15/06/2026
A cada uno de ustedes,
compañeros y amigos:
Quiero dirigirme hoy a quienes sienten que las fuerzas les flaquean, a quienes cargan con la pesadez de la incertidumbre y llegan a sentirse vulnerables. Lo primero que deben saber es que no están solos. Sentir debilidad o cansancio ante las injusticias y el día a día no nos hace menos; nos hace humanos. La vulnerabilidad jamás debe ser motivo de vergüenza.
Sin embargo, es necesario abrir los ojos frente a una realidad dolorosa: siempre existen aquellos que, oliendo esa debilidad, se presentan con piel de cordero. Utilizan la buena fe de la gente, se llenan la boca con discursos de falsa empatía y fingen una defensa que no es real. Su único objetivo es instrumentalizar la necesidad ajena para sus propios intereses y ambiciones particulares. No se dejen engañar por quienes prometen protegerlos solo para servirse de ustedes. La verdadera defensa se demuestra con coherencia y dignidad, no con manipulación.
Hoy, aunque las circunstancias me han llevado a ya no estar al frente de la primera línea junto a ustedes, mi compromiso moral con la verdad y con cada uno sigue intacto. Por eso les pido un favor enorme: si aquellos que hoy asumen el liderazgo les fallan, si ven que los traicionan o que la balanza se inclina hacia el interés propio, no se queden ahí cruzados de brazos ni agachen la cabeza.
Si el entorno se corrompe, la respuesta jamás debe ser la resignación. Recuerden siempre que es mil veces mejor retirarse con la frente en alto antes que quedarse y coludirse con lo incorrecto. La dignidad no se negocia por un puesto, por un favor ni por temor. Si las cosas no se hacen bien, den un paso al costado; mantengan limpios su nombre y su conciencia.
El camino es largo, y la integridad es lo único que nos permite seguir caminando con libertad.
Fuerza, manténganse unidos en la verdad y que nadie les robe la fe ni la dignidad.