21/09/2026
Por la protección integral de la niñez y la adolescencia para la erradicación de toda forma de violencia
Desde Paz y Esperanza expresamos nuestra profunda preocupación e indignación frente a las graves denuncias de violencia sexual contra niñas y adolescentes de los pueblos Awajún y Wampis en Amazonas y frente al reciente caso de presunta agresión sexual contra un estudiante adolescente del Liceo Naval (Lima). Estos hechos nos recuerdan que la violencia contra niños, niñas y adolescentes sigue siendo una herida abierta en nuestro país y una deuda pendiente del Estado y de toda la sociedad.
Toda forma de violencia sexual contra la niñez y la adolescencia constituye una grave vulneración de derechos humanos y exige una respuesta rápida, efectiva y transparente de las autoridades. El Estado peruano tiene la obligación de prevenir, investigar, sancionar y reparar estos hechos, garantizando la protección de las víctimas sin distinción de origen étnico, condición económica, género o lugar de residencia. La protección de la niñez y la adolescencia es un mandato de la Constitución Política del Perú y de la Convención sobre los Derechos del Niño, que reconocen el deber especial de la familia, la sociedad y el Estado de asegurar el bienestar y desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes.
Asimismo, reafirmamos la importancia de fortalecer una Educación Sexual Integral (ESI) basada en derechos, prevención de la violencia, respeto mutuo, igualdad entre mujeres y hombres, autocuidado y protección de la niñez y la adolescencia. La educación es una herramienta fundamental para prevenir el abuso sexual, identificar situaciones de riesgo y promover relaciones respetuosas y libres de violencia.
Como organización inspirada en la fe cristiana, recordamos que la Biblia otorga un valor especial a los niños, niñas y adolescentes. Jesús afirmó con firmeza sobre la gravedad de causar daño a los más pequeños (Mateo 18:6). El cuidado, la protección y la defensa de la niñez y la adolescencia no son solo una obligación legal, sino también un imperativo ético y espiritual.
Estos casos también nos obligan a reflexionar sobre las raíces profundas de la violencia en nuestro país. La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) señaló que la discriminación, el racismo, la exclusión y la indiferencia frente al sufrimiento de determinados sectores de la población constituyen factores estructurales que han alimentado diversas formas de violencia en el Perú. Cuando las víctimas son niñas y adolescentes indígenas, niños y adolescentes vulnerables o personas históricamente excluidas, el silencio y la impunidad encuentran terreno fértil.
Por ello, rechazamos toda forma de discriminación. La legislación peruana sanciona estos actos mediante el artículo 323 del Código Penal, que establece penas de hasta tres años de prisión o prestación de servicios comunitarios, y hasta cuatro años cuando existen circunstancias agravantes, como violencia o participación de funcionarios públicos.
La defensa de la niñez y la adolescencia debe ser uno de los principios fundamentales de toda sociedad democrática. Ningún interés institucional, político, económico o cultural puede estar por encima del derecho de los niños, niñas y adolescentes a vivir libres de violencia, abuso y discriminación.
Por ello, exhortamos:
1. Al Estado peruano a garantizar investigaciones diligentes, sanciones efectivas y atención integral para todas las víctimas.
2. A las instituciones educativas a fortalecer sus mecanismos de protección, prevención y denuncia.
3. A las iglesias, organizaciones sociales y familias a asumir un compromiso activo en la defensa de la niñez y la adolescencia.
4. A la sociedad en su conjunto a rechazar toda forma de violencia, discriminación e impunidad.
La protección de cada niño, cada niña y cada adolescente es una responsabilidad compartida. Una sociedad que no protege a su niñez y adolescencia compromete su presente y su futuro. Hoy más que nunca, el Perú necesita ponerse de pie para decir con claridad: ningún niño, ninguna niña, ningún adolescente deben vivir con miedo.