CBMC Puerto Rico

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Somos una organización sin fines de lucro dedicada a llevar mensajes de esperanza, ética y valores bíblicos a los entornos laborales con el fin de crear ambientes de respeto y bienestar.

23/06/2026

MANA del Lunes
APRENDER A LIDERAR SIRVIENDO
Por Rogério Alves

En el mundo laboral hablamos mucho sobre liderazgo. Sin embargo, en realidad, gran parte de nuestra vida diaria gira en torno al servicio: donde trabajamos, en nuestros hogares con nuestras familias, en nuestros vecindarios, con aquellos de quienes somos responsables y en las iglesias a las que asistimos. En muchos casos, esto implica rutinas interminables en las que organizamos y aprendemos a optimizar nuestras actividades para poder gestionar todo de manera eficaz. A esto es a lo que algunas personas llaman «liderazgo de servicio».

¿Dónde encontramos esto en práctica? Podemos comenzar con la Biblia, que ofrece muchos ejemplos de servicio a los demás. El más grande de todos es Jesús, quien elevó el servicio a un estándar de excelencia para cualquiera a quien estuviera sirviendo. Además de las enseñanzas de la Biblia, Sus acciones han inspirado muchas obras literarias que han aplicado estos principios al lugar de trabajo y al liderazgo, especialmente en el servicio al cliente.

En el libro The Servant Leader, de James C. Hunter, Jesús es presentado como el arquetipo perfecto del liderazgo sacrificial, que prioriza eliminar obstáculos y satisfacer las necesidades de los demás con humildad y una autoridad
moral genuina. Inspira no una obediencia forzada, sino una influencia voluntaria y una lealtad duradera, un ejemplo vivo de cómo el servicio construye relaciones transformadoras en la vida empresarial cotidiana.
Jesús vino con un propósito: la salvación de todos. Esa misión produjo resultados maravillosos; uno de ellos fue la excelencia en servir a los demás, uno de Sus roles aquí en la tierra. «Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos» Marcos 10:45 (NVI).

Jesús tuvo éxito en cada situación, enseñando y sirviendo como ejemplo para Sus discípulos y para todos los que lo escuchaban predicar.
Así como Él tuvo un propósito entre nosotros, en el momento en que decidimos seguirle, debemos considerar a aquellos a quienes servimos como consideraríamos a nuestro Señor, dando siempre lo mejor de nosotros, ya sea en una labor remunerada o no remunerada: «Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no
como para nadie en este mundo»Colosenses 3:23 (NVI).
Jesús puso a aquellos a quienes servía por encima de Sí mismo: «Porque, ¿quién es más importante, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No lo es el que está sentado a la mesa? Sin embargo, yo estoy entre ustedes como uno que sirve» Lucas 22:27 (NVI).Y siempre lo hizo con humildad. «Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros» Juan 13:14 (NVI).

Un verdadero creyente que practica las enseñanzas de Jesús debería ser el mejor empleado o proveedor de
servicios en cualquier área de trabajo, teniendo éxito dondequiera que sirva. Sin embargo, más de 30 años de
experiencia profesional —en el comercio, el ámbito jurídico y el transporte— me han mostrado que la realidad puede ser algo diferente. ¿Qué es lo que falta? Observemos el ejemplo de Joshua, quien fue elegido para guiar a los israelitas hacia la Tierra Prometida: «Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes!
Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas» Josué 1:9 (NVI).
Él dependía del Señor. Al creer en Jesús, podemos poner nuestra completa confianza en Él; cada tarea puesta en
tus manos ha sido confiada por Él. Eso significa que todas nuestras responsabilidades deben llevarse a cabo conforme a las enseñanzas de Jesús si queremos alcanzar el verdadero éxito. No debemos olvidar que Dios siempre
estará con nosotros en todo lo que hagamos. Esta es una fórmula infalible. Te dejo con una pregunta: ¿Qué contratista o empleador no estaría complacido de tener a un fiel y humilde «siervo de Dios» a su servicio?

© 2026. Rogério Alves es abogado asociado de un despacho jurídico en São Paulo, Brasil. Se graduó en Centro Universitário Nov e de Julho y es especialista en derecho público por la Escola Paulista de Direito. También participa como conferencista en el Departamento de Cultura y Eventos de la Asociación de Abogados de Brasil – Sección São Paulo (OAB/SP), colabora con diversas publicaciones jurídicas, es pastor asociado y miembro de CBMC Brazil.

