05/09/2026
QUERIDOS AMIGOS:
Mañana celebramos 15 años de vida institucional de la Asociación Pasitos de Esperanza, y para mí es una fecha profundamente especial.
Hace 15 años fundé esta asociación pensando, en primer lugar, en mi hija, quien tiene síndrome de Down. Como madre, muy pronto comprendí que las dificultades no estaban únicamente relacionadas con su condición, sino también con las pocas oportunidades que existían para acceder a terapias, educación y espacios adecuados para su desarrollo integral.
En Lima Norte encontré pocas alternativas y, cuando existían, muchas veces eran demasiado costosas para las familias, entonces empecé a preguntarme: ¿qué sucederá con los niños cuyas familias no pueden pagar una terapia?, ¿qué oportunidades tendrán nuestros hijos para desarrollarse, estudiar, trabajar y alcanzar una vida cada vez más independiente?
De esas preguntas nació Pasitos de Esperanza y con el paso de los años comprendí que las barreras no eran solamente económicas. Cuando mi hija llegó a la etapa escolar, encontramos también barreras institucionales y, sobre todo, actitudinales. Ella, como muchos niños con discapacidad intelectual, parecía no encajar completamente ni en el sistema regular ni en el especial, ahí aprendí algo que ha marcado profundamente estos 15 años: Muchas veces no es la persona con discapacidad la que no puede integrarse a la sociedad; es la sociedad la que todavía no ha aprendido a incluirla.
Nuestros hijos no necesitan compasión, necesitan oportunidades, necesitan terapias oportunas, educación de calidad, maestros preparados, instituciones sensibles y espacios donde puedan desarrollar sus habilidades y alcanzar progresivamente una mayor autonomía.
Esta experiencia me llevó a profundizar la temática desde mi formación profesional, llegando a confirmar que, como sociedad, todavía hay mucho por avanzar. Podemos tener normas y políticas públicas, pero mientras estas no se conviertan en oportunidades reales, la verdadera inclusión seguirá siendo una tarea pendiente.
En este camino también encontramos personas e instituciones que decidieron creer en nosotros y desde el año 2016, la Asociación Humanitaria QUETZALMA de Francia viene apoyando nuestros proyectos y acompañando nuestro trabajo y desde esta plataforma, quiero expresarles nuestro más profundo agradecimiento, decirles: gracias por confiar en Pasitos de Esperanza, por creer en nuestros proyectos y, sobre todo, por comprender que detrás de cada iniciativa existen niños, jóvenes y familias que desean construir un futuro mejor.
También quiero reconocer especialmente a las madres y familias de nuestra asociación. Ustedes saben lo que significa luchar cada día por un hijo: las terapias, las dificultades económicas, las reuniones en los colegios, los trámites y, muchas veces, la incomprensión de la sociedad, pero también conocen la alegría inmensa de celebrar cada pequeño logro, porque para nosotras como madres, un pequeño avance representa meses o años de esfuerzo.
Por eso el nombre de nuestra querida asociación tiene tanto significado, ya que Pasitos de Esperanza representa cada pequeño paso que nuestros hijos dan hacia una vida con mayores oportunidades.
Después de 15 años, nuestra tarea continúa y seguiremos trabajando por mejores terapias, por una educación verdaderamente inclusiva, por talleres ocupacionales, capacitación laboral y oportunidades que permitan que nuestros niños y jóvenes construyan su propio proyecto de vida.
Queremos una sociedad donde tener una discapacidad intelectual no determine hasta dónde una persona puede llegar, una sociedad donde nuestros hijos sean reconocidos primero por sus capacidades y no por sus limitaciones.
A todos los que han acompañado este camino, muchas gracias. A nuestras madres y familias, a nuestros colaboradores, voluntarios, amigos y benefactores y de manera muy especial, gracias a la Asociación Humanitaria QUETZALMA por estos años de confianza y solidaridad.
Celebramos 15 años, pero también renovamos nuestro compromiso y seguiremos defendiendo los derechos de nuestros hijos, buscando oportunidades, tocando puertas pasito a pasito. Porque nuestros hijos no están pidiendo privilegios sino oportunidades y derechos.
Hoy puedo decir con profunda emoción:
Pasitos de Esperanza nació por amor a mi hija, creció gracias a muchas familias y continúa porque creemos que toda persona, con o sin discapacidad, tiene derecho a construir su propio futuro.
Muchas gracias por acompañarnos y por creer en nosotros.
¡Feliz 15.º aniversario, Pasitos de Esperanza!
Y sigamos avanzando juntos, siempre, pasito a pasito, construyendo esperanza.
Muchas gracias.