31/10/2025
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CUANDO EL CANSANCIO SE VUELVE SILENCIO
Por Abimael Acosta
Esta semana Puerto Rico volvió a estremecerse con dos tragedias que deberían hacernos reflexionar profundamente: el suicidio del policía Alex Cruz Rivera en Aibonito, y el de la maestra Maritza Enid Sierra. Dos vidas dedicadas al servicio, dos personas que representaban lo mejor del compromiso social, y que sin embargo fueron vencidas por un sistema que muchas veces no escucha, no apoya, y no valora.
Ser maestro o policía en Puerto Rico es cargar una cruz de sacrificios invisibles. Ambos trabajan por vocación, pero la vocación no paga las cuentas ni cura el agotamiento. Los policías enfrentan turnos dobles, violencia, burocracia, y un Estado que les debe horas extra mientras los culpa por protestar. No olvidemos que esta misma semana, muchos agentes realizaron un “blue flu”, una protesta silenciosa por las horas de trabajo no remuneradas y las condiciones precarias.
Los maestros, por su parte, sostienen sobre sus hombros el futuro del país, pero lo hacen con salarios que apenas cubren lo básico, con salones sin recursos, y con un sistema que muchas veces los desmoraliza más que los apoya. Son guías, consejeros, padres sustitutos, y aún así, se sienten solos.
El estrés, la ansiedad y la depresión son enemigos silenciosos. En Puerto Rico, los problemas de salud mental se han convertido en una emergencia colectiva. La gente trabaja más, gana menos y se siente cada vez más desconectada. A veces, un comentario, una humillación, una deuda o una discusión puede ser el detonante final de una mente ya agotada.
Por eso, más allá de buscar culpables, tenemos que aprender a mirar con empatía. No sabemos qué batalla libra el compañero que sonríe al lado nuestro, ni qué peso carga quien nos saluda cada mañana. Un gesto amable, una palabra de aliento o simplemente escuchar sin juzgar puede marcar la diferencia.
Y si tú que lees esto sientes que ya no puedes más, no estás solo. Hay ayuda disponible. Puedes llamar a la Línea PAS al 1-800-981-0023, donde hay profesionales dispuestos a escucharte las 24 horas. Tu vida vale, y aunque hoy no lo veas, hay caminos y personas que quieren ayudarte a seguir.
Que estas dos muertes no se pierdan en el ruido mediático. Que sirvan para abrir una conversación sobre la dignidad laboral, la salud mental y la empatía humana. Porque la verdadera seguridad y educación de un país no se construyen con discursos, sino con el bienestar de quienes nos cuidan y enseñan.