Preguntas para reflexión y diálogo
1. Cuando escuchas la palabra «liderazgo», ¿qué es lo primero que viene a tu mente? Compárala con la
palabra «siervo». ¿Te parece natural que ambas ideas vayan juntas? ¿Por qué sí o por qué no?
2. ¿Puedes pensar en alguien que haya ocupado una posición de liderazgo y que te haya demostrado el
concepto de liderazgo de servicio, mostrando un genuino deseo de servir a las personas que dirigía? Si es
así, ¿cómo se manifestaba esto? ¿Qué impresión te dejó esa persona?
3. Cuando lees la afirmación de Jesús de que Él «no vino para ser servido, sino para servir», ¿cuál es tu
reacción? ¿Te resulta fácil considerar a Jesús en el papel de siervo? Explica tu respuesta.
4. Muchas veces no es fácil servir a los demás, especialmente cuando no parecen mostrar ni expresar aprecio
por lo que hacemos por ellos. Cuando servir a otros parece inconveniente o incluso una carga, ¿cómo crees
que podemos cultivar una actitud correcta de servicio, independientemente de cómo respondan los demás?

Nota: Si tienes una Biblia y deseas profundizar más en este tema, considera leer los siguientes pasajes: Lucas 22:25-27; Juan 6:38; 1 Corintios 3:9; Gálatas 5:13-14; Filipenses 2:3-8.

Desafío para esta semana
La Biblia dice que debemos «seguir sus pisadas» (1 Pedro 2:21). Esta semana sería bueno dedicar un tiempo para evaluar personalmente qué tan bien lo estás haciendo, incluyendo la manera en que sirves a los demás.Dedica tiempo a conversar con un amigo cercano, un mentor, un consejero de confianza o tu grupo pequeño sobre cómo tú —y ellos— pueden aprender a convertirse en líderes siervos de manera más constante y eficaz,
independientemente de sus respectivos roles y responsabilidades.

15/06/2026

MANA del Lunes
*TU PRODUCTIVIDAD NO ES TU MISIÓN*
Chris C. Simpson.

La mayoría de los profesionales mide su valor por su productividad. Negocios cerrados. Proyectos entregados. Bandejas de entrada vacías. Vivimos rodeados de métricas y fechas límite, y en algún momento comenzamos a creer que todo depende de nosotros. Si no nos presentamos, todo se detiene. Si no producimos, nada avanza.

Esa mentira no se queda en la oficina. También se infiltra en nuestra fe. Empezamos a pensar que la obra de Dios en el mundo depende de nuestro esfuerzo, nuestra capacidad y nuestra disposición para cargar con el peso. El llamado comienza a sentirse como presión. La obediencia empieza a sentirse como una carga. El servicio, ya sea en el escritorio o en el santuario, comienza a percibirse como agotamiento.

Juan 21 cuenta una historia diferente. Después de la resurrección, los discípulos pescaron toda la noche y no atraparon nada. Al amanecer, Jesús los llamó desde la orilla y les preguntó si tenían algo. Ellos respondieron que no. Entonces les dijo que echaran la red al otro lado de la barca. Obedecieron, y la red se llenó tanto que apenas podían arrastrarla. Por un momento, pareció que su trabajo finalmente había dado resultado.

Pero cuando llegaron a la playa, Jesús ya tenía encendido un fuego de brasas. Ya había pescado cocinándose. Ya había pan preparado. El desayuno ya estaba listo. Entonces dijo algo que debería sacudir a todo trabajador que se considere indispensable: _«Traed de los peces que acabáis de pescar»_ Juan 21:10 (RVR1960).

Piensa en esto. La comida no dependía de la pesca de ellos. Aun así, Jesús quiso que aportaran lo que habían obtenido. Cristo no necesitaba sus peces para alimentarlos. Ya había provisto todo lo necesario. Pero recibió con agrado lo que ellos traían. Su trabajo no creó la provisión; los conectó con ella. El milagro no fue que le entregaran a Jesús algo que le hacía falta. El milagro fue que Él les permitiera participar.

