16/06/2026
🌊Compartimos este artículo escrito para el periódico El Nuevo Día sobre el PC-25 con algunas imágenes de Pichón Duarte.
🏝️La ciencia y la Zona Marítimo Terrestre
por Rafael Rodríguez Cruzado
10 de junio de 2026
El Proyecto de la Cámara 25 propone redefinir la Zona Marítimo Terrestre (ZMT) de Puerto Rico utilizando criterios más restrictivos que los empleados tradicionalmente. Independientemente de los méritos o defectos jurídicos de la medida, existe una pregunta fundamental que debe guiar este debate: ¿debe la delimitación de la ZMT basarse en la mejor ciencia disponible o en criterios que no reflejan adecuadamente la realidad física de nuestras costas?
Las costas de Puerto Rico son extraordinariamente diversas. Algunas playas permanecen relativamente estables, mientras otras han experimentado una erosión severa durante décadas. En ciertos sectores de Rincón, por ejemplo, la línea de costa ha retrocedido más de 300 pies en menos de un siglo. Otras playas muestran tasas de erosión mucho menores. Esta variabilidad demuestra que no existe una sola fórmula capaz de describir adecuadamente todos los litorales de la isla.
Uno de los problemas principales de cualquier definición simplificada de la ZMT es que puede otorgar demasiado peso a criterios mareales en una isla donde las mareas astronómicas son relativamente pequeñas. En Puerto Rico, la diferencia entre marea alta y marea baja suele medirse en centímetros. Sin embargo, los procesos que verdaderamente determinan la evolución de nuestras playas operan a una escala mucho mayor: el oleaje, las marejadas ciclónicas, las corrientes marinas, la erosión acumulada durante décadas y el aumento gradual del nivel del mar.
La experiencia reciente lo confirma. Las pérdidas de playa observadas en Rincón, Ocean Park, Loíza, Isabela y otras localidades no han sido producto de cambios en las mareas, sino de la interacción compleja entre eventos extremos, transporte de sedimentos, aumento del nivel del mar y, en muchos casos, construcciones realizadas demasiado cerca de la costa. Con frecuencia, el resultado ha sido el amurallamiento de playas para proteger infraestructura amenazada, una práctica que suele agravar la erosión y acelerar la desaparición de la propia playa.
Lo más preocupante es que Puerto Rico no carece de información científica sobre estos procesos. Durante décadas, universidades, agencias estatales y federales han documentado tasas de erosión, características geomorfológicas y patrones de vulnerabilidad costera para gran parte del litoral. Esa información permite identificar dónde existe mayor riesgo y cuánto espacio necesita una playa para adaptarse a los cambios naturales y al aumento proyectado del nivel del mar.
La verdadera discusión no debe ser si la ZMT es más ancha o más estrecha. La pregunta correcta es si su delimitación refleja la realidad física de las costas puertorriqueñas. Una definición que ignore la erosión histórica, las marejadas extremas y la dinámica costera corre el riesgo de crear una falsa sensación de seguridad y de repetir errores que ya han costado la pérdida de playas, daños a la propiedad y millones de dólares en fondos públicos.
La naturaleza no reconoce líneas trazadas en mapas ni definiciones legales. Las costas responden únicamente a las leyes de la física. Por eso, cualquier redefinición de la Zona Marítimo-Terrestre debe fundamentarse en la ciencia y no en criterios que simplifiquen una realidad mucho más compleja.