de nuestros pueblos.

Confieso que siempre me ha conmovido la iconografía cristiana. Hace algunos años tuve la oportunidad de visitar el santuario de Nuestra Señora de Częstochowa, en Polonia. Más allá de las diferencias confesionales, comprendí que el arte sagrado puede convertirse en una ventana hacia el misterio de la encarnación. Aquella experiencia no disminuyó mi identidad luterana. Por el contrario, me recordó que Dios eligió entrar en nuestra historia a través del sí humilde de una mujer.

Tal vez haya llegado el momento de dejar de definirnos únicamente por aquello que rechazamos y comenzar a redescubrir aquello que confesamos. Nuestra identidad no se fortalece eliminando la memoria de María. Se fortalece proclamando con mayor profundidad al Cristo que ella llevó en su seno.

Celebrar el 15 de agosto no nos hace menos luteranos. Puede ayudarnos, precisamente, a ser más fieles a nuestras propias raíces. Porque María nunca buscó ocupar el lugar de su Hijo. Toda su vida señala hacia Él. Su última enseñanza recogida por el Evangelio sigue siendo, quizá, la mejor definición de toda auténtica espiritualidad cristiana:

«Hagan todo lo que él les diga.»
Mientras María continúe señalando a Cristo, la Iglesia nunca perderá el camino del Evangelio.

Bibliografía para profundizar

Sagrada Escritura Lucas 1:26–56. Lucas 2:1–52. Juan 2:1–11. Juan 19:25–27. Hechos 1:12–14.

Confesiones Luteranas

Libro de Concordia. Apología de la Confesión de Augsburgo, Artículo XXI, La invocación de los santos. Fórmula de Concordia, Declaración Sólida VIII, sobre la persona de Cristo.

Martín Lutero Comentario al Magníficat (1521). Sermones sobre el Evangelio de Lucas.

Liturgia Luterana Evangelical Lutheran Worship. Minneapolis: Augsburg Fortress, 2006. Calendario litúrgico: 15 de agosto – Mary, Mother of Our Lord. Lutheran Book of Worship. Minneapolis: Augsburg Publishing House, 1978.

Estudios recomendados Jaroslav Pelikan, Mary Through the Centuries: Her Place in the History of Culture. Dietrich Bonhoeffer, God Is in the Manger: Reflections on Advent and Christmas.

Descansa en paz, mujer virtuosa. Gracias por tu legado, por tus luchas y por el ejemplo de una vida entregada al Evangel...
30/07/2026

Descansa en paz, mujer virtuosa. Gracias por tu legado, por tus luchas y por el ejemplo de una vida entregada al Evangelio. Gracias por mostrarnos un camino firme, seguro, sin miedo y sin medias tintas, como siempre te caracterizó. Tu testimonio permanecerá entre quienes tuvimos el privilegio de conocerte y aprender de ti. Que Cristo resucitado te reciba en la plenitud de su paz.

We are saddened to announce the death of one of SEPA's former bishops, Rev. Dr. Patricia Davenport. You may read more here: https://conta.cc/4h39xEM

ORACIÓN DE VÍSPERASCada miércoles nos reunimos para la Oración de Vísperas. Su nombre proviene del latín vesper tarde. E...
21/07/2026

ORACIÓN DE VÍSPERAS

Cada miércoles nos reunimos para la Oración de Vísperas. Su nombre proviene del latín vesper tarde. Esta oración es parte de la Liturgia de las Horas y es un tiempo para dar gracias por el día que termina y alabar a Dios.

Todos los miércoles
6:30 p. m.

Iglesia Luterana La Transfiguración
Ministerio Nuestra Casa Para Todos
Avenida Universidad 108, SJ. 00925

Cada sábado tenemos una cita.Nos reunimos en torno a la Palabra y a la Mesa para celebrar el amor más grande de todos lo...
18/07/2026

Cada sábado tenemos una cita.

Nos reunimos en torno a la Palabra y a la Mesa para celebrar el amor más grande de todos los tiempos: el amor de Dios, del que ningún ser humano queda excluido.

¡Ven y celebremos juntos!

LA IGLESIA NO ESTA LLAMADA A COMPLACER Hay momentos en que algunas personas escuchan una predicación que no coincide con...
10/07/2026

LA IGLESIA NO ESTA LLAMADA A COMPLACER

Hay momentos en que algunas personas escuchan una predicación que no coincide con su manera de entender la Iglesia o el Evangelio. Entonces aparecen el disgusto, la incomodidad y, en ocasiones, frases como estas: «Ese pastor está diciendo lo que no tiene que decir», «Ese pastor se está metiendo en política» o «Siempre habla de los mismos temas».

No comparto esta reflexión para señalar a nadie. La escribo porque creo que vale la pena detenernos a pensar cuál es, verdaderamente, la misión de la Iglesia.

La Iglesia no existe para decir únicamente aquello que resulta agradable de escuchar. Existe para anunciar el Evangelio de Jesucristo. Y el Evangelio tiene la capacidad de consolar al que sufre, levantar al caído y anunciar esperanza. Pero también posee la fuerza de confrontar la injusticia, denunciar la hipocresía y llamar al arrepentimiento. Si la Palabra de Dios nunca nos incomoda, quizá no la estamos dejando hablar con toda su fuerza.

