03/11/2024
Hoy en muchos países se conmemora el DÍA DE LOS MU***OS. Por siglos existió en nuestro país una costumbre que hoy nos parecería IMPOSIBLE (tenemos conocimiento de BAQUINÉS EN Puerto Rico aun en la década de 1940, 1950) … una tradición que se repetía cada vez que un infante moría conocida por todos como EL BAQUINÉ.
— aunque NUESTRO BAQUINÉ tenía su influencia europea, los conocedores la identifican como una tradición originaria del OESTE DE ÁFRICA, específicamente de la costa de NIGERIA.
— no solo se practicó en PUERTO RICO, fue costumbre popular también en DOMINICANA, HAITÍ y CUBA. En Puerto Rico originalmente era una ceremonia de negros pero como todo, esa costumbre se regó por todos los grupos raciales y sociales.
— ¿QUE ERA EL BAQUINÉ? realmente era una FIESTA para DESPEDIR a un niño que al fallecer estuviera entre entre recién nacido a no más de 7 años.
— en un ambiente de música, canciones y bebida la gente creía que esos niños vírgenes y puros se convertían en ángeles que los protegían, cuidaban e intercedían por ellos, motivos suficientes para estar alegres y celebrar.
— la ceremonia comenzaba en la casa, ya al final, bailando y cantando salían por la carretera acompañando al infante hasta su última morada.
PUERTO RICO CONVIRTIÓ ESTA TRADICIÓN EN UNA OBRA MAESTRA DE ARTE
En 1893 (hace 131 años), el mas grandes de los pintores que parió la Patria en el Siglo XIX, FRANCISCO OLLER (un sanjuanero de Bayamón) pintó EL VELORIO, “retratándonos” una estampa del BAQUINÉ PUERTORRIQUEÑO. Esta es una de las obras de arte MÁS ANALIZADAS y ESTUDIADAS, cada detalle, cada color, cada historia dentro de la historia, cada paisaje la convirtieron en una de las JOYAS DE LA PINTURA NACIONAL PUERTORRIQUEÑA. El excelente portal GEO-ISLA publicó esta valiosa información: ““El Velorio”, obra del pintor puertorriqueño FRANCISCO OLLER Y CESTERO completada circa 1893. Fue pintada en la finca Elzaburu en CAROLINA. Los personajes en la pintura están basados en personas que Oller conoció durante su vida (wao, que interesante). La obra mide unos 8′-10″ de alto por 13′-6″ de ancho. En la misma se representa una fiesta con música y baile para celebrar que un niño fallecido en o antes de cumplir los 7 años, pasará directamente al paraíso a disfrutar de una vida eterna”.
"Como yo no soy de piedra,
algún día moriré
Y A MI BORINCANA TIERRA
mis despojos dejaré
Enterradme donde quiera,
pero si en MI BORINQUÉN"