13/06/2025
Juan era un hombre trabajador, pero esclavo del alcohol.
Un día, mientras jugaba descalzo en la calle, Juancito, su hijo, pisó un pedazo de vidrio roto y se cortó el pie. Sangrando y llorando, corrió a casa. Su madre, angustiada, lo curó como pudo. Cuando Juan llegó más tarde, la herida ya estaba vendada.
—Papá —dijo Juancito—, ¿me puedes comprar unos zapatitos? Me corté porque ya no tengo suela...
El padre, conmovido, le acarició el cabello.
—Sí, hijo. El viernes, cuando me paguen, iremos tú y yo a comprarlos.
Juancito sonrió con esperanza. Durante toda la semana hablaba de los zapatos. Su madre, escéptica, no quiso ilusionarse.
El viernes llegó. Juan recibió su salario, pero también la invitación de sus amigos: “¡Una copita para celebrar!”. Una copa llevó a otra, y otra... La noche lo envolvió en el bar, mientras en casa Juancito esperaba despierto, con sus pies vendados.
Esa noche no hubo zapatos. Ni promesa cumplida.
Pasaron los días. Juancito ya no pedía nada. Solo miraba sus pies en silencio.
Una tarde lluviosa, Juan volvió a recibir el pago. Esta vez, algo en su corazón le dijo que debía cumplir su palabra. Compró unos lindos zapatos blancos y salió rumbo a casa, decidido a redimirse.
Pero al llegar, la casa estaba en silencio. Su esposa lloraba.
—¿Dónde está Juancito? —preguntó alarmado.
—Salió a buscarte —dijo ella, temblando—. Estaba tan triste... no quiso escucharme.
Juan corrió por las calles empapadas. Gritaba el nombre de su hijo. Finalmente, en una esquina bajo la lluvia, lo vio: el pequeño cuerpo de Juancito, acostado en el suelo, frío, inmóvil.
Juan cayó de rodillas. Los zapatos nuevos cayeron junto a él.
—¡Hijo! ¡No! ¡Perdóname! —clamó con el alma rota.
Con el cuerpo de Juancito en brazos, Juan comprendió que había perdido lo más valioso por causa del alcohol. Aquella noche no solo perdió a su hijo, sino también su vida pasada.
Juan perdió a su hijo por no cumplir una promesa simple, pero vital. La historia nos recuerda que el tiempo con los que queremos es un regalo que no se puede posponer. No esperes a mañana para ser mejor; el amor se demuestra con hechos, no con palabras ni promesas vacías.
No olvides que tu familia es tu mayor tesoro.