07/06/2026
En la Biblia, el vaso de alabastro representa algo valioso, guardado y protegido. Cuando aquella mujer lo rompió para derramar el perfume sobre Jesús, hizo un acto de amor, entrega y adoración sin reservas. El perfume solo pudo llenar la casa cuando el vaso fue quebrado.
De la misma manera, muchas veces llevamos dentro dones, experiencias, talentos, amor y fe que permanecen encerrados por el temor, la comodidad o las heridas. Sin embargo, aquello que Dios ha depositado en nosotros no fue diseñado para quedarse guardado, sino para bendecir a otros.
Romper nuestro “vaso de alabastro” significa dejar a un lado el orgullo, el miedo al rechazo y las limitaciones que nos impiden servir. Significa atrevernos a compartir una palabra de esperanza, extender una mano al necesitado, ofrecer perdón, mostrar compasión y vivir una vida que refleje el amor de Dios.
El aroma del perfume no puede percibirse mientras permanece dentro del recipiente. Del mismo modo, nuestra influencia positiva solo alcanza a otros cuando decidimos entregarnos. Cada acto de bondad, cada gesto de amor y cada palabra de aliento se convierte en una fragancia que puede transformar el ambiente y tocar corazones.
Hoy es una buena oportunidad para preguntarnos: ¿Qué hay dentro de mí que necesita ser derramado para bendecir a otros? Tal vez una experiencia que inspire, un talento que sirva, una sonrisa que anime o una fe que fortalezca.
Rompe tu vaso de alabastro. No guardes el perfume. El mundo necesita sentir el aroma de lo que Dios ha puesto en tu vida.