23/06/2026
En el matrimonio es fácil ver los errores del otro y difícil reconocer los propios. A veces señalamos las palabras hirientes de nuestro esposo o esposa, pero olvidamos revisar nuestras propias actitudes, nuestro orgullo, nuestras faltas de paciencia o nuestra falta de amor.
Jesús nos invita hoy a mirar primero nuestro corazón. La reconciliación en el hogar comienza cuando dejamos de buscar culpables y empezamos a preguntarnos: ¿qué puedo cambiar yo para amar mejor?
Muchos matrimonios se desgastan porque ambos esperan que el otro dé el primer paso. Sin embargo, el Evangelio nos enseña que la verdadera humildad consiste en reconocer nuestras fallas antes de señalar las del cónyuge.
Antes de corregir a tu esposo o esposa, pídele a Dios que te muestre aquello que necesita sanar en ti. Cuando el amor reemplaza al juicio, el hogar encuentra nuevamente el camino hacia la paz.
Matrimonio con Dios 2