24/08/2026
Hay partos que son tan intensos, física y emocionalmente, que por momentos te hacen pensar que no lo vas a lograr.
Hay procesos que requieren de mucha 𝗲𝘅𝗽𝗮𝗻𝘀𝗶ó𝗻, 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝗴𝗮 𝘆 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿 para que bebé pueda finalmente llegar a tus brazos.
Este fue un parto vaginal luego de una cesárea. Una cesárea que llegó después de una cascada de intervenciones que ella vivió como innecesarias: enviarla al hospital para una inducción, romperle la bolsa de aguas, prohibirle comer y beber, limitar su movimiento… hasta finalmente decirle que había “falta de progreso”.
Aquella experiencia dejó huellas profundas. Fue traumática para ella y durante muchos meses la llevó a experimentar episodios de llanto prácticamente a diario.
Por eso, este nuevo embarazo y este nuevo parto llegaron acompañados de temores, preocupaciones y dudas. De cierta desconfianza hacia su propio cuerpo y hacia su capacidad de parir.
Y cuando llegamos al parto cargando una experiencia traumática, incertidumbre y miedo, atravesar cada oleada puede sentirse todavía más intenso.
Pero esta vez había algo diferente.
Había amor a su alrededor.
Había palabras de afirmación.
Había manos sosteniéndola.
Estaba el apoyo constante de su esposo y de su mamá.
Y poco a poco, 𝘂𝗻𝗮 𝗼𝗹𝗲𝗮𝗱𝗮 𝗮 𝗹𝗮 𝘃𝗲𝘇, fue atravesando el proceso hasta que Milenna llegó a sus brazos. 🤍
Porque aun cuando un parto se sienta inmenso, aun cuando requiera toda tu fuerza, toda tu expansión y todo tu poder, 𝗻𝗶𝗻𝗴𝘂𝗻𝗮 𝗼𝗹𝗲𝗮𝗱𝗮 𝗱𝘂𝗿𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲.
Después de cada una llega la calma.
Llega el descanso.
Llega ese pequeño espacio para respirar, recuperarte y volver a reunir fuerzas.
No tienes que atravesar todo el parto de una sola vez.
𝗦𝗼𝗹𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗼𝗹𝗲𝗮𝗱𝗮.
𝗟𝘂𝗲𝗴𝗼 𝗹𝗮 𝗽𝗿ó𝘅𝗶𝗺𝗮.
𝗨𝗻𝗮 𝗮 𝗹𝗮 𝘃𝗲𝘇.
Y con cada una, estás un poquito más cerca de tener a tu bebé en tus brazos.