Con frecuencia se afirma que un pastor no debería abordar determinados asuntos porque «eso es política». Sin embargo, defender la dignidad de una persona, levantar la voz cuando se vulneran derechos, acompañar a quienes viven en los márgenes o recordar que toda vida humana tiene un valor incalculable delante de Dios no es hacer política partidista; es vivir con fidelidad el Evangelio.

Hay realidades que inevitablemente generan incomodidad: la diversidad humana, la inclusión, la violencia contra las mujeres, los feminicidios, las estructuras patriarcales que perpetúan la desigualdad, la pobreza, el racismo, la migración, la salud mental o la sexualidad. Cada una de ellas atraviesa la vida de personas concretas, hijas e hijos de Dios. Ignorarlas no las hace desaparecer.

¿Acaso el ministerio pastoral quedó reducido a preparar un sermón para el domingo y administrar los sacramentos? La vocación también consiste en enseñar, formar conciencias, abrir espacios de diálogo, acompañar el sufrimiento humano y ayudar a descubrir la presencia de Dios en medio de las realidades más complejas de nuestro tiempo. Si el Evangelio tiene una palabra para la vida, entonces ninguna dimensión de la vida queda fuera de su alcance.

Los profetas del Antiguo Testamento confrontaron a los reyes. Juan el Bautista denunció los abusos de Herodes. Jesús cuestionó tanto a las autoridades religiosas como al poder político de su tiempo. Ninguno buscó el conflicto por el simple hecho de provocarlo, pero tampoco sacrificó la verdad para conservar la tranquilidad.

La misión de la Iglesia nunca ha sido convertirse en el eco de los poderosos, sino en la voz de quienes pocas veces son escuchados. Su llamado no es excluir, sino anunciar que la gracia de Dios alcanza a todas las personas.

Hace poco leí una frase de la Rvda. Lucille “CeCe” Mills, secretaria de la ELCA, que me hizo pensar profundamente: «Si tu predicación o tu liderazgo nunca incomodan a nadie, probablemente los estás ejerciendo mal.»

No creo que el propósito del ministerio sea incomodar por incomodar. Su propósito es ser fiel a Jesucristo. Pero cuando esa fidelidad cuestiona nuestras seguridades, nuestros prejuicios o nuestras injusticias, la incomodidad deja de ser un fracaso y se convierte en una señal de que la Palabra de Dios continúa obrando entre nosotros.

Una comunidad cristiana que únicamente repite aquello que todos desean oír termina perdiendo su dimensión profética. Del mismo modo, un pastor o una pastora que predican para satisfacer a la congregación, responder a las expectativas de quienes ejercen autoridad o evitar cualquier controversia corren el riesgo de cambiar la fidelidad al Evangelio por la búsqueda de aprobación.

Entonces vale la pena formular una pregunta sencilla, pero decisiva: ¿estamos edificando la Iglesia de Jesucristo o simplemente estamos jugando a ser Iglesia?

La Iglesia no fue llamada a tranquilizar conciencias ni a confirmar nuestras propias ideas. Fue enviada a anunciar a Jesucristo crucificado y resucitado. Ese anuncio consuela al afligido, pero también desenmascara la injusticia, denuncia el pecado y nos invita a una conversión permanente.

El día que dejemos de proclamar aquello que el Evangelio exige por miedo a perder miembros, recibir críticas o desagradar a quienes ocupan posiciones de autoridad, habremos cambiado la voz profética por el silencio cómodo. Una Iglesia que renuncia a su voz para conservar la tranquilidad puede seguir llenando sus bancas, pero habrá comenzado a vaciar su misión.

Porque la Iglesia nunca fue llamada a complacer al mundo. Fue llamada a seguir a Jesucristo. Y seguir a Jesucristo significa caminar junto a quienes sufren, levantar la voz por quienes han sido silenciados, defender la dignidad de toda persona y anunciar el Reino de Dios, aun cuando ese anuncio incomode. Ese ha sido el camino de los profetas, el camino de los apóstoles y, sobre todo, el camino del propio Cristo. Ese, y no otro, sigue siendo el camino de la Iglesia.

Pastor. Ignacio Estrada C.

¡Pasa la voz!
09/07/2026

¡Pasa la voz!

ALETEO DIVINACrecer sin prisaRespiraLa vida tiene tiemposque no pueden apresurarse.Palabra del día“El Reino de los cielo...
09/07/2026

ALETEO DIVINA
Crecer sin prisa

Respira
La vida tiene tiempos
que no pueden apresurarse.

Palabra del día
“El Reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza.”
—Mateo 13:31

Aleteo – Meditación
Muchas veces queremos resultados inmediatos. Sin embargo, Dios trabaja con paciencia. Lo pequeño de hoy puede convertirse mañana en un lugar de refugio para muchos. No desprecies los comienzos sencillos. También allí está actuando el Señor.

Oración
Padre bueno,
enséñame a confiar en tus tiempos.
Dame paciencia para esperar
y esperanza para seguir sembrando el bien.
Que nunca pierda la ilusión
de ver crecer aquello que tú has comenzado.
Amén.

Aleteo para el día
Valora hoy un pequeño avance que hayas logrado.

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