Eso transforma nuestra manera de entender el trabajo. Dios no necesita nuestra productividad para cumplir Sus propósitos. No está limitado por nuestro desempeño. No depende de nuestra capacidad para actuar. Nuestros empleos, nuestra influencia y nuestro testimonio no son herramientas que Él necesite desesperadamente. Son regalos que Él nos concede con gracia. Son una invitación a colaborar con lo que ya está haciendo en el mundo.

Eso cambia por completo el tono de nuestro trabajo. No nos presentamos porque el mundo vaya a derrumbarse sin nosotros, sino porque Dios ha decidido involucrarnos. No trabajamos para demostrar nuestro valor. Trabajamos porque ya hemos sido llamados. No damos testimonio de Cristo porque Dios sea incapaz de actuar sin nuestra voz. Damos testimonio porque Él se deleita en usar la obediencia humana para cumplir propósitos divinos.

> «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» Colosenses 3:23 (RVR1960).

Ese es un llamado al privilegio, no a la presión. Tu trabajo diario no es simplemente un empleo; es participación. El peligro consiste en olvidarlo y convertir la colaboración divina en una carga personal. Cuando eso sucede, terminamos resentidos por aquello que deberíamos recibir con gratitud, y tratamos la obediencia como una obligación en lugar de verla como una oportunidad. Vivimos como si Dios dependiera de nosotros, en vez de recordar que Él nos ha invitado a participar.

El Cristo resucitado no les pidió a los discípulos que proveyeran la comida. Les pidió que trajeran lo que habían pescado y se unieran a Él alrededor del fuego. Que nunca confundamos haber sido invitados con ser indispensables. Que nunca tratemos el llamado como una carga en lugar de una maravilla. Trabajar con Cristo en el mercado laboral no es algo que soportamos; es algo que tenemos el honor de recibir.

©️ 2026. C.C. Simpson está dedicado a fomentar una fe cristiana valiente y triunfante en el mercado laboral global. Antes de convertirse en presidente de CBMC International, Chris dedicó 28 años a una distinguida carrera en el sector público, como oficial al mando del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos y como miembro del Servicio Secreto de los Estados Unidos, siendo responsable de la protección de siete presidentes estadounidenses y del liderazgo de equipos de élite en complejas misiones internacionales de alto riesgo. Junto con su esposa Ana, reside en Boca Ratón, Florida.

*Preguntas para reflexión y diálogo*

1. Cuando vas a trabajar cada día, ¿quién depende de ti? ¿Quién podría verse afectado si no cumplieras con tu parte de la responsabilidad? ¿Eso genera presión para rendir y satisfacer las expectativas de los demás? Explica tu respuesta.

2. Si eres seguidor de Cristo, ¿cuáles son Sus expectativas para ti? ¿Alguna vez has sentido que los planes de Dios se vendrían abajo si no cumplieras tu parte en Su obra, o que Su llamado para tu vida es algo que simplemente debes soportar?

3. El mercado laboral actual, quizá más que nunca, necesita la presencia activa de hombres y mujeres dispuestos a servir como lo que el apóstol Pablo llamó _«embajadores de Cristo»_ (2 Corintios 5:20). ¿Qué diferencia hace comprender que el Señor no depende de nuestra productividad para cumplir Sus propósitos, sino que nos invita a participar y colaborar con Él en lo que está haciendo?

4. ¿Qué crees que significa «hacerlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres»? ¿Cómo se vería eso en la práctica al asumir tus responsabilidades un lunes por la mañana?

NOTA: Si tienes una Biblia y deseas leer más, considera los siguientes pasajes: Mateo 9:37-38; 1 Corintios 3:9; 2 Corintios 5:16-21, 6:1-2; 1 Tesalonicenses 3:2.

*Desafío para esta semana*
Mientras piensas en tu trabajo o carrera actual, ¿lo consideras un llamado de Dios o simplemente un medio para ganarte la vida, pagar las cuentas y comprar lo que necesitas y deseas? Esas son consideraciones legítimas, pero la Biblia enseña que el Señor promete suplir nuestras necesidades. Él nos coloca donde podemos ser útiles para Sus propósitos. Aparta un tiempo esta semana para conversar sobre esto con un amigo de confianza, mentor o consejero. Invítalo a darte su opinión sobre cómo puedes cumplir más fielmente el llamado que Dios tiene para ti en el mercado laboral, en tu hogar y en tu comunidad.

08/06/2026
08/06/2026

MANÁ del Lunes
*LOS PALOS Y LAS PIEDRAS PUEDEN HERIR, PERO LAS PALABRAS TAMBIÉN*
Robert J. Tamasy.

Cuando era niño, la gente solía repetir el dicho: «Los palos y las piedras pueden romper mis huesos, pero las palabras nunca me harán daño». Eso parecía correcto, ya que los palos y las piedras ciertamente pueden causar daño físico. Sin embargo, la vida me ha enseñado que las palabras pueden ser igual de hirientes; simplemente nos afectan emocional y mentalmente.

No hay mejor evidencia de esto que el desarrollo y la expansión de lo que se ha llamado «ciberacoso». Personas, especialmente jóvenes, son atacadas a través de las redes sociales, mensajes de texto y correos electrónicos con agresiones verbales crueles. Tristemente, demasiados de estos niños y adolescentes vulnerables han sufrido una gran angustia como consecuencia, llegando en algunos casos al suicidio.

Nos gustaría pensar que esto no ocurre en el mundo de los adultos, especialmente en el ámbito laboral, pero todos sabemos que no es así. En algunos entornos, el abuso verbal entre superiores y subordinados, así como entre compañeros de trabajo, es una realidad cotidiana. Arrebatos de ira, colegas humillados en público, correos electrónicos vengativos y otras formas de comunicación utilizadas para desprestigiar a otros son demasiado comunes.

En la mayoría de los casos, estas conductas son contraproducentes en el mejor de los escenarios y, en el peor, armas capaces de causar un daño grave. Quizá por eso las Escrituras están llenas de advertencias contra el mal uso de las palabras, ya sean habladas o escritas. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento nos recuerdan el enorme poder y el gran peligro potencial del uso y abuso de las palabras. A continuación, algunos ejemplos que se aplican tanto a lo que decimos como a lo que escribimos:

1. *Poder en un pequeño instrumento*. No debemos subestimar el enorme impacto de nuestras palabras. Debemos escogerlas con sabiduría. _«Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad»_ Santiago 3:5-6 (RVR1960).

2. *Una fuerza para el bien o para el mal*. Así como un ma****lo puede introducir un clavo en la madera o golpear dolorosamente un dedo, la lengua puede servir y beneficiar a otros o puede transmitir críticas destructivas y lenguaje ofensivo. _«Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así»_ Santiago 3:9-10 (RVR1960).

3. *Está bajo nuestro control*. Así como un tirador no dispara un rifle sin apuntar cuidadosamente, también nosotros debemos recordar que, si no consideramos el impacto de nuestras palabras habladas o escritas, estas pueden convertirse en armas en lugar de medios para comunicar información, ideas y sentimientos. Tenemos la capacidad de decidir cuándo hablar, cuándo callar y cómo expresarnos. _«En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente»_ Proverbios 10:19 (RVR1960).

4. *Herramientas para animar y edificar*. Con tanta negatividad en nuestro mundo, hacer un esfuerzo consciente por controlar nuestras palabras y utilizarlas solo cuando beneficien positivamente a los demás puede distinguirnos favorablemente en nuestro lugar de trabajo. _«Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes»_ Efesios 4:29 (RVR1960).

*Preguntas para reflexión y discusión*
1. ¿Puedes recordar alguna ocasión en la que alguien te dijo algo —o te escribió algo, quizá en un correo electrónico o mensaje de texto— que te resultó hiriente? ¿Qué impacto tuvo en ti y en tu relación con esa persona?

2. ¿Qué hay de alguna ocasión en la que dijiste o escribiste algo a otra persona apresuradamente o con enojo, y luego te arrepentiste de haberlo dicho o expresado? ¿Cuál fue el resultado? Mirando hacia atrás, ¿cómo crees que podrías haber actuado mejor?

3. Los pasajes bíblicos citados describen el poder y el impacto que nuestras palabras pueden tener en cualquier contexto. ¿Por qué es especialmente importante recordarlo al enfrentar las demandas y presiones de una jornada laboral típica?

4. Pensando en palabras habladas o escritas que resultaron beneficiosas y útiles para quien las recibió, ¿cuándo fue una ocasión en que te sentiste especialmente animado o fortalecido por lo que alguien te dijo? ¿Cómo te afectó en ese momento y en los días posteriores?

*NOTA:*
Si tienes una Biblia y deseas leer más, considera los siguientes pasajes: Proverbios 4:24, 10:20-21, 32, 11:12, 13:3, 15:1, 23, 16:13; Mateo 5:22-24.

*Desafío para esta semana*
Esta semana podría ser un buen momento para realizar una evaluación personal. ¿Eres descuidado en el uso de tus palabras, hablando o escribiendo a veces cosas hirientes o negativas sin considerar el impacto que podrían tener?

A veces es difícil ser objetivos al evaluar nuestras propias debilidades y defectos. Pregunta a alguien de confianza, o quizá a tu grupo de rendición de cuentas o equipo de CBMC, si consideran que eres cuidadoso y reflexivo en la manera en que te comunicas con los demás. Procura estar abierto a sus sugerencias si te indican que hay espacio para mejorar.

01/06/2026

Maná del Lunes
*EL VALOR DE LA CAPACITACIÓN Y EL APRENDIZAJE CONTINUOS*
por Rick Boxx.

Cuando era un joven profesional, tuve la bendición de trabajar para empresas que valoraban la capacitación. Ya fuera en una firma de contadores públicos o en un gran banco, se me permitió participar en diversas formas de formación relacionadas con las prácticas empresariales. Ese aprendizaje era valioso y necesario, pero en ocasiones también incluía modas de negocios: tendencias populares y pasajeras dentro de las profesiones que aportaban poco valor y pronto caían en el olvido. Algunas veces, esas ideas llamativas incluso iban en contra de la sabiduría de Dios.

¿Por qué era importante esto? Porque las ideas y filosofías que orientan las prácticas empresariales pueden cambiar con los tiempos y con la tecnología. Sin embargo, las verdades y principios que el Señor presenta en las Escrituras son atemporales y no están sujetos a los vientos del cambio. Esto es especialmente cierto en cuanto a la ética, los valores y nuestras relaciones con los demás, así como con Dios.

En el Antiguo Testamento, Dios enseña por medio del profeta Oseas: _«Que los sabios entiendan estas cosas; que los que tienen discernimiento escuchen con atención; los caminos del Señor son rectos y verdaderos, y los justos viven al andar en ellos; pero en esos mismos caminos, los pecadores tropiezan y caen»_ Oseas 14:9 (NTV).

El conocimiento y la experiencia son beneficiosos, pero no son lo mismo que la sabiduría. En el Nuevo Testamento se nos instruye: _«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada»_ Santiago 1:5 (RVR1960). La «sabiduría» del mercado puede cambiar de un día para otro, pero la sabiduría eterna de Dios es inmutable y siempre confiable.

Lo mismo ocurre con la educación. A lo largo de mi carrera, he creído que la educación era importante para mi desarrollo profesional. Obtuve estudios avanzados, incluyendo mi inscripción en una escuela de posgrado especializada en banca, para desempeñar mejor mi trabajo y demostrar a los ejecutivos a quienes reportaba cuán comprometido estaba con mis responsabilidades.

Después de convertirme en seguidor de Jesucristo, busqué crecer en mi fe de la misma manera, leyendo y estudiando continuamente para ampliar mi conocimiento bíblico. Pero pronto comprendí que simplemente intentar ser más inteligente tiene sus límites. Como escribió el apóstol Santiago: _«y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado»_ Santiago 4:17 (RVR1960).

Aprender la Palabra de Dios es importante, pero no podemos detenernos en adquirir conocimiento. No se trata simplemente de acumular información. Servimos mejor a Dios cuando actuamos conforme a lo que sabemos, poniéndolo en práctica; y eso incluye esforzarnos por vivir nuestra fe cada día mientras cumplimos con nuestras responsabilidades laborales.

Tenemos la seguridad de que: _«Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra»_ 2 Timoteo 3:16-17 (RVR1960). Conocer y aplicar las verdades de las Escrituras fortalece nuestra capacidad para hacer bien nuestro trabajo y hacerlo de la manera correcta.

La capacitación práctica y la formación profesional, cualquiera que sea nuestra ocupación, pueden ser muy valiosas. Sin embargo, ser entrenados en los caminos del Señor —tal como Él los ha revelado en las Escrituras— enriquecerá nuestra carrera profesional en una medida mucho mayor. Como nos dice Efesios 2:10: _«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas»_ (RVR1960).

*Preguntas para reflexión y discusión*

1. ¿Cuándo fue la última vez que participó en un programa de capacitación relacionado con su trabajo? ¿Qué beneficios obtuvo de esa experiencia, si es que los hubo?
2. ¿Puede pensar en alguna capacitación o aprendizaje que parecía útil en su momento, pero que con el paso del tiempo dejó de ser beneficioso? ¿Significa eso que el tiempo invertido en capacitarse o estudiar fue desperdiciado? ¿Por qué sí o por qué no?
3. Si alguien le pidiera un ejemplo de cómo «los caminos del Señor» se aplican al lugar de trabajo, ¿qué respondería?
4. Pasajes como 2 Timoteo 3:16-17 y Efesios 2:10 afirman que las enseñanzas de la Biblia tienen el propósito de equiparnos para realizar buenas obras. ¿Cree usted esto? Explique su respuesta.

*NOTA:*
Si tiene una Biblia y desea leer más, considere los siguientes pasajes: Proverbios 22:29; Efesios 6:5-9; Colosenses 3:17, 23-24, 4:5-6; 1 Pedro 3:15-17.

*Desafío para esta semana*
Dedique algún tiempo esta semana a considerar maneras en las que podría mejorar sus habilidades y capacidades laborales. ¿Existe alguna capacitación adicional que pudiera serle útil?

De manera similar, considere cómo podría crecer en su comprensión de cómo aplicar las verdades y principios de la Biblia a la forma en que realiza su trabajo e interactúa con sus colegas, supervisores y clientes. Converse sobre esto con un amigo que comparta sus convicciones o con un grupo pequeño, quizás su equipo de CBMC.

*AQUÍ ESTÁ EL LINK DE LO QUE DISFRUTAMOS AYER*
29/05/2026

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Trasciende 2026 - LIDERANDO CON PROPÓSITO EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBREUn mensaje inspirador para líderes que desean avanzar con claridad,fe y propósito aun en...

¡LIDERANDO CON PROPÓSITO EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE! 🌟🔥👤 Conferencista Internacional: 🔥 Chris Simpson, presidente Inter...
27/05/2026

¡LIDERANDO CON PROPÓSITO EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE! 🌟🔥

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25/05/2026

MANÁ del Lunes, OPERANDO COMO INSTRUMENTOS ESCOGIDOS*
Chris C. Simpson.

El mundo laboral expone rápidamente el peso. Un trato se viene abajo. Un líder de confianza se marcha. Los números bajan. La junta directiva quiere respuestas ahora. Tu equipo te observa, tratando de leer tu rostro. En casa, la presión no disminuye. Las decisiones esperan. Las conversaciones permanecen pendientes. Y en medio de todo eso, un pensamiento se filtra y no se va: Esto es demasiado para mí.

Ese momento te dice algo. No solo sobre la situación, sino sobre lo que crees. Asumimos que el peso es demasiado grande y que nosotros somos demasiado débiles. Ese es el reflejo natural. Pero ¿y si eso no fuera cierto? ¿Y si el peso no estuviera mal colocado? ¿Y si hubiera sido medido?

La Escritura sigue confrontando nuestro instinto de huir de la presión. Noé llevó la carga de la obediencia cuando nadie más entendía. José soportó traición y demora antes de entrar en el liderazgo. Moisés se presentó ante Faraón con tartamudez y una vara. Daniel se mantuvo firme en un sistema hostil que quería moldearlo a su manera. Estos no fueron hombres que evitaron el peso. Fueron hombres formados por Dios.

Pablo quizá sea el ejemplo más claro. Antes perseguidor, ahora predicador. Cuando el Señor lo llamó, no habló de manera vaga. Dijo: _«Instrumento escogido me es éste»_ Hechos 9:15 (RVR1960).

No fue algo al azar. No fue accidental. Escogido. Un instrumento no se elige porque sea conveniente. Se elige porque encaja.

La mente de Pablo, su preparación, su resistencia, incluso su pasado, todo fue forjado en algo que Dios podía usar. La asignación era pesada, pero no descuidada. El instrumento coincidía con la misión.

Así es como Dios obra. Los instrumentos escogidos cargan lo que el momento requiere. A veces eso se ve como claridad cuando todos los demás están ansiosos. A veces es calma cuando la presión aumenta. A veces es compasión cuando las personas están agotadas. A veces es firmeza cuando rendirse empieza a parecer razonable. El peso revela lo que ha sido construido en ti.

Pablo conocía la presión. No en teoría. En realidad. Él escribió: _«Que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados»_ 2 Corintios 4:8 (RVR1960).

Eso es formación. La tensión era real, pero no lo dominaba. El peso no lo quebró porque Dios ya lo había estado formando para soportarlo. Lo mismo es cierto para ti.

Las lecciones que aprendiste por las malas, las disciplinas formadas cuando nadie estaba mirando, incluso las heridas que nunca habrías elegido; nada de eso se desperdicia. Dios no construye instrumentos a ciegas. Él sabe exactamente lo que será necesario, y prepara en consecuencia.

Así que, si sientes el peso, no asumas rápidamente que algo está mal. Puede ser que algo te haya sido confiado. Antes de pedir que la carga se quite, pide la fuerza para llevarla bien. Pide sabiduría. Pide resistencia. Pide claridad en medio de la
presión. Dios no llama y luego se aleja. Él capacita. Él sostiene. Él termina lo que comienza.

El peso puede ser real. Pero no es aleatorio. El mismo Dios que puso este momento delante de ti es el que te preparó para permanecer en él. No estás cargando algo arbitrario. Estás cargando algo asignado. Y a veces, la diferencia entre quebrarse y liderar es simplemente creer que lo que Dios puso sobre tus hombros no fue un error. Es un llamado.

*Preguntas de reflexión y discusión*
1. ¿Dónde estás sintiendo el mayor peso en este momento, en tu trabajo o en tu vida personal, y cómo podría Dios estar usando esta temporada para formarte como un instrumento escogido en lugar de simplemente probar tus límites?

2. ¿De qué maneras te sientes tentado a ver tus presiones actuales como obstáculos en lugar de asignaciones del Señor, y cómo cambiaría tu perspectiva si creyeras que ese peso te fue confiado?

3. Mirando hacia atrás en tu vida, ¿qué experiencias, disciplinas o incluso temporadas dolorosas ha usado Dios para prepararte para las responsabilidades que llevas hoy?

4. Pablo soportó profundas dificultades como instrumento escogido de Dios (Hechos 9:15; 2 Corintios 4:8). ¿Cómo se vería esta semana depender de la gracia fortalecedora de Dios en lugar de intentar llevar el peso solo con tus propias fuerzas?

NOTA: Si tienes una Biblia y deseas leer más, considera los siguientes pasajes: Hechos 9:15; Romanos 5:3-5; 2 Corintios 4:7–10; Filipenses 4:13; 1 Pedro 4:10–11.

*Desafío para esta semana*
Identifica en estos días un área donde el peso se sienta más fuerte y preséntala honestamente delante del Señor. En lugar de pedir primero que la carga sea quitada, pídele que te fortalezca para llevarla fielmente.

Comparte esa carga con tu equipo o con un compañero de discipulado de confianza e invítalo a apoyarte en oración y consejo. Luego entra en esa responsabilidad con firmeza, confiando en que si Dios te la confió, también te ha equipado para ella.

18/05/2026

Maná del Lunes
*NO TRABAJAMOS SOLO PARA NOSOTROS MISMOS*
Robert J. Tamasy

Cuando muchas personas van a trabajar, su motivación suele estar orientada hacia sí mismas. Necesitan ganarse la vida. Necesitan proveer para su familia. Necesitan tener suficiente dinero para sostener el estilo de vida que han elegido. Han encontrado una vocación que les apasiona: disfrutan el trabajo que hacen; les resulta gratificante; les da un sentido de afirmación y significado.

Nada de esto está mal en sí mismo. Cada una puede ser una consecuencia razonable del trabajo que hacemos. Sin embargo, incluso la persona más inteligente, talentosa y experimentada no puede lograr por sí sola todo lo que necesita hacerse. Un enfoque centrado en el “yo” hacia nuestro trabajo —y hacia la vida— puede ser desastroso.

Pienso en mi propia carrera. Cuando llegué a CBMC hace más de 40 años, di un gran paso al pasar de ser editor de un periódico comunitario a director de publicaciones, encargado de desarrollar una revista. Tenía experiencia en redacción, edición y fotografía, pero no sabía nada sobre cómo diseñar una revista. Carecía de la capacidad para crear ilustraciones para diversos artículos. Y no tenía la experiencia necesaria para producir columnas sobre temas como finanzas personales, administración del tiempo y relaciones familiares.

Afortunadamente, encontramos personas talentosas para cubrir esos roles: un diseñador gráfico, un ilustrador, expertos que aportaran columnas de calidad, además de un editor asistente y una asistente administrativa. Cada uno contribuía de acuerdo con sus dones y habilidades únicas. Cada vez que aparecía una edición de la revista, superaba nuestras expectativas. Yo concluía: “el todo era mayor que la suma de las partes”.

Lo mismo aplica para cualquier esfuerzo vocacional. Ya sea que seamos emprendedores, dueños de negocios, ejecutivos
corporativos, gerentes, representantes de ventas, profesionales como abogados, médicos, contadores públicos, ingenieros o arquitectos, o miembros del personal administrativo, no podemos trabajar solo para nosotros mismos. Nos necesitamos unos a otros para obtener el mejor resultado posible.

Uno de los mejores pasajes de la Biblia sobre esto es Eclesiastés 4:9-12, que resalta el valor de trabajar juntos. Aquí hay algunas enseñanzas de ese pasaje:

1. *Mayor productividad*. Un caballo de trabajo puede jalar cierta carga, pero si unes dos caballos de trabajo, pueden arrastrar varias veces ese mismo peso. El mismo principio se aplica al perseguir una meta o colaborar en un proyecto. _«Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo»_ Eclesiastés 4:9 (RVR1960).

2. *Mayor recuperación*. Nadie es perfecto y todos cometeremos errores o tropezaremos de vez en cuando. Siempre ayuda tener compañeros de trabajo disponibles para ayudarnos a levantarnos, sacudirnos el polvo y volver a sumergirnos en la labor que tenemos por delante. _«Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante»_ Eclesiastés 4:10 (RVR1960).

3. *Mayores recursos*. Unirnos en unidad nos permite responder mejor a los desafíos. _«También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo?»_ Eclesiastés 4:11 (RVR1960).

4. *Mayor fortaleza*. ¿Has notado que una sola hebra de hilo puede romperse fácilmente y dos hebras presentan más resistencia, pero tres hebras entrelazadas son mucho más difíciles de romper? Lo mismo ocurre cuando trabajamos juntos hacia objetivos comunes. La adversidad que podría quebrar a uno de nosotros, o incluso a dos, puede enfrentarse mejor cuando trabajamos como equipo. _«Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto»_ Eclesiastés 4:12 (RVR1960).

*Preguntas de reflexión y discusión*
1. ¿Tú o alguien que conoces llega cada día al trabajo con una intención principal: lograr todo lo posible para sí mismo (o para sí misma)? ¿Cuál ha sido el resultado de mantener ese tipo de actitud?

2. ¿Con frecuencia te has tomado el tiempo para reconocer y apreciar las contribuciones únicas de las personas con las que trabajas cada día? ¿Por qué sí o por qué no?

3. Piensa en una ocasión en la que viste claramente la prueba del dicho: “Ninguno de nosotros es tan inteligente como todos nosotros juntos”. Compáralo con un momento en que tú y otros decidieron trabajar de manera independiente, en lugar de unir ideas y recursos. ¿Cuál fue la diferencia?

4. ¿Puedes pensar en una ocasión en la que caíste o tropezaste, en sentido figurado, y te beneficiaste de que alguien viniera a ayudarte a levantarte? O quizá hubo un momento en que tú ofreciste una mano amiga a alguien más que había caído o fracasado. ¿Cómo fue esa experiencia?

*NOTA*: Si tienes una Biblia y deseas leer más, considera los siguientes pasajes: Proverbios 11:4, 15:22, 21:5, 27:17; Romanos 12:3-8; 2 Corintios 12:12-26.

*Desafío para esta semana*
En algún momento de esta semana, tómate tiempo para considerar cómo estás abordando tu trabajo. ¿Estás esforzándote simplemente por sacar de él todo lo que puedas, o te ves a ti mismo como un miembro valioso del equipo?

Si te das cuenta de que no has prestado la debida atención al valor que otros aportan a lo que se está logrando, este podría ser un buen momento para reconocer y expresar tu aprecio por lo que están haciendo